Boy Meets World Boy Meets World

Álbumes

Fashawn FashawnBoy Meets World

8.8 / 10

Fashawn  Boy Meets WorldONE RECORDS

Tenemos que remontarnos a “Illmatic”, de Nas, para encontrar el disco de hip hop que ha relatado con mayor genio y talento lírico, y emoción más sincera, las vicisitudes personales, artísticas y afectivas de un chaval, apenas veinte años, en lucha constante consigo mismo y sus circunstancias: la vida difícil en un gueto, los obstáculos del entorno (drogas, pobreza, cultura de la violencia, desarraigo), la maduración por la vía rápida de los golpes y la superación, la ansiedad de triunfo y las ganas irremediables de salir del temido loop existencial al que se enfrenta un pimpollo de un barrio deprimido de los Estados Unidos vistos desde los ojos de un imberbe. Claro que han surgido MCs jóvenes después de la publicación de esa obra maestra, 1994, recordemos, pero no hemos sido capaces de dar con un rapper que describiera con tanto criterio, contención y rigor personal y emocional ese trance, que pudiera sonar maduro, realista y melancólico a una edad en la que sólo se sabe escribir y hablar de fajos de billetes, fiestas en clubs, chicas, coches o partidos de baloncesto.

Por el camino nos hemos cruzado con muchos artistas imponentes, de universos y temáticas muy diversas, desde los buscavidas con talento sobrenatural (Biggie o Jay-Z) a los hijos directos de la clase media intelectual ( Talib Kweli o Mos Def), pero seguimos sin encontrar a ese nuevo gato que a tan corta edad sea capaz de presentarse ante el mundo con una propuesta lírica de una altura creativa y emocional parecida a la de aquel Nas que deslumbró y fascinó con su puesta de largo. Y como somos conscientes de la dificultad que este hallazgo entraña, es conveniente bajar el listón y salir a buscar a aquellos rappers con hambre que en esa misma franja generacional sean capaces de aportar otras miradas y otras ideas al mapa hip hop de nuestros días. “Boy Meets World”, cuyo título ya nos indica de qué va la historia –de un chaval que descubre el mundo y proyecta sus sueños y anhelos sobre una realidad no siempre agradable–, bien podría ser uno de los discos que encajarían en este pelotón, una obra de iniciación, escrita a corazón abierto, en la que asistimos al bautismo artístico y también a la declaración de intenciones de madurez de Fashawn, MC californiano que contabiliza veinte otoños y que ya ha puesto en señal de alerta a buena parte de los aficionados al rap.

Casi todo en este debut resulta ejemplar y admirable. En primer lugar, el talante y la personalidad de su protagonista. En “Boy Meets World” Fashawn escribe sobre su realidad, que puede ser tan o más dura que la de cualquier relato gangsta, y le quita toda connotación dramática, elimina cualquier rastro de épica y fábula callejera. A lo largo de este viaje iniciático presenciamos el estreno de un rapper que describe la pobreza, el fracaso escolar y educacional, su primer traspié sentimental, una vida de trabajos miserables y una pasión ineludible. “Boy Meets World” es un triunfo arrollador del tono, la sutileza, el lenguaje claro y directo y la capacidad evocadora, manual impecable sobre el tránsito de la post-adolescencia a la vida adulta con el hip hop como hilo conductor y como contexto vital. Al margen de su manera de decir las cosas y de las cosas que dice, Fashawn se reivindica como un brillantísimo contador de historias y, sobre todo, como uno de los rappers actuales que mejor sabe expresar su propio universo y que más sensibilidad demuestra a la hora de visualizar sus ideas.

En “Stars”, por ejemplo, sabe cómo enfocar el relamido tema del estrellato desde una óptica personal, introspectiva y poética: “ A lot of disappointments, a lot of promises / A lot of niggas fell off, they lack confidence / They had a dream but didn't know how to conquer it / It's not your accomplishments, it's what's inside of us / A star is a star and it shines regardless of the money and the fame, it's what's in your heart”. Y en “Life As A Shorty”, otra exhibición de lírica crepuscular, rememora su primera experiencia sexual y amorosa con melancolía y emoción, muy lejos de lo que sería un retrato común de esas características en un MC de su edad: “ Check it out, hard to forget all the time I would spend / With my first fuck, even had me dodgin' my friends / Wore my heart on my sleeve at the age of fifteen / She would tell me that she loved me, it was all just pretend / She cheated on me, so it quickly came to an end / She put the blame on him, got played, I'll admit that / Hangin' with my friends, never called her again / Five years later, heard she had a kid, damn”. O el mensaje de optimismo que proyecta en la misma canción cuando efectúa un acto de memory lane que se inscribe en la mejor tradición de narradores callejeros de las dos últimas décadas. No hay glorificación absurda de la violencia, ni idealización demodé del gueto, ni mucho menos un relato fantasioso, exagerado, totalmente desconectado de la realidad. Pero tampoco hay prédica progre o cháchara conscious. Ni rastro de los tics más habituales del género, tanto por un lado como por el otro. Estos versos son una auténtica gozada: “I guess time flies when you're havin' fun / So enjoy life, you only get one / I love my childhood, despite the gunfire / I was quite happy growin' up in the slums / It wasn't too bad, havin' a few dads / The only thing I disliked was not havin' cash / What I'd give for a couple of bucks / Man, life as a shorty shouldn't be so rough”.

Sirvan esos tres ejemplos para presentar en sociedad el portento creativo de Fashawn, a día de hoy el MC revelación de este año. Cada canción esconde alguna estrofa memorable, alguna selección de rimas precisas y redondas, alguna historia que cualquier chico de barrio podría hacerse suya. Pero es que además de su aportación existe un segundo factor decisivo para encumbrar este disco al olimpo de los debuts recientes. Se trata de la producción de Exile, viejo conocido ya de los headz adictos al underground rap, sobre todo gracias a su proyecto Emanon compartido con Aloe Blacc, que firmó su pasaporte para la eternidad hace dos años con una obra maestra del hip hop contemporáneo, el inolvidable “Below The Heavens”, disco ya descatalogado e inencontrable que grabó a medias con el rapper Blu, y que ayudó a situarle en la nueva oleada de beatmakers con gusto, criterio y ambición soulful. En “Boy Meets World” consigue dar un paso de gigante en el marco de su propio discurso, sobre todo porque introduce una estética y una mentalidad más melódica y accesible a un trasfondo de irrenunciable filiación boom bap. Tiene el poso indie de toda la vida, pero también suena fresco, comercial (en el buen sentido), variado, original y emocionante.

David Broc

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