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8 / 10

Girls Broken Dreams Club TRUE PANTHER- MATADOR

Christopher Owens quiere ser Roy Orbison. O Chris Isaak. Se ha anudado la corbata, se ha comprado un par de (relucientes) zapatos nuevos y ha salido a la calle dispuesto a convertirse en un crooner amante de los desvíos atmosféricos (el corte que cierra este emocionante y fabuloso mediolargo, “Carolina”, es una de esas canciones en las que zambullirse y olvidarse del mundo, durante sus casi ocho minutos). Tras firmar un deslumbrante debut ( “Album”) en 2009 (que les valió comparaciones con sus adorados The Beach Boys, pero también con Elvis Costello y hasta Buddy Holly), y girar sin descanso durante todo este año, Owens y Chet ‘JR’ White (núcleo duro de la banda) y los demás (Ryan William Lynch, Garett Godard y Matthew Kallman) decidieron encerrarse unos días en San Francisco a grabar este mini álbum (llamado EP, sí, aunque dure más que algunos discos, alrededor de los treinta minutos) que Owens ha dedicado a todos los fans de la banda. Porque sin ellos, nada existiría.

Y bien, ¿a qué suena “Broken Dreams Club”? Pues a la cara oculta (hasta el momento) de Girls. A un sendero inexplorado en su álbum de debut (el de la elegante canción de amor desesperada: “Heartbreaker” o cómo convertir la adrenalina de los primeros disparos de la banda en líquida madurez sonora), que bebe, y mucho, de los 50, en concreto, de los fabulosos Everly Brothers, pero también del gran Roy Orbison y hasta del country noir de tupé y americana de terciopelo azul (piensen en Jace Everett, el tipo ama a los vampiros de “True Blood”, y, por supuesto, en Chris Isaak). Así, Owens, que se supera en lo que a escritor se refiere (sus letras no son relatos, pero lo parecen), le pide a su chica que le hable de cómo consiguió que le rompieran el corazón y de todas las veces que lloró en su cuarto, a solas, o en clase (en el maravilloso arranque: “Thee Oh So Protective One”). Y lo hace con las maneras de The Last Shadow Puppets pero sin su presunción, sin su nervio, construyendo cada tema (a base de trompetas, guitarra española y espléndidos riffs alt-rockeros) como se construye un edificio de apartamentos en una empinada calle de su San Francisco natal. Owens le canta a la soledad (oh, sí, bastante duro es estar solo, se dice en “Broken Dreams Club”, cinco deliciosos minutos de balada triste sin trompeta) y a todo lo que perdemos ( “¿Quién quiere algo real cuando no puedes tener nada?”, se dice, en el mejor corte del álbum, “Substance”, suspiros, una voz de chica, y una vez más, espíritu Orbison, al menos, en el arranque). Las hay, como la caleidoscópica “Alright” (atentos a su corto pero intenso solo de guitarra) que podrían hacer palidecer todos los intentos de Jeff Tweedy por sonar relativamente cool. Y apoteósicas, como la neblinosa “Carolina”, ocho minutos de crepitante muro sonoro y una promesa: “Voy a sacarte de aquí, te llevaré a casa, a California, y nunca te dejaré” (do-woop incluido). En definitiva, Owens y los suyos han dado un paso de gigante. Un gigante crooner.

Laura Fernández

Girls - Heartbreaker

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