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Hyetal HyetalBroadcast

8.1 / 10

Hyetal  Broadcast BLACK ACRE

Si tuviéramos que hacer asociaciones rápidas de conceptos, José Mourinho sería Lord Voldemort (o Gargamel), Ibiza un gramo de MDMA y el dusbtep una radiografía de los intestinos de Londres revelada en un sótano lleno de porros. Es éste un género dado a corporeizar en sus partituras la diástole contaminante de la gran ciudad, un sonido suburbial que se ha visto dominado por la contundencia de los graves y su futurismo de callejón oscuro. Quizás por eso, en las ensaladas de tópicos siempre va bien encontrar algún ingrediente disonante que le dé una nueva dimensión a la receta. Hyetal lo ha hecho, ha hundido su laptop en la arcilla post-dubstep más cósmica, dándole a esta música una profundidad emocional de Kleenex, bote de helado y colirio. El experimento es tremendo.

Gracias a David Corney, Bristol vuelve a escribirse con B de bass. Pero la caligrafía es distinta. Hay bass y en grandes cantidades, claro, aunque flota en una nebulosa de dubstep lacrimógeno cuya prioridad es generar estados de ánimo, no satisfacer exclusivamente las apetencias del cerebro reptiliano clubber. “Broadcast” tiene un inconfundible toque de electrónica synth de los 80 y de giallo camuflado. Las baterías a lo Depeche Mode primigenios y los sintetizadores vangelianos –¡ ”The Chase” es puro “Blade Runner”!– copan protagonismo en las mejores piezas: viajes por el tiempo de ida y vuelta, en loop eterno, remodelando el pasado para cambiar el futuro, es decir, nuestro presente.

“Beach Scene” es un ejemplo diáfano: la melodía sabe a space nostalgia sin adulterar y encoge los adentros del oyente que da gusto; las estructuras rítmicas se nutren de claps con eco, hay sintetizadores de lagrimilla alienígena, se respira una épica sentimental arrolladora, se reconocen trazas de IDM old school. Es una balada futurista, bailable y preciosa que encierra en su perfección las constantes de un productor capaz de tener a sus fieles toda la santa noche fumando con lágrimas en los ojos. Si la sinfonía de ambient, bass, garage, synth-pop y electro onírico que nos ofrece en “Phoenix” no te retuerce las entrañas, ya puedes eliminarlo del iPod. Si no te atrapa “Searchlight”, con su revival John Carpenter, samples de voz y guiños a Chicago desde un platillo volante, no sigas leyendo esta crítica. Si no te convence el dub/bass/house acuoso de “Boneyard”, sería mejor que buscases consuelo en otros parajes.

Perdón por el comentario clasista, pero lo cierto es que Hyetal no está hecho para todos los paladares. Eso sí, aunque la senda es tortuosa, resulta imposible no ensimismarse con su sonido. Requiere varias pasadas, pero a la tercera o cuarta escucha la arquitectura cosmológica de “Broadcast” consigue pegarse a tu alma como una sanguijuela. Especialmente cuando se acompaña de voces femeninas, un recurso aplicado en su justa medida que le confiera a cortes como “Black, Black, Black” o “Diamond Islands” un plus melódico irresistible y, por supuesto, una capacidad de absorción emocional asombrosa. El debut de Hyetal suena distinto, se esconde en el reino de los quarks y los electrones, una tierra todavía prohibida incluso para los eternautas más intrépidos. Las leyes de la física no tienen razón de ser en el mundo del genio bristoliano, un lugar hecho de emoción pura donde las moscas vuelan bajo y las farolas parpadean perezosamente. Estoy atrapado.

Óscar Broc

Hyetal - Beach Scene

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