Broken Broken

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Soulsavers SoulsaversBroken

8.8 / 10

Soulsavers  Broken V2 / NUEVOS MEDIOS

De la virtud, religión. Eso han debido pensar Soulsavers. Y, vale, también lo han pensado muchos líderes de sectas norteamericanas en los últimos 50 años, pero eso es otra historia (que, aunque no lo creas, algo tiene que ver con esta reseña). Como toda religión, aquí hay una cronología. Partamos de la primera anunciación: “Tough Guys Don't Dance” (San Quentin, 2003) pasó desapercibido como tantas otras apariciones de falsos mesías. Haciendo ejercicio de sinceridad, no cuesta adivinar por qué: su electrónica cinemática a lo Craig Armstrong era disfrutable, pero carecía de la personalidad con la que todo nuevo profeta ha de meterse en el bolsillo a las masas. Después, el retiro en busca de la iluminación. O algo así hay que deducir de los casi cinco años que pasaron hasta el segundo álbum de Soulsavers, ese “It's Not How Far You Fall, It's The Way You Land” (V2, 2007) que cayó en la escena musical con el peso granítico de las tablas de los Diez Mandamientos. Había allá un cambio de rumbo que, sin perder el gusto por la electrónica de postal (sucia), empezaba a dirigir sus cánticos hacia el gospel y el blues del Delta. Pero también se notaba un sobreesfuerzo más propio de secta norteamericana del nuevo advenimiento que de religión hecha y derecha.

Por fin, y a base de esfuerzo natural y sublime virtud, “Broken” (V2 / Nuevos Medios, 2009) suena a religión. A una religión grave y algo atormentada que celebra sus oficios vertiendo abundante whisky añejo sobre la garganta de los fieles. A un culto en el que la voz divina se expresa a través de megalómanos coros gospel y, sobre todo, en boca de un mesías: Mark Lanegan. Porque puede que, en un principio, Soulsavers fueran Rich Machin e Ian Glover; pero, a estas alturas, y con el ex-Screaming Trees faltando sólo en el debut de la banda, hay que admitir que Lanegan es la tercera pata de este gato diabólico en el que la cuarta pezuña es un miembro mutante y cambiante. Y es que “Broken” está repleto de colaboraciones estelares que se suceden una detrás de otra: Jason Pierce ( Spiritualized) en “Pharaoh's Chariot”, Biggy Haynes ( Butthole Surfers) en “Death Bells”, Mike Patton (Faith No More) en “Unbalanced Pieces”... Lo más cercano a un cuarto miembro de Soulsavers en este álbum es la presencia de Red Ghost, una nueva artista australiana que, a base de enviar maquetas a Machin, consiguió que su nombre apareciera parejo al de Lanegan e incluso en solitario en dos cortes. Basta escuchar cómo se trenzan las voces de ambos en “Rolling Sky” para entender el protagonismo de la aussie en el álbum: su voz remite a las ajadas divas del trip-hop y añade un plus de lubricidad al fatalismo de Lanegan.

El disco se abre con “The Seventh Proof”, un instrumental de piano vaporoso que acompaña a los fieles mientras acceden a la misa en esta catedral de sonido espacioso que es “Broken”. Una vez en sus sitios, caen las máscaras y el profeta salta al púlpito como si su alma estuviera en llamas: la voz aguardientosa de Lanegan se prende fuego en el segundo corte, “Death Bells”, y ya no se apaga en el resto del álbum. Sus primeras palabras son proféticas y avisan de lo que está por venir: “Death bells are ringing Lord, ringing in my head”. A partir de aquí, hay canciones para todos los momentos de cualquier ceremonia religiosa. La propia “Death Bells” y “Rolling Sky” atruenan en la cúpula de la nave central mientras el bourbon se escancia desde el altar en una celebración de rock sureño y delta blues. El recogimiento espiritual tras los excesos se realiza en diminutos confesionarios en los que resuena el eco culpable y taciturno de “Cant't Catch The Train”, “Praying Ground” o “You Will Miss Me When I Burn” (magnífica versión de Will Oldham). El sexo se abraza como undécimo mandamiento a través de brumas electrónicas y electrificadas como las de “Pharaoh's Chariot” o “Rolling Sky”. Y, sobre todo, la salvación desciende entre el público de la mano de Mark Lanegan en las excepcionales “Some Misunderstanding” (original de Gene Clark) y el faro guía que ilumina el resto del metraje: la excepcional “Unbalanced Pieces”. En ambas, los epifánicos coros gospel agarran sus piernas alrededor de la cintura de un mazacote de guitarras cerdistas y electrónica haraposa que hacen pensar que la redención es posible a golpe de pelvis.

Tras el esfuerzo de “It's Not How Far You Fall, It's The Way You Land”, este “Broken” suena mucho más sincero y, por lo tanto, más efectivo a la hora de doblegar a la parroquia bajo su propuesta religiosa, con las rodillas hincadas en el barro de ese pantano sureño del que nace su blues-rock sucio y apocalíptico. No necesitas carnet ni cuota de socio: a estas alturas, Soulsavers ha dejado de ser una secta. Ahora, como en las mejores religiones, “Broken” se practica de forma libre. Que es la mejor forma de ser fiel.

Raül De Tena

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