Broken Bells Broken Bells

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7 / 10

Broken Bells  Broken Bells SONY

La premisa en este disco, tanto para los propios creadores como para el futurible oyente, es la misma: ¿qué clase de música puede salir de James Mercer y Brian Burton juntos? Nadie se puede aventurar a dar alguna pista, ni siquiera ellos mismos. De esta manera fue concebido “Broken Bells”; en secreto, sin premisas, sin prejuicios y, lo más importante –sobre todo para Mercer–, sin presiones. El líder de The Shins confesó verse agobiado por el éxito cosechado con su banda fruto de “Wincing The Night Away” (Sub Pop, 2007). Ser la banda del mítico sello que más alto ha llegado en el Billboard es un estandarte duro de portar. Necesitado de un cambio de aires creativo, de un reseteo de disco duro mental y conociendo el gusto por los retos de su amigo Danger Mouse –sólo hay que repasar su discografía–, Mercer se encuentra de repente como miembro de un nuevo proyecto: Broken Bells.

Lo de trabajar en secreto, sin expectativas estilísticas, ha resultado un arma de doble filo para el vocalista americano. Como él mismo confesaba en una entrevista a NME, la nueva rutina creativa y de grabación (quedar con Burton en su estudio, sacar melodías de su cabeza, probar unas baterías y unos teclados, grabar…) le provocaba cierto nerviosismo. Nunca había hecho algo parecido y eso le incomodaba. Sin embargo, su compañero de viaje confiesa habérselo pasado teta haciendo este trabajo. Divertirse haciendo música, admite Danger Mouse, es la razón de su existencia en el negocio. Luego escuchas el disco y lo que se adivina de estos dos artistas no tiene mucho que ver con estas declaraciones vía Youtube. La presión que ha empujado a Mercer a este proyecto no ha desaparecido, sino que se ha convertido en una restrictiva sensación de incomodidad. Y el disfrute del productor, que hace las veces de músico a los teclados y las baterías, se advierte a ratos en forma de clímax musical.

Y llegó el día de enseñar la patita y poner en circulación el primer material. La elección fue “ High Road”, que abre el disco. Para Burton y Mercer, esta es la canción que mejor representa el sonido de Broken Bells. Que no os engañe ese principio de psicodelia risueña a los teclados, porque “High Road” es una oda al confort del conformismo y a la comodidad de la tristeza a manos –voz, guitarra y coros– de James Mercer. Esta sensación, tan propia del indie-rock (y se me ocurren mil nombres equidistantes, desde Wilco hasta Manic Street Preachers), la encontraremos a lo largo del disco, pues es uno de los muebles que se ha traído Mercer desde The Shins. Y sólo la encontraremos cuando Burton no despliegue su toque funk y soul tan característico y su manera de arreglar tan cinematográfica. “ Vaporize” nos deja la sensación que el primer tema: melancolía confortable en la voz de Mercer, en la cadencia y en el ritmo; los arreglos corales y de violines sacan la vena cinematográfica de Danger Mouse a relucir; tanto es así, que hasta puede parecer una alternativa a la banda sonora de “Las Vírgenes Suicidas” que firmaron AIR.

El resto del disco camina entre las dos veredas de sus artífices: la tristona indie de Mercer (con “ Citizen”, por ejemplo) y la funkadelia elegante de Burton, más audible en “ The Ghost Inside”, un tema con influencia Gorillaz hasta en la pose del vocalista de The Shins. Pero la fórmula resulta algo insípida, sin nervio, deleble. La cosa no acaba de cuajar hasta llegar a “ October”. El punteo de guitarra del principio te sitúa en una especie de western moderno, hasta que la sección de cuerda y viento entera te advierten de que algo interesante está por venir. Efectivamente, una oscura e inquietante línea de bajo y batería (a lo Joy Division) acompaña a un James Mercer que, por primera vez en el disco, parece encontrar su lugar en este nuevo sonido. No sólo cómodo, sino seguro y con presencia. En “ Mongrel Heart” se repite el fenómeno, aunque en otros términos. La rítmica triste del pop a lo Budapest y el toque british que adopta Mercer la convierten en una canción con personalidad. Los coros, las baterías y los sintes demuestran que Burton tomó nota del savoir faire europeo cuando estuvo en Londres.

The Mall And Misery” es el único atisbo de la vena más flow de Danger Mouse, se nota que ha costado encajar la voz y la letra, pero el resultado tiene cierto aire esquizofrénico de cine negro que consigue cerrar el disco con dignidad. Pero no consigue borrar esas ganas que te quedan de ser condescendientes en los juicios de valor. Condescendientes porque, en algún momento, cualquiera de estos dos artistas ha despertado entusiasmo o admiración y, por ello, merecen un respeto. Sin embargo, la trascendencia de la obra de Broken Bells todavía está lejos de la de las obras de Mercer y Burton por separado. Que apuntaban maneras era obvio, pero nadie había caído en que podía fallarles el rodaje.

Mónica Franco

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