Brighter Brighter

Álbumes

WhoMadeWho WhoMadeWhoBrighter

6.9 / 10

El anterior lanzamiento de WhoMadeWho, el mini-álbum “Knee Deep”, era una especie de nuevo comienzo para el trío danés. Habiéndose labrado una buena reputación con sus himnos festivos y animados, derivados de la música disco, para el sello alemán de punk-funk Gomma, al final decidieron fichar por la meca del minimal techno, Kompakt. Y pese a que su música permanecía similar en su superficie, se empezaron a formar oscuras nubes encima de sus ya habituales beats de house y esas líneas de bajo insistentes. La pieza clave de aquel disco era un single afligido y abatido, “Every Minute Alone”, que sonaba un poco como hacen Interpol, esos mercaderes neoyorquinos de la melancolía, si estuviesen hechos de cristal. Para explicitarlo más claramente, el videoclip consistía en su totalidad en hombres con los ojos vidriosos mientras el líder, Jeppe Kjellberg, cantaba morosamente en medio de una terapia de grupo.

Por supuesto, todo esto es irónico. En un momento del vídeo se puede ver un cartel publicitario con una portada falsa de la revista Time en la que se lee el siguiente titular, “Los daneses son las personas más felices del mundo”, mientras un hombre solloza en primer plano. Es un sátira sobre cómo una serie de encuestas han proclamado, de hecho, a los residentes de Dinamarca como los más felices del planeta –la junta danesa de turismo ha adoptado esta idea como un eslogan publicitario–. Quizá por eso, pese a que “Knee Deep” mostraba el lado más pesimista de WhoMadeWho, la banda no ha podido abandonar por completo su lado alegre. Esencialmente, han seguido siendo un grupo para fiestas, incluso cuando esas fiestas entran en esa fase en que hay parejas borrachas que empiezan a discutir y alguien rompe una ventana.

Con todo, como dice el dicho, cuando más oscuro es, más brillan las estrellas. El nuevo álbum de la banda, “Brighter”, nos lleva de vuelta a plena luz del día y, pese a que los horrores de la última noche aún no se han olvidado, el humor está inicialmente más en consonancia con los discos de la banda que fueron en Gomma. El single “Inside World” abre el álbum, y se diría que es la cosa más pop que han hecho jamás –tiene una letra alegres que dice “I love your feet, that's the love that I'm at” e “It's not a problem, it's not a problem”, cantadas suavemente por encima de una base de la que Pet Shop Boys estarían orgullosos.

Efectivamente, hay un rollo 80s en todo el álbum. “The Sun” no desentonaría en un álbum de Duran Duran, mientras que el cierre épico con “Below The Cherry Moon” demuestra que pueden llevar a Cut Copy, famosos por saquear impunemente aquella década, a su propio terreno. Y encima ganar. Llega un punto en el que cuando Kjellberg canta repetidamente “and I run, and I run, and I run...” en el estribillo de “Running Man”, empiezas a escuchar el coro “Run away, run away, run away” de “Smalltown Boy” de Bronski Beat.

Dicho esto, “Running Man” es, en realidad, una de las canciones más pegadizas del álbum. Pese a que empieza con lo que suena –de manera preocupante– como las cuerdas de apertura de una balada épica, pronto se transforma en una especie de monstruo-apisonadora, como la pisada de un corredor de maratón martilleando las calles de una ciudad por la noche. Especialmente bonita es la breve sección instrumental que utiliza no sólo unos trinos de piano extravagantes, sino también emplea un sutil toque de cencerro. Si se puede tocar el cencerro con sutileza, es que tienes una mano hábil.

Esta habilidad se puede escuchar particularmente en pistas como “The Divorce” y “Skinny Dipping”: ambas podrían encajar perfectamente en el fantástico álbum del año pasado de Metronomy, “The English Riviera”, gracias a la no menos increíble pericia de Tomas Hoffding al bajo, cuyo imparable punteo siempre queda cuidadosamente acunado en la mezcla. Pese a estos puntos altos, aún echas en falta una pista como “Every Minute Alone” para despedazar las cosas y provocar algún llanto antes de acostarte. La banda parece haberse desmarcado de ese tipo de canciones explícitamente emocionales, y es una pena. Han perfeccionado su repertorio de synth-pop alborotador y, pese a que la música aquí está a la altura, e incluso sobrepasa a la de sus dos primeros álbumes, no ofrece nada que no hayamos escuchado antes.

Al aproximarse a los cuarenta, quizá la banda se está haciendo demasiado mayor como para aprender nuevos trucos. O quizá su felicidad inherente –tan danesa– les prohíba ponerse melancólicos. Sería malvado por mi parte desearle infelicidad a un grupo que suena tan bien cuando están contentos, pero te preguntas cuánto mejor podrían sonar si se encontrasen de nuevo sumergidos en la soledad.

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