Bubblegum Bubblegum

Álbumes

Clinic ClinicBubblegum

6.6 / 10

Clinic Bubblegum DOMINO

Durante una década entera, Clinic se han ido afirmando como uno de esos secretos que prefieres no contar a nadie, un grupo que nunca sale en las conversaciones, como si su obra y milagros nos fueran completamente ajenas. No por vergüenza, ni mucho menos, sino porque es mejor que así sea. Eso sí, desde que se publicara “Internal Wrangler”, aquel debut que era la visceralidad lo-fi hecha músic, la capacidad de la banda para sorprender ha caído drásticamente. Aquel veloz popurrí con el que se dieron a conocer en 2000, caótico en su forma, sentó las bases del futuro para Clinic junto con “Walking With Thee”. Desde entonces, y a pesar del hándicap de basar toda su imagen en las mascarillas quirúrgicas que les tapan la cara y les dan pinta de carniceros del bisturí –incluso se adelantaron a la moda de llevarlas por la calle antes de que se expandiera la psicosis por la gripe A–, los de Liverpool han conseguido admirable: consolidar su propio sonido inspirándose en un sinfín de referentes que van desde Can y el krautrock a la Velvet Undergorund y el garage sixties aunque, eso sí, adornada con la desgana vocal de Ade Blackburn –probablemente, el eslabon más débil de la banda teniendo en cuenta que el modelo Thom Yorke hace ya tiempo que traspasó todas las barreras posibles entre lo mainstream y lo alternativo–.

“Bubblegum” ni sienta cátedra ni pretende hacerlo. No es un paso adelante ni un retroceso en su carrera, sino más bien un sigiloso movimiento lateral que explora, como ya hicieran a partir de “Visitations”, la psicodelia de los sesenta aunque en este caso en clave psych-folk –por ejemplo, “Linda” prefiere quitarle protagonismo a la melodía para instalarse en un terreno más atmosférico–. Ese lado más tranquilo, moderado e incluso accesible que han ido desgranando a lo largo de su discografía puede observarse de nuevo en “I’m Aware”, en donde los coros, esa guitarra acústica que lleva las riendas y los leves acompañamientos de cuerda que suenan a lo lejos nos invitan a volver a oír a Stereolab. En el mismo campo de tiro podría situarse el tema que da título al disco, en el que la banda suena más luminosa que de costumbre y aparca momentáneamente ese calculado malrollismo boutade de sus inicios con un órgano eléctrico que apesta a nostalgia de la instrumentación vintage. No sabemos si el hecho de contar nuevamente con un productor, en este caso John Congleton, ha influenciado de algún modo en el resultado del nuevo asalto de Clinic.

Esa paz que transmiten algunos tramos del disco, como era de esperar, dura poco. “Lion Tamer” vuelve a caer en la reverberación vocal, en las guitarras sucias e incendiarias, en la oscuridad oxidada de piezas conocidas como “The Return Of Evil Bill” y “Walking With Thee”, del mismo modo en que ocurre con la excelente “Evelyn” o el cierre, “Orangutan”. Sin embargo, éste es el mayor problema del asunto. Se han quedado estancados en su disconformidad y todo hace apuntar a que han agotado sus trucos a pesar de seguir firmando canciones notables. Si a esto le sumamos una segunda mitad del minutaje que no conseguirá quedarse fijada en la memoria –podría decirse que suenan menos Clinic de lo habitual– y en la que cualquiera se ve obligado a reclamar una subida de los decibelios y mayores dosis de guarrería sonora –algo de lo que pecan la folkie “Another Way Of Giving”, la instrumental “Un Astronauta En Cielo” y “Freemason Waltz”–, “Bubblegum” nos deja consecuentemente un regusto agridulce en su conjunto. En ocasiones, cuando uno empieza a tomarse las cosas más en serio que de costumbre, la acaba cagando.

Sergio del Amo

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