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El-P El-PCancer For Cure

8 / 10

El-P no sólo es un superviviente del underground, es también un punto de referencia, a mi modo de ver indiscutible, para muchos productores-estrella actuales abonados a la lisergia californiana o la lobreguez dubstep británica. Desde los tiempos de Company Flow –el tipo es uno de los pocos que todavía siguen vivos de la quema Rawkus–, pasando por su obra en la etapa Definitive Jux (label desaparecido que él mismo fundó), hasta incluso sus collages instrumentales más anecdóticos, todos sus movimientos en las últimas dos décadas se muestran al recién llegado como pinturas visionarias de un pirado que, cuando Lorn iba en tacataca, ya invocaba al Maligno con beats cósmicos, muros de sintetizadores retro, graves saturados y vena apocalíptica al límite.

“Cancer For Cure” es el culmen de una carrera de casi 20 años condenada a las sombras y en la que ha habido tantos reveses como éxitos. La evolución definitiva del sonido El-P. El capítulo más coherente después de los brutales “Fantastic Damage” (2002), el instrumental “Collecting The Kid” (2004) y “I’ll Sleep When You’re Dead” (2007). Me gustaría pensar que es el álbum que por fin le dará al neoyorquino el crédito que merece fuera de los círculos más integristas y reducidos del hip hop independiente. A Jaime Meline siempre se le ha considerado un freak paranoico encerrado a cal y canto en su mundo de proclamas conspiranoicas, ciencia-ficción y sonidos asfixiantes. Pero esfuerzos como el de esta obra ponen de manifiesto que, más allá de su revestimiento de piel caucásico, hay un lado oscuro que merece la pena explorar: el de un creador único en su especie que ha sobrevivido a las modas siendo fiel a un modus operandi minoritario en este juego del rap.

Barroquismo extremo, sobredosis de samples, guitarras distorsionadas, teclados mareantes de serie Z, horror vacui patológico: las constantes del virus El-P están aquí, pero esta vez la enfermedad entra en el organismo con mayor elegancia y refinamiento –usar refinamiento en este caso es peligroso, lo sé–. Es ahora, sobrepasada con creces la treintena, cuando su sonido alcanza un equilibrio perfecto entre letra y sangre. Es su paranoia a todos los niveles, por supuesto, pero evolucionada coherentemente hacia una versión en la que letra y armatoste musical encajan como piezas de Lego talladas en la fábrica de Lladró.

En el apartado de los beats, la conclusión es obvia para los que hayan escuchado el último álbum de Killer Mike o los que tuvieron a bien meterse en el iPod esa puta obra maestra que es “Weareallgoingtoburninhellmegamixxx3”: el tío está en forma. Mucho. Capas de sonido superpuestas, ecos interminables, golpeos metálicos aplastantes, samples densísimos, efectos de sonido que se la pondrían dura a Rob Zombie: esto es un festín. El disco empieza con “Request Denied”, banger de órdago a toda pastilla; una suite de breakbeats acelerados, aullidos, raps inyectados en sangre y guitarrazos. A partir de ahí entramos en un nave espacial en dirección irrevocable hacia el mismo núcleo del sol. “Full Retard” es una maldita masterpiece, atiborre de samples a lo Bomb Squad, disparos láser, bajos en forma de puño americano, flow inspiradísimo. “Drones Over Brooklyn” es un cruce entre el rap que se hará dentro de 10 años y el que se hacía en 1994; old school y future school en la misma lata de conservas envenenadas. “Stay Down” es como poner a Alice In Chains, Scorn y Cannibal Ox en la trituradora y meterle al botón de encendido con rabia. “$ Vic / FTL” es una balada imposible de space rock, dubstep y mescalina pura. “True Story” es hip-hop cibernético crudo como el sushi: samples de voz repetidos de forma obsesiva en clave finales de los 80s, teclados amenazadores, beats tan duros que harían llorar de miedo a Gheorghe Muresan y sintetizadores rescatados de los restos del accidente de Roswell. Y sigue. Y sigue.

Inagotable. Paranoide. Rimando mejor que nunca sobre su propia mierda. Acompañándose ocasionalmente de Mr. MuthaFuckin eXquire, Killer Mike, Despot y Danny Brow en el micro. Acaso bajando la guardia en los momentos más introspectivos – “Sign Here”– y accesibles – “For My Upstairs Neighbour”–, pero firmando finalmente una de las demostraciones de fuerza rapper más importantes de 2012. “Cancer For Cure” es la excusa de El-P para abofetear a la actual escena hip hop en la cara… con un guante de pinchos rociados en veneno, claro.

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