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Álbumes

Chromeo ChromeoBusiness Casual

7.1 / 10

Chromeo  Business Casual ATLANTIC

Este sonido electrofunk tan aparentemente cómico que Chromeo han querido defender desde hace varios años hay que tomárselo como un verdadero homenaje (y no como una simple broma) a propósito de aquellos años ochenta despreocupados en los que los vocoders y los keystars campaban a sus anchas con el fin de que la gente se lo pasara bien en los clubes –y en casa y en la calle, vía radio– y dejara a un lado los problemas. No hay mal que el baile no cure ni pena que no desahogue. La pareja canadiense se ha confirmado, de paso, como la más nerd y romántica de todo este revival eighties –además, a conciencia: no hay más que ver las excentricidades que proliferan en sus videoclips, motivo por el cual todavía hay mucha gente que no se los quiere tomar en serio–; son, en conclusión, unos cachondos mentales que, sin necesidad de embutirse en camisas con chorreras y estampados de flores, se han apropiado con sabiduría del disco-funk de bandas como Shalamar o The Whispers sin olvidarse de los parámetros más modernos del french house –Philippe Zdar, la mitad de Cassius, es quien se encuentra detrás de la producción de este trabajo–. Durante estos tres últimos años, desde que publicaran “Fancy Footwork”, Chromeo han estado retirados del mundanal ruido para poder hacer “Business Casual” sin presiones, un proceso sólo interrumpido por la mezcla de la recopilación “DJ Kicks” y la participación en el debut de Yuksek con aquel trallazo llamado “So Down”. Eso sí, nada hacía presagiar que el nuevo disco fuera una variación de su modus operandi: ellos siempre tendrá en su altar a Hall & Oates y de ahí nadie los moverá ( “Don’t Turn The Light On” no deja de ser un medio tiempo habitual en los responsables de “Maneater”).

Todo sigue su curso sin sorpresas, y quizás esto es lo único que se les puede echar en cara. Hallamos pocas novedades, pero son canciones que entretienen, nos dan motivos suficientes para seguir creyendo en ellos y vuelven a dejarnos algún que otro potencial himno para desengrasar esa clase de guateques en los que se sirven las copas al precio de un riñón (a algunos todavía nos duelen las puñaladas en el bolsillo). Ahí tenemos, por ejemplo, “Night By Night”, una mezcla disco-style de “Eye Of The Tiger” y la banda sonora de “Knightrider” ( “El Coche Fantástico”) que promueve la práctica intensa del sexo como solución a los problemas de pareja. O si no, también está “Hot Mess”, funk robótico que hace rememorar aquellos momentos en los que Prince molaba demasiado. Los siete minutos de “You Make It Rough”, por otro lado, sí que dejan entrever algo novedoso: ansias por sonar con más instrumentos, la mayoría inéditos en el sonido Chromeo. Se miran en el espejo paranoide de Talking Heads: de este modo, Dave 1 y P-Thugg tiran de extravagancia y de insinuaciones sexuales (por primera vez les escuchamos un solo de batería) con el recuerdo fijado en la etapa más kitsch de Giorgio Moroder, pero que también podría recordar a Tiga, que fue precisamente el mentor de Chromeo cuando ficharon por el sello Turbo años atrás.

“J’ai Claqué La Porte” también es canela fina, un tema que parece sacado de los descartes del “Sexuality” de Sébastien Tellier, irresistible en su brillante sencillez y que, junto con “The Right Type” –tema que, de no haber sido por su solo de guitarra tan “Xanadu”, pudiera haber funcionado perfectamente como bonus track del “Head First” de Goldfrapp–, consigue que este “Business Casual” remonte el vuelo en sus últimos minutos. No puede decirse lo mismo de “When The Night Falls”, canción en la que la hermana pobre de la familia Knowles, Solange intenta hacer de Whitney Houston (antes de que a Whitney Houston le pasara todo lo malo, claro) sin acabar de convencer (la chica tiene un hándicap: ser hermana de Beyoncé es un impedimento bastante grande como para encontrar fans que se la tomen en serio, aunque siempre quedarán guilty pleasures como “I Decided. Pt.2”). Dicho esto, el tercer trabajo de estudio de Chromeo cumple con lo que es, un producto revival de superficie hedonista. Es monótono y se repite más que un plato de patatas bravas con alioli y por eso la nota es la que es, pero quienes disfrutaran como perras con “She’s In Control” y todavía saliven al recordar aquellas melodías trasnochadas deben tener algo claro: este disco les dejará contentos.

Sergio del Amo

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