Butter Butter

Álbumes

Hudson Mohawke Hudson MohawkeButter

8.3 / 10

Hudson Mohawke  Butter WARP / PIAS SPAIN

El problema con “Butter” –si es que ésa es la palabra idónea para referirse a sus pequeñas carencias–, no es de ideas, sino de continuidad en el flujo de las mismas. El debut en largo de Hudson Mohahwke tiene momentos torrenciales, pero el chorro es por momentos vigoroso, de caño ancho, y en otros algo más atropellado: acelera y se frena, ofrece y retiene. Si se nos permite el símil urinario, “Butter” es como una vejiga llena, demasiado llena, que cuando llega el momento de vaciarla obliga a soltar el líquido a intervalos, abriendo y cerrando la uretra por precaución, impidiendo la grácil curvatura del arco dorado. Pero lo importante, de todos modos, es que lo que tiene que salir sale, y al escocés –que se llama realmente Ross Birchard, por si a alguien le interesan estos datos propios del pasaporte– acaba soltando todo lo que lleva dentro: una polícroma sinfonía de beats de hip hop instrumental y picadito, con inclinaciones simultáneas hacia el funk –negro y reluciente– y el el wonky desviado y abstracto, uniendo en su lenguaje las enseñanzas de los tres beatmakers americanos que más han influenciado en la jovencísima escena electrónica británica actual: Prefuse 73 por la arquitectura cubista, J.Dilla por su swing futurista y Flying Lotus por haber conseguido unir ambos, más un toquecito dubstep a tiempo, en su brutal “Los Angeles” (Warp, 2008).

Otro problema de “Butter” sería ese: llegar después de la consagración de Lotus, una de las varas con las que se ha de medir el sonido wonky que parte del hip hop –y hay que hacer la apreciación, porque hay otros wonkys, los que vienen del dubstep o el rave, que exigen otro enjuiciamiento–. Pero Hudson Mohawke siempre ha sido más adepto al hip hop americano que a la IDM británica. Cuando formaba Heralds Of Change con Mike Slott, andaba husmeándole los cuartos traseos a Pete Rock, creando beats sencillos y narcóticos a los que sólo les faltaba un rapper relajado, hablando sobre el verano; y cuando se lanzó a solas, le entregó al sello Wireblock aquella trilita titulada “Ooops!” (2008), un maxi que estilizaba la técnica del mash up dejando como unos zorros, subiendo mucho el pitch, himnos urban como el tórrido “Oops (Oh My)” de Tweet. En ese momento subió la cotización de la joven escuela de Glasgow, se consolidó la Lucky Me Crew, se le lanzó al joven Mo junto a su amigo Rustie como la punta de lanza de un renacimiento del bedroom producer descarado e imaginativo, y los quince meses que separan ese chispazo de esta realidad actual no pueden obviarse. Entre medias, FlyLo fue más rápido y se calzó el laurel en la cabeza. A Hudson Mohawke se le exigía girar un poco más la tuerca.

Lo primero bueno de “Butter” es que no se parece al disco que en principio se esperaba. Dos temas en los que participa a gorgorito limpio el soulman Olivier Daysoul “Just Decided” y, sobre todo, “Joy Fantastic”, que tiene mucho que ver con los OutKast de “Speakerboxxx / The Love Below”– habrían servido para reventar cualquier apuesta: ahí, Mohawke demuestra descaro, yanquifilia y habilidad para romper el guión. Lo segundo bueno es lo antes dicho: el chaval tiene ideas, y buena técnica para pintar de flúor y tonos naranja un álbum concebido como unidad de desplazamiento: no explica una historia, sino un viaje, un proceso sonoro que arraca en un quilómetro cero y acaba 45 minutos después, desperdigando todo tipo de sensaciones por el camino. Especialista en editar y recortar sonido en la pantalla del ordenador, Hud Mo demuestra que uno de sus puntos fuertes es la atomización del beat: los mejores momentos del álbum son aquellos en los que en segmentos de poco más de un minuto – “Gluetooth”, “No One Could Ever”, “Zoo00OOm”– encaja glitches a lo Scott Herren con punzadas de voz de helio como las que sampleaba el primer Kanye West, y esto alternando cajas y platillos atropellados y alguna melodía de videojuego, como si mezclara equipo analógico –una MPC, o sea– con la edición digital con ProTools.

Lo malo, también se ha dicho, es la intensidad, la presión: Hudson Mohawke se sabe artista, y sale desde el primer minuto sobrado de autoconfianza y consciente de su talento, pero en momentos concretos no aprieta, o se conforma con soluciones algo obvias. Hay a lo largo de viaje momentos en los que no apetece mirar por la ventana, bien porque los parajes se van pareciendo muchos a otros, o porque son sitios que creemos haber visitado con anterioridad. Y habiendo escuchado sus remixes, sus sesiones, sus producciones en el proyecto Nadsroic –el que comparte con su media naranja, Ciorsdan Brown, que aquí aparece casi al final, en “Allhot”– y su 7” en el sello All City, se sabe que cuando Hud Mo aprieta los glúteos saca oro de cualquier parte. Aquí se luce ofreciendo soul urbano sin exceso de aceite – “Tell Me What You Want From Me”–, o sampleando guitarras solistas de blues-rock que antes sólo estaban permitidas a DJ Shadow – “Shower Melody”–, pero no mantiene la presión en el área contraria durante los tres cuartos de hora necesarios. Es esa falta de mordiente, de rabia, la que impide que “Butter” llegue a la genialidad. Pero un despiste, o una desidia de niño repelente que se sabe superior a usted y a un servidor, no impide reconocerle una brillantez difícil de encontrar en su generación. Compárese, por ejemplo, con los debuts este año de Paul White o Architeq: esos son buenos, pero el de Mohawke es mejor. O, cuanto menos, no está escrito en función a un guión previsible. Aplausos y voto de confianza.

Javier Blánquez

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