Britney Jean Britney Jean

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Britney Spears Britney SpearsBritney Jean

6.6 / 10

Ocho álbumes después, a Britney ya no se le puede discutir el papel preponderante que ha tenido –y sigue teniendo– en la cultura pop. No un papel de simple pertenencia al star system, sino algo que va mucho más allá, en una mezcla de influencia, afecto y también odio, de generar división de opiniones sinceras y a veces saludables. Y de reconocerle más fondo del que se cree. De entre los productos pop de su generación que compitieron por la cima de la industria, está por encima de una Christina Aguilera a la que pronto olvidaremos y por debajo de su ex Justin Timberlake, reconvertido en magnate, crooner y macho alfa con una astucia ejemplar. Pero sobre todo Britney está en la mente de mucha gente creativa: que la intención de Harmony Korine al rodar “Spring Breakers”, como explica James Franco en los extras del DVD, fuera como la mezcla de un vídeo de Britney con una película de Gaspar Noé explica mucho de esa influencia invisible más allá de las canciones. Además, están los discos, sobre todo los de la última época: “Blackout” y “Femme Fatale” han sido de los mejores trabajos mainstream editados en los últimos diez años, colecciones de himnos con sesgo futurista que han dejado huella más allá de los charts. Habría que ser muy cerrado de mente para no admitirlo.

Sin embargo, venir de “Femme Fatale” era un hándicap antes de iniciar “Britney Jean”, titulado así por ser la manera afectuosa con la que mucha gente se dirige a ella y por ser, así se ha dicho, su álbum “más personal”, como un mapa de su estado de ánimo y una actualización de su biografía tempestuosa, y ahora estabilizada. Parecía como si el estado de gracia de su equipo de producción se hubiera agotado en aquel tour de force de baile y diversión desprejuiciada: la duda estaba entre repetir la fórmula de “Femme Fatale” con una segunda parte que no iba a ser buena, o intentar otra variante. Por eso “Britney Jean” padece de lo mismo que “Circus” tras venir precedido por aquel “Blackout” enajenado: falta de valor, conservadurismo, a pesar de los intentos de situarse en la órbita de la escena EDM. Cobardía relativa, porque por cada canción menor, que no entraría en las listas de Billboard ni con toda la mercadotecnia creativa del mundo, hay un banger de club bien resuelto. Cuando se supo que will.I.am iba a ser el productor principal del álbum saltaron las alarmas: o podría ser una serie infinita de copias de “Big Fat Bass”, o podría ser algo mucho peor. Al final, ni una cosa ni la otra, pero todo a la vez: “Tik Tik Boom” sí copia la fórmula de himno cachondo de club para post-adolescentes que se desbragan a ritmo de dubstep, y donde no hay medios tiempos como “Alien” al menos hay crossovers house en los que meten sus manos Sebastian Ingrosso ( “Work Bitch”), Nicky Romero ( “It Should Be Easy”), David Guetta ( “Body Ache”) o Diplo ( “Passenger”). Mucho dinero invertido para que Britney vuelva a ser la reina del baile que sólo sirve para alcanzar un pírrico segundo puesto.

El problema de “Britney Jean” es que como disco de pop no tiene canciones del todo memorables (aunque sí entretenidas, fluye fácil y se acaba rápido), y como crossover EDM tampoco es explosivo, aunque al menos no provoca vergüenza ajena –que bien pudiera haber ocurrido–. En “Body Ache” hay drops domesticados, crescendos llamativos pero sin pegada, pero lo más seguro es que sea buena carne de remix. Lo mismo ocurre con “Til It’s Gone”, con el clásico efecto de bajos estroboscópicos para discotecas chonis, que aquí suena como un aspirante a himno dance al que le falta un pellizco de inspiración. Y aunque el single “Perfume” es tan sólido como pretende, el tramo final del disco –el de las baladas y los medios tiempos, “Don’t Cry”, “Chillin’ With You” y “Passenger”– se desinfla en la versión standard, y es sólo un bache en la deluxe, que se completa con tres canciones ( “Brightest Morning Star”, “Hold On Tight” y “Now That I Found You”) que hubieran merecido un destino más privilegiado.

La sensación que queda es extraña. Se edita en temporada baja, sin apenas promoción ni calentamiento previo, como un trámite. Y no es un mal disco: sólo ocurre que ni molesta ni ofende más allá de sus momentos de euforia bien trabajada, como esa “Work Bitch” bakala. “Britney Jean” se mantiene precisamente en esa zona en la que nada parece destacar por encima del resto, pero para ella no basta con no hundirse, sino que se espera de Britney y los millones invertidos en el LP un clásico azucarado que sumar a “Everytime” o un pelotazo como “I Wanna Go”. Nada de eso hay, pero, extrañamente, también tiene los números para ganarse el cariño del sector de fans no irónico, como si consumir Britney Spears se hubiera vuelto algo respetable. Aún hay prejuicios por pulir, pero algo de eso es verdad.

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