Cells Cells

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Fake Blood Fake BloodCells

6.6 / 10

Últimamente me ha dado por bailar como un garrulo. Como un rulero cualquiera en el podio de algún club valenciano infecto que no pasaría ni el nivel de calidad de “Gandía Shore”. Como un cholo con la música a toda pastilla atronando desde el maletero de su coche en un parking reconvertido en parque temático del botellón… Y, como soy de esa generación llorica de los 80 que creció con el “no es mi culpa” como mantra, pues eso: que no es mi culpa. La culpa es de los padres, que las visten como gentuza de la calaña de The Bloody Beetroots (más o menos bien) o Boysnoize (mal sin “más o menos” que valga), e incluso del lumpen musical comandado por Justice y familia. Todos estos son los culpables de aniquilar la tradición de bailar tonadillas pop moviendo el flequillo: más bien te piden que lamas sus sudores lisérgicos y que pruebes a danzar como alguien salido de “High On Hope”. Es en este (no tan) nuevo trend en el que Fake Blood está intentando hacerse un hueco con su debut en largo, “Cells” (Different, 2012).

Tampoco tiene que pillarnos de nuevas: “ Mars” preparó el terreno en 2008 y, un año después, “ I Think I Like It” se convirtió en un rompepistas que lo sigues pinchando a día de hoy y el público se divide entre los que te preguntan “¿qué es esta mierda tan buena?” y los que te miran con complicidad del palo “tú y yo lo sabíamos”. Superada la fase de anonimato y misterio que parece imprescindible para que alguien te preste un mínimo de atención en la electrónica de hoy en día (al final se desveló que el tipo detrás de Fake Blood es Theo Keating, también conocido como DJ Touché en la escena electro de los 90), toca centrarse en “Cells” y en desentrañar cómo lidia con las expectativas creadas por los anteriores temas del artista y por sus mixes para luminarias como Little Boots o Miike Snow.

Tampoco es que las expectativas fueran muy altas: de Fake Blood nunca se dijo que fuera la salvación de nada porque, a estas alturas, poco queda por salvar. Pero sí que es cierto que, cuando te pones delante del álbum de alguien que ha creado un temarral como “ I Think I Like It”, es inevitable tener esperanza de que haya creado el disco de baile (garrulo) definitivo: ese que te pilla en el minuto uno y no te suelta hasta el cierre. Digámoslo ya: esto no es el disco de baile definitivo. Y es una pena, porque “Cells” se abre de forma espectacular con una dupla tremenda: “ Yes / No” consigue aunar el bajo gordísimo con una línea de piano que recuerda inevitablemente al “ Poem Without Words” de Anne Clark (ya empezamos con las referencias noventosas) y “Airbrushed” te obliga a preguntarte qué fue de Ocellot y de su revisión gamberra del legado de Justice. Les siguen otros dos temas de gran nivel, “ Phantom Power” y “ End of Days”, que traen a la cabeza otro de los proyectos paralelos de Keating: The Black Ghosts y su revisión del house en clave fantasmagórica (que no witch, ojo, porque en este caso por lo menos hay un poco de hedonismo y muchas ganas de liarla parda).

A partir del quinto tema, sin embargo, todo se va un poco a la mierda y los aciertos están mucho más difuminados. Aquí entran nuevas referencias como Louis La Roche (en el house-pop vocal y playero de “ All In The Blink”) o Round Table Knights (a veces bien ejecutados, como en esa genial “ Sideshow” con toques de funk blaxploitation, y a veces desastrosamente interpretados, como en esa “ Another World” que invoca el poltergeist pesadillesco de Yolanda Be Cool); pero lo que sigue primando es el influjo de Ocellot (“ Let It Go”, “ End of Days”), The Black Ghosts (la hectoplasmática “ London”, con ese contrabajo teatral expoliado a cualquier peli de la Hammer) y Justice. Por encima de todo, Justice. Para lo bueno y para lo malo, Justice.

Así que la cosa está clara: las cuatro primeras canciones de “ Cells” lo tienen todo para que te desparrames bailando con ellas como un garrulo straight edge… A partir de ahí, sin embargo, se impone el comportamiento rulero: lo mejor será buscar las drogas adecuadas para que lo que queda parezca mucho mejor de lo que es. Así, sí.

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