El Caldero El Caldero

Álbumes

Joe Crepúsculo Joe CrepúsculoEl Caldero

7.6 / 10

Después del rapapolvo que recibió por parte de los modernos talibanes cuando se alistó en el bando de la canción ligera en “Chill Out” (Discoteca Océano, 2009), y después de que diera rienda suelta a su fetichismo latino-verbenero reinterpretando sus éxitos en “Nuevo Ritmo” (Canada, 2011), Joe Crepúsculo ha decidido recuperar sus teclados de juguete para traernos a la memoria, irremediablemente, aquellos inicios suyos, cuando presentó su candidatura como trovador techno de la nueva (y más bizarra) escena underground barcelonesa. “El Caldero” (cuyo nombre le vino dado por las dotes adivinatorias del “I Ching”) funciona como collage sonoro de sus mejores armas: desde la más latinoamericana, directa y despreocupada ( “La Fuerza De La Vida”), hasta la más chatarrera y críptica ( “La Alimentación De Los Dignos”). En gran medida, resuenan ecos del imprescindible “Supercrepus” (el artista deja algunos guiños nostálgicos a aquella era, por ejemplo, retomando la melodía de “El Día De La Sardina” en “La Catedral”). Y también, como denominador común del pasado reciente, retoma la metodología de trabajo que empleaba en su debut para Producciones Doradas. Es decir, auto-producirse y prescindir de colaboradores como Sergio Pérez García (quien anda bastante ocupado con Pegasvs en estos momentos) para explotar libremente, sin ningún tipo de filtro externo, su irreverente imaginario.

Ya sea elevando a la categoría de mito postmoderno a José Luis Perales o Julio Iglesias en esas odas al desamor tituladas “Enséñame A Amar” o “Si Tú Te Vas” (donde nuestro protagonista se deja de metáforas para ir directamente al grano del asunto desde la perspectiva de la mujer), e interpretando en plan revista musical “Avena Loca” como si de la mismísima Bárbara Rey se tratara –o bien estrenándose en la lengua de Josep Pla en “Quan Tothom S’ha Marxat”, con un riff final de teclado en clave Fletwood Mac, o sacando a relucir su vena más costumbrista en la cachonda “Una Semana Con Los Polis” y en el retrato rural de “La Higuera”– Joël Iriarte desarrolla un álbum fiel a sus principios, en el que pone sobre la mesa lo que fue, es y siempre será: un artista con una personalidad sobrada de ingenio que no quiere aparentar lo que no es ni agradar a todo el público. Quienes nunca han sentido simpatías hacia su música mejor que vuelvan a abstenerse.

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