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Cloud Boat Cloud BoatBook Of Hours

6 / 10

La música de Cloud Boat es paradójica. Está bien trabajada, con mucho cuidado por los matices y los espacios entre sonidos, busca un estado de melancolía profundo y sus pretensiones nunca son disparatadas, se mueven siempre a escala humana. Es uno de esos muchos discos que se publican últimamente que intentan conciliar lo orgánico con lo electrónico, que tienen un caparazón de texturas de apariencia artificial, pero un corazón palpitante y caliente por dentro. Pero en vez de hablar bien de sí misma y de quienes la han hecho –Cloud Boat son Tom Clarke y Sam Richards–, de lo que hacen es mejorar el trabajo de quienes parecen su inspiración más evidente, Jamie Woon hasta cierto punto, y sobre todo James Blake. En efecto, “Book Of Hours” sigue casi al pie de la letra el libro de estilo de estos dos trovadores del soul hipermoderno, dejando que por las rendijas que separan los acordes de guitarra y los beats musgosos se cuelen espectros de dubstep en forma de voces agudas reducidas a un hilo finísimo, como las de Burial, y eso que en principio es un encaje adecuado en una de las corrientes más sólidas de la música presente, para el dúo se convierte en una losa: por muy bien hecha que esté, sigue sonando a música de otros, prestada, y no a música propia de ellos.

Estos males de Cloud Boat no son de ahora, vienen de lejos. Los primeros EPs publicados en R&S Records ya padecían esa dependencia por el lenguaje de Blake, quizá con una deuda más grande por el folk que por el soul (como se aprecia en “Drean”), y este álbum no resuelve el entuerto, básicamente porque en el primer tramo recupera por completo su material anterior editado en formato single. Si no se les conocía de nada el desencanto no se produce de manera tan inmediata, y es posible encontrar ese rescoldo que mantiene vivas canciones como “Lions In The Beach”, “Bastion” o “Wanderlust”, pero si se habían escuchado aquellos 10” es imposible no sucumbir a la sensación de déjà vu y perder de vista en una primera escucha el material nuevo incluido por Cloud Boat, que por un lado es heredero de la inercia James Blake ( “You Find Me”), pero que en otros momentos se desprende de esas limitaciones y se escapa libre por amplitudes ambientales de un delicado espesor como las de “Amber Road”. En el tramo final del álbum, el comprendido entre “Pink Grin” (en dos partes) y “Kowloon Bridge”, apenas hay voces, sólo un susurro que cierra el viaje, y el trabajo de Cloud Boat se concentra en explorar las afinidades entre el post-dubstep acuoso y los sonidos de guitarra, que a veces son rasgueos folk y por momentos distorsiones improvisadas que aportan una breve dimensión agreste. De todo esto se desprende que hay margen para crecer, evolucionar y diferenciarse. Por ahora, mal que nos pese, la apuesta de R&S Records para su reactivada división downtempo le debe tanto a James Blake –que, por cierto, grabó dos EPs en el mismo sello–, busca tanto reproducir su éxito, que acaba por sonar a disco de tributo, y no a obra original de creación.

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