Bridge Carols Bridge Carols

Álbumes

Laura Gibson & Ethan Rose Laura Gibson & Ethan RoseBridge Carols

8.6 / 10

Laura Gibson & Ethan Rose  Bridge Carols HOLOCENE MUSIC

Laura Gibson y Ethan Rose se han unido como el océano al horizonte en éste “Bridge Carols”. Y hacen que uno crea en aquellas paradojas donde un misil imparable chocaba contra un muro irrompible: el folk puro de granja y paja con el ambient que parió una puesta de Sol pueden coexistir, mezclarse y hasta fundirse en una amalgama sonora cuyas consecuencias anímicas en el oyente varían desde la melancolía a la soledad y la sensación de volar y planear dos metros por encima de la mesita de noche. Obviamente, aquí hay alguien que sale ganando y otro que se queda en la sombra (aunque alargada), como en muchos otros emparejamientos estilísticos. Mi apuesta va para Ethan Rose, quien sigue maniobrando con sus cachivaches como ha hecho siempre, sólo que ahora ya tiene la voz perfecta que le da un sabor extra a humanidad a su música, la de Laura, una especie de voz interior, o conciencia cósmica, que realmente parece fijada con superglue al trabajo del sound artist.

El hilo conductor –y escasamente narrativo– de Laura Gibson en este álbum no deja de ser, además de sorprendente, uno de aquellos que prometen. Como decíamos, estilísticamente sus guitarras y arreglos típicamente old school salen perdiendo para un mayor protagonismo del mundo etéreo y orgánico de Ethan Rose, pero es que pocas veces seremos testigos de una conjunción folk-ambient con tan buena química. No solamente por lo que podemos escuchar en éste “Bridge Carols”, sino porque, además, los procedimientos de estos “naturalistas” parecen ideados por mocosos de nueve años que se pasean con la bici por los prados y estudian el comportamiento de las hormigas y los ríos de barro que se forman bajo la lluvia: él utiliza instrumentos acústicos tradicionales e incluso históricos; ella escribe las letras en retazos de papel en condiciones meteorológicas insospechadas y las separa, las desordena y las recupera del olvido o les cambia la rima.

Una vez aclarado que no encontraremos aquí ecos de Norfolk & Western (grupo en el que Gibson ha colaborado), Adam Selzer, de M Ward, o Jolie Holland, por poner pocos ejemplos, y todos ellos similares al estilo cantautora con chaqueta tejana que luce tan bien Gibson, y todos ellos, también hay que añadir, con Portland (Oregón) como vértice geográfico, la primera pieza con la que nos encontramos, “Introduction”, ya nos pone en situación con unos coros lejanos y teclas huérfanas en plan antiestrés y prediseñada para urbanitas acomplejados. Y el resto va por los mismos derroteros. La voz de Gibson, como un Mister Potato o un mejunje en varias capas a lo Photoshop en “Leaving, Believing”, es como la nueva distracción electroestática de Rose. En general, se aprecian loops desnudos y sinvergüenzas de tonada infantil, como en “Glocken”, que podrían compilarse en un best of Baby Einstein, más los tintineos sonoros de las cuerdas de nylon guitarreras de la Gibson, como tónica estética y placer mundano reducido a la mínima expresión musical.

Y lo cierto es que les sale de coña. Salvo experimentos aparte ( “O Frailty”), la voz siempre cercana de Gibson (sobretodo en “Younger”) nos acompañará en la pequeña burbuja de felicidad que parece que le cuelga del interior de sus pulmones como si fuese un móvil con figuritas metálicas de las que provocan siesta. Es el caso de “Sun”, o “Boreas Borealis”, que le dan la razón a Rose cuando se refiere a que su música es “orgánica”, puesto que llegamos a escuchar incluso jadeos y el latido de un corazón. Esta música in utero de sábanas electrónicas y suaves trompeteos (cortesía de Cory Gray, a quien encontraremos también en Norfolk & Western además de en otras bandas como The Graves o Desert City Soundtrack), monólogos de violín (cortesía de Peter Broderick, otro más de Norfolk & Western además de Horse Feathers) y voces de auricular en llamadas de larga distancia ( “Old Waters”) hay que escucharla con los cascos puestos y apretados y al amparo de una luz tenue y una oscuridad exterior. O poco antes de dormir, si quieren, aunque, eso sí, que sea siempre en posición fetal.

Jordi Guinart

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