Brothers Fowl Brothers Fowl

Álbumes

Dam Mantle Dam MantleBrothers Fowl

7.3 / 10

Porciones de sueños enlatadas digitalmente en cápsulas de nostalgia: frase cazada al azar después de inocularme “Brothers Fowl” por la noche e incluso irme a dormir con él todavía en el organismo. Dam Mantle ha conseguido crear electrónica epidérmica para buzos del insomnio. Su primer LP es un amnios de sonoridades gaseosas donde uno se siente protegido y abastecido. ¿Para qué salir a la calle? ¿Por qué aguantar las mismas caras, los mismos gestos? Es este un álbum que te reconcilia contigo mismo y te aísla con eficacia de distracciones exteriores. Un álbum anacoreta, sin duda, para tumbarte en tu cama, fumar hierba a ritmo pausado y cerrar los ojos mientras la reciente bronca de tu novia posesiva o la última humillación gratuita de tu jefe se diluyen entre las notas de IDM, jazz, pop de cámara, house gatuno, música clásica y ambient crepuscular que escupen los surcos.

Tom Marshallsay ha demostrado antes de su gran bautismo – “No Waves” era una compilación de EPs– una clara tendencia a nutrirse de distintas sensibilidades electrónicas para crear mundos propios. La colección de aperitivos previa a la obra que nos ocupa – “Grey”, “Purple Arrow”, “We”– así lo atestigua. Y lo que le diferencia de muchos colegas de generación abonados a estos sonidos de última generación es que el escocés opta por ubicar estilos electrónicos de vanguardia en delicadas pinturas instrumentales llenas de free jazz brumoso y cuerdas orquestales. Le va la introspección positiva, ensoñadora. Incluso la lagrimita en algún momento, aunque nunca fácil. Los acordes house de “Liting” se tornan profundos, letárgicos, se fusionan con una marea atmosférica de jazz, sintetizadores y voces feéricas. En “RGB” el drum’n’bass, combinado con una suite hipnagógica de violines cavernosos, se torna una caricia digital repleta de sensaciones: suave, nerviosa, cinematográfica, ensoñadora.

Es como si la campiña escocesa hubiera empapado con sus lloviznas constantes el modus operandi de este atípico beatmaker. Hay en sus notas una clara intención de evocar paisajes húmedos y neblinosos, cielos encapotados, cargados de una belleza casi amenazante que te encoge los adentros, olas enfurecidas rompiendo contra la piedra. La música electrónica de Marshallsay es una postal futurista de la Escocia más atávica, fantasmagórica, mágica. Lo apreciamos en las notas invernales de deep house en slow motion de “Blueberry”; en el jazz submarino y aterciopelado de “Ish”; en el bass minimalista, serpenteante, y en el IDM cubista de “Brothers Fowl”; en el downtempo alienígena de la dos partes de “Canterbury”, magnifico doble corte que huele como los acantilados de la isla de Skye; e incluso en el free jazz steampunk de “Spirit”, magnífica forma de cerrar uno de los tracklists más evocadores que murciélagos, románticos y melancólicos disfrutarán en este último trimestre. Cuidado sensibleros: peligro muy serio de empañamiento de gafas de pasta.

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