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Bon Iver Bon Iver

Álbumes

Bon Iver Bon IverBon Iver

9 / 10

Bon Iver  Bon Iver 4AD

Cuenta Justin Vernon que un buen día se dio cuenta de que ya no sabía escribir canciones. No como las había escrito hasta entonces, es decir, con su guitarra acústica y los parámetros más convencionales que dieron vida a “For Emma, Forever Ago” (4AD, 2008). Tras el bloqueo mental y el reset absoluto, hubo un cambio de directrices y renovación sonora para reencontrar el camino que acabaron deviniendo aspectos clave, por tanto, en la definición de este regreso. El remate a esta revolución, claro, han sido las experiencias del cantautor junto a Kanye West o Gayngs en una serie de proyectos ubicados en las antípodas del suyo, tanto musical como creativamente, que han acabado teniendo incidencia en el desarrollo de este retorno. Leyenda o no, verdad convertida en mito o simple argucia promocional, lo cierto es que “Bon Iver, Bon Iver” transmite en todo momento la sensación de búsqueda y reformulación creativa que se deriva de cambiar por completo tu proceso compositivo, tanto en la estructura de las canciones y el empleo y aprovechamiento de los instrumentos como en la manipulación de los registros vocales y la apariencia de las melodías y recursos.

Si su debut es un disco de eminentes raíces folk, entroncado en la tradición de Neil Young y demás iconos del género, “Bon Iver, Bon Iver” es un álbum de banda que ya no tiene tan claras sus coordenadas estilísticas, básicamente porque presenta una absorbente amplitud de miras que se resiste a la clasificación. Con la ayuda de un grupo en el que encontramos a personalidades como el saxofonista Colin Stetson o el guitarrista Greg Leisz, Vernon echa mano de influencias del pop y del soft-rock de los 80, amplifica su paleta de recursos expresivos (instrumentos de viento, coros, algún arreglo electrónico, algún solo de guitarra, omnipresencia de teclados, producción cargada, intensidad percusiva, paisajes ambient), se desmarca con una secuenciación portentosa –todas las piezas vienen enlazadas, sin pausa ni cambios de tercio, todo ensamblado y empalmado con criterio y visión unitaria– y da un giro a sus canciones sencillamente irresistible. Cuando la opción cómoda, asequible, segura, pasaba por acogerse a los esquemas ya bien asimilados de su ópera prima y persistir en una fórmula condenada al triunfo por inercia, el cantautor de Wisconsin ha optado por el camino contrario, un sendero repleto de trampas y peligros, mucho más arriesgado, en algunos momentos incluso polémico – “Beth/Rest” no dejará indiferente, órdago de mucho cuidado–, que nos lleva a dos grandes conclusiones: hay mucha vida más allá de “For Emma, Forever Ago” y Justin Vernon no es un cantautor al uso.

Los redobles militares y las guitarras enfurecidas de “Perth”, tema de apertura, son el mejor aviso posible para despistados: Bon Iver tiene algo nuevo que ofrecer al mundo. “Minnesota, WI” apela sin cortapisas al Peter Gabriel de finales de los 70, mientras “Holocene”, uno de los grandes momentos del viaje, reconduce la versión más reconocible de su propuesta hacia territorios de mayor intensidad expresiva. Superado el ecuador tras las magníficas “Towers” y “Michicant” es cuando nos sorprende el vendaval. “Hinnom, TX”, de perfil muy flaminglipsiano, da paso a “Wash.”, para quien esto firma la mejor instantánea del álbum, magistral medio tiempo a piano, y a “Calgary”, probablemente la canción que puede simbolizar y representar con más fiabilidad la reorientación sonora del grupo. Y de ahí a la sorpresa final: “Beth/Rest”, balada ochentera con sintetizador, beat electrónico y solo de guitarra que en un primer momento siembra el desconcierto y la confusión, pero que a medida que se suceden las escuchas acaba convirtiéndose en un extraño placer culpable –con todo, sigue sonando a Phil Collins o a Paul Young–, se diría que calculado y meditado broche de oro para un disco con el que nadie contaba y del que ya es absolutamente imposible separarse.

David Broc

Calgary

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