By The Throat By The Throat

Álbumes

Ben Frost Ben FrostBy The Throat

9.1 / 10

Ben Frost  By The Throat BEDROOM COMMUNITY

“By The Throat” es como una noche de insomnio alterada por un sonido extraño al final del pasillo de tu casa. Es ese estallido de sorpresa, temor y pánico que te produce una llamada telefónica a las 3 de la madrugada. Es el subidón de adrenalina y angustia que se experimenta cuando crees, sientes, que alguien te está siguiendo. Es el escalofrío, eléctrico, reconocible, que te invade cuando sorprendes a alguien vigilándote a través de la ventana. Pocos discos pueden visualizar y transmitir musicalmente la tensión y el miedo del día a día en una gran urbe con la rotundidad con la que lo logra el nuevo álbum de Ben Frost, compositor y productor australiano, establecido en Islandia desde hace algunos años, y una de las personalidades más fascinantes y adictivas de la escena electrónica experimental internacional. Como hacen otros creadores contemporáneos, el caso de Burial, sin ir más lejos, aunque desde una aproximación musical totalmente distinta, Frost busca la inspiración de su discurso en la desolación y el abatimiento en el contexto de la vida moderna, la desconexión emocional y el clima de insoportable tensión que se vive en cada momento de nuestra existencia y nuestra rutina cotidiana.

No es un atributo nuevo en su carrera. De hecho, su anterior disco, “Theory Of Machines” (Bedroom Community, 2006), segundo de su carrera, ya supuso uno de los movimientos sísmicos más relevantes en el circuito electrónico de aquel año. Era aquélla una obra dolorosa, que transmitía malas vibraciones, que te dejaba en un estado emocional y físico extraño, lo que en argot acostumbramos a denominar “mal cuerpo”. Su escucha suponía una experiencia tan compleja como memorable, y en su capacidad para integrar el noise, la neoclásica, el minimalismo o la música concreta en un trasfondo de ambient cortante, afilado y desagradable, estribaba el principal reclamo artístico y expresivo de un autor que en su debut, “Steel Wound” (Room40, 2003), mostraba más inclinación por una versión más amable y etérea del ambient. Fue en “Theory Of Machines”, desconocemos el motivo, cuando este islandés de adopción empezó a derivar hacia una apuesta más conflictiva y dañina para nuestros pabellones auditivos y consiguió dar el salto cualitativo dentro de la escena. Y ahora asistimos a un nuevo golpe de timón, que nos lleva a un plano teórico y práctico que antepone la contención, los matices y esa tensión de la que hablaba al estallido, la violencia descontrolada y la visión más física de su propia música.

Porque “By The Throat” es, sobre todo, un disco más visual y emocional. El impacto es más sensorial que físico y su poder evocador es infinitamente superior. “Killshot”, tema de apertura, por ejemplo, podría funcionar como banda sonora de una película post-apocalíptica o como acompañamiento sonoro de un documental sobre el Ártico, pero sobre todo funciona como recreación emocional de esos momentos en los que la impaciencia, la adrenalina y el estrés pueden llevarnos a un estado de máxima tensión: un atasco kilométrico, un amago de pelea en una discoteca, las bromas impertinentes de un vándalo en un vagón de metro, un encuentro sexual fortuito y atropellado en un sitio público, la incompetencia y la mala educación de un funcionario público, la discusión alterada con un compañero de trabajo… Aquí se genera esa tensión al detalle, gracias a una construcción musical que combina las ráfagas de ruido con una pulsión rítmica constante, un bajo imperturbable que sigue su camino mientras le salen al paso oleadas de noise, melodías de piano e incluso unos punteados de banjo. Es la imagen de lo que nos iremos encontrando a lo largo y ancho de “By The Throat”: la belleza en el infierno. En cada pista de este disco se repite la misma historia, un proceso muy pautado en el que Frost es capaz de sacarle partido emocional, poético e incluso melódico a una propuesta musical dura, violenta, abrasiva, incómoda e inquietante.

Los mejores ejemplos de esta dinámica los podemos escuchar en “The Carpathians”, donde nos invita a pensar en la imagen de un bosque denso, nevado y angosto de los Cárpatos, con el sonido de unos lobos aullando, que podemos tomarnos de la manera más gráfica posible o que podemos extrapolar a ese caos urbano repleto de fieras que se devoran unas a otras. Es una pieza de ambient oscuro y agónico que enlaza poco después con “Ó God Protect Me”, devastadora pieza integrada por una melodía electrónica que se acompasa con el pitido de un respirador artificial y que nos lleva directamente a la habitación de un hospital en la que alguien agoniza y se encomienda a Dios para sobrevivir. Y después, absolutamente golpeados, nos adentramos en “Híbakúsja”, primero con lo que parece ser un clavicordio, y luego, ya en plena batalla, con fugas de ruido saliendo de todas partes y con el sonido de alguien respirando ansiosamente, como si estuviera ahogándose, a modo de acompañamiento rítmico. La locura se remata, ya casi en silencio, con un chelo que rompe con los cinco minutos anteriores. Es indescriptible. La mezcla de emoción extrema, miedo, angustia y pavor que se siente al escuchar este inicio, estas cuatro primeras canciones, realmente te deja con un nudo en la garganta, sin habla, atónito y, sobre todo, fascinado con todo lo que se te ha pasado por la cabeza mientras te sometías a su influjo.

Y así, apabullado, decides entrar en el segundo tramo del recorrido. Con miedo y excitación al mismo tiempo. Una mezcla de sensaciones que se amplifica cuando pasan por delante tuyo “Peter Venkman Part I”, que arranca en clave noise, empieza a crecer con coros espectrales y chelos distorsionados y finaliza con acordes de clavicordio y golpeteos industriales, y “Peter Venkman Part II”, reverso ambiental de la anterior elaborado con instrumentos de viento y con la aspiración de erigirse en marcha fúnebre. “Leo Needs A New Pair Of Shoes”, en cambio, se basa en un triple juego de pianos, en una orquestación clásica y en los aullidos melancólicos y solitarios de una manada de lobos perdidos en los alrededores de Transilvania. Todavía quedan tres insertos para el final, de corte más minimalista y avantgarde, pero por entonces el partido ya está decidido: “By The Throat” es una de las experiencias musicales más conmovedoras, intensas y especiales que podremos vivir este año. Es la definición de un momento, de una situación y de un estado de ánimo y es el perfeccionamiento de una idea vieja pero exigente, la de encontrar sensibilidad y belleza en el caos y el horror. Y además, quizá más importante, supone la maduración plena y total de un autor en absoluto estado de gracia que ha encontrado su propio camino. No vale mirar para otro lado o hacerse el sueco: aunque te joda el día y la existencia, “By The Throat” debe ser escuchado como mínimo una vez en la vida.

Julio Pardo

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