Breathless Breathless

Álbumes

Mushy MushyBreathless

7.8 / 10

Valentina Fanigliulo, la mujer detrás de Mushy, lleva prácticamente una década publicando discos en la escena underground italiana. En un principio enclavada en la experimentación industrial y el espectro drone, en los últimos tiempos su sonido se ha venido escorando hacia los reinos del cold-wave y el minimal synth, lo que HA acabado desembocando en su más que lógica alianza con el sello romano Mannequin. Una unión que el pasado año ya nos trajo el embriagante “Faded Heart”, en el que la frialdad de los preceptos synth-wave se fundía con la candorosa vaporosidad del shoegaze. En “Breathless”, el disco que nos ocupa, Mushy sigue esa misma dirección pero afilando su instinto pop y pulimentando los acabados. El resultado no es sÓlo su mejor trabajo hasta la fecha sino también uno de los álbumes más bellos y conmovedores que se han escuchado este año.

Sobre el papel el synth-wave y el shoegaze son entes contrapuestos. Uno es la rigidez en las formas y la asepsia emocional mientras que el otro es la voluptuosidad y la exaltación de la melancolía. Encontrar el punto de equilibrio, pues, no se antoja una tarea fácil. Mushy, sin embargo, lo consigue con sorprendente naturalidad. Gran parte del éxito radica, seguramente, en su celestial tono vocal. De textura cristalina, su voz está, sin embargo, lejos de la candidez. Es más bien el lamento de ángel triste, una mezcla de luz y tinieblas que capitaliza la melancolía espectral que marca el tono del disco. El otro gran baluarte del disco es una producción en la que la parquedad de las cajas de ritmo analógicas contrasta con las abigarradas construcciones a base de capas de sintetizadores de textura glacial y en la que los baños de delay y una generosa pero siempre justa dosis de reverb actúa como empaste para solidificar la mezcla. Estas luchas de fuerzas acaban dando con un sonido que evoca a algo tan poco probable como que en Oppenheimer Analysis cantara Rachel Goswell y hubiesen editado en 4AD.

“Breathless” es una experiencia inmersiva y de propiedades oníricas. Desde que suenan las granulosas primeras notas y emerge el bombo de pulso cardíaco de “To Be Lost” nos sumergimos en una plácida duermevela que se mantiene a lo largo de los diez cortes del disco. Un caudal de éxtasis sostenido en el que no se buscan los grandes fogonazos cegadores, sino pequeñas llamaradas en forma de detalles que matizan las sensaciones en distintas direcciones. Es el caso, por ejemplo, de las líneas de bajo de aroma cósmico que propulsan tracks como “Dreams” o “Let Me Go”, este último sin duda el momento que más se acerca a la idea de cold-wave canónico de todo el disco. Una de las cumbres es “My Life So Far”, en la que colabora Rudy Tambala de los siempre infravalorados A.R. Kane y que suena como si los maestros del italo-noir Rago & Farina hicieran una remezcla en clave screwed de una banda de dream-pop. Los momentos más nocturnos y sumergidos llegan con cortes como “Night Dress” o “Rocks and Bones”, en las que Fanigliulo muestra su faceta más introspectiva sobre tempos letárgicos y atmósferas en que las tinieblas ganan algo de terreno a la luz blanquecina que ilumina el disco. Pero aún en estos instantes más oscurantistas, su majestuosa voz acaba alzándose como el reducto de redención necesario para salir a flote de entre las tormentas (y tormentos) que acechan los mundos en los que habita su música. “Black Forest”, otra de las cimas del disco, es el perfecto ejemplo de ello.

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