Cardinology Cardinology

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Ryan Adams & the Cardinals Ryan Adams & the CardinalsCardinology

6 / 10

Ryan Adams and the Cardinals Cardinology LOST HIGHWAY Ryan Adams lo tiene todo (pero todo) para caer mal y tener mala prensa. Es un hortera. Tiene imagen de capullo. Dicen que es violento y ególatra. Se ha acostado con varias actrices jóvenes y guapas, de esas con las que los críticos no suelen acostarse. Además, tiene un pasado. Varios pasados en realidad. Tiene un pasado garrulo como alcohólico o drogadicto. Tiene (y esto es peor) un brillante pasado como compositor y cantante de una banda célebre en el nacimiento de la americana, Whiskeytown. Además es prolífico (muy prolífico) y no suena nada moderno. De hecho a veces suena a bandas que todo el mundo detesta. Es todo esto y mucho más. Pero, lo siento, Ryan Adams no es el diablo. Es un músico, creo, honesto que a veces se pasa de listo. Pero tiene talento y eso nadie se lo puede negar (aunque a veces se lo nieguen, y de qué manera). “Cardinology” es, sorpresa, su primer disco este año. Y si nos olvidamos de que en un par de ocasiones suena a U2, no es del todo un mal disco. No es una maravilla, vale, pero tampoco es un horror total, como cierto sector de la crítica quiere hacer creer. The Cardinals, su banda de apoyo y los músicos que han contribuido a sacarlo del agujero vital en el que se encontraba, consiguen armar un repertorio en el que Adams se maneja entre el country rock clásico (ese que no suena tan cool como el nuevo folk molón) y el rock americano de toda la vida, con las pretensiones justas (hacer bonitos medios tiempos, conmovedoras baladas y, de vez en cuando, algún reprobable himno de arena rock) y resultados satisfactorios. Hay en “Cardinology” más de una hermosa canción. Está, por ejemplo, el polvoriento sonido tex mex de “Born into a Light”, que hace pensar en Calexico; están “Go Easy” o “Let Us Down Easy”, dos sentidas, emocionantes y clasicistas baladas; el tono folkie de “Evergreen” o el arrebato de rock sureño que irrumpe a mitad de “Like Yesterday”. Hay pues, algunas bonitas canciones en este disco. Las hay también no tan bonitas. Pero de esas, lo siento, no voy a hablar. No me queda espacio y, sinceramente, no creo que haga falta. Los detractores de Ryan Adams seguirán en sus trece y sus pobres y maltratados fans (entre los que, por cierto, no me encuentro) escucharán el disco y, probablemente les gustará. Y casi seguro que no se lo dirán a nadie.

Fernando Navarro

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