Bring Me The Head Of Kyle Bobby Dunn Bring Me The Head Of Kyle Bobby Dunn

Álbumes

Kyle Bobby Dunn Kyle Bobby DunnBring Me The Head Of Kyle Bobby Dunn

7.2 / 10

Kyle Bobby Dunn es la viva explicación de que incluso en la escena drone existe la clase media. Aunque pueda parecer que los artistas dedicados a extender una nota hasta el infinito y a urdir densas madejas de capas ambientales viven todos en una especie de clandestinidad, no es lo mismo ser Tim Hecker o Stars Of The Lid que cualquier otra persona que, con capacidades similares –ojo: capacidades, no talento– se ocupe de hacer música similar. Los compartimentos de la experimentación también tienen sus ricos y sus pobres –aunque haya una especie de criba democrática que les convierte a todos en pobres en comparación con la estrella del pop de turno–, y entre los pobres que merecerían ser ricos encontramos a este compositor canadiense de 26 años, activo desde los 14, que poco a poco se va abriendo camino en un territorio más competido de lo que parece.

Pese a su juventud, el de Alberta lleva editados ya un montón de discos –primero fue “Applications For Guitar” (2006), un intento muy tierno por sonar como Fennesz u Oren Ambarchi–, y no fue hasta “A Young Person’s Guide To Kyle Bobby Dunn” (2010), que ampliaba el minutaje de “Fervency” (2009) hasta completar dos discos, y dos horas, suspendidos en el cielo, que su nombre empezó a llamar la atención como uno de los dronistas más prometedores de su generación, no muy lejos de esa excelencia neoclásica de Stars Of The Lid, aunque en su caso más cerca del ambient suspendido en el limbo por el cual veneramos a Loscil (y al primer Brian Eno). Desde entonces, Dunn ha ido prosiguiendo su escalada, continuando con “Ways Of Meaning” (Desire Path Recordings, 2011), sólo en vinilo pero muy cerca de la estética de dolor, recuerdos y sonido desplazado de la lógica que caracteriza a Leyland Kirby, y ahora con otro esfuerzo titánico, otro doble CD que se desborda como los ríos tras una lluvia intensísima y que reúne sus últimas 15 variaciones sobre la idea del tiempo detenido y el placer inagotable.

Los pros de Kyle Bobby Dunn quedan expuestos en una primera escucha. Como buen alumno de la escuela minimalista que es –se confiesa admirador de LaMonte Young–, no tiene miedo en repetir un patrón hasta agotarlo, buscando la hipnosis, incentivando que el oyente se quede perdido en su música como si fuera un alma encerrada en un espacio blanco, infinito y sin paredes. Tampoco busca el efecto fuerte o rápido que consiste en someterle a uno a un shock de intensidad, como a veces parece querer Tim Hecker, sino que va haciendo con calma, sabiendo que tiene todo el tiempo del mundo –quizá sea su juventud la que le lleve a despreciar los cambios rápidos, consciente de que tiene aún mucha vida por delante y todavía puede malgastar una parte–, y así piezas como “La Chanson De Beurrage” –más de 14 minutos ya de entrada, tras la breve intro de “Canticle Of Votier’s Flats”– te abstraen, te acunan y te hunden en un río de olvido. Así hasta el final del segundo disco, sin solución de continuidad, atravesando corrientes épicas como las de “Douglas Glen Theme” (12 minutos), “The Hungover” (12 más), etc. Los contras también se resumen de manera muy fácil: a veces puede pecar de monotemático y azucarado, y su idea de disco de drone es muy lineal: si no se es capaz de entrar en su propuesta de hipnosis, todo lo que haga Kyle Bobby Dunn puede sonar tedioso, y el material de “Bring Me The Head Of Kyle Bobby Dunn” es voluntariamente menos arriesgado (aunque igualmente emotivo) que el de “Ways Of Meaning”. Quizá en el desarrollo de un lenguaje original sea un paso atrás, pero en la consolidación de un lenguaje propio, que es esa ola de abandono, olvido y nirvana, ciertamente es un movimiento firme. Si te quieres perder, nada mejor que hacerlo en su sonido-nube.

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