Body Body

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Darling Farah Darling FarahBody

7.5 / 10

Cuidado, será necesario comprar unos buenos guantes para coger este CD sin que los dedos se partan como Grisines ante la acción del nitrógeno. Música de baile forjada en el abrazo inmisericorde del frío espacial: eso es lo que nos depara el desbordante debut de uno de los productores que más cejas ha levantado en los últimos meses. Aunque se crió en Dubai, Darling Farah siempre ha llevado los anticuerpos de Detroit en la sangre. No en balde nació en la Motor City, respiró su pútrido aire al llenar por primera vez sus pulmones, su piel se impregnó de las cenizas electrónicas vertidas en la atmósfera por Juan Atkins y otros pirómanos del 4x4. Pero donde los mentores ponían alma, el discípulo echa hielo; a cubos. Y construye, con una maestría impropia de un veinteañero, un castillo de techno de silueta gótica y pasillos congelados que, además, consigue alcanzar una hondura muy escasa en estos páramos electrónicos.

Tiene un don para dejar su sello. Hay gente que no necesita aprender para tener estilo. Lo llevan en los genes. Y los de Darling Farah están fabricados para insuflar creatividad a una escena que muchos se apresuran siempre a tachar de inmovilista. Recuperando lo mejor del Necronomicón escrito por las hordas de Chain Reaction, el tipo se adentra en la oscuridad con lo puesto, manejando las atmósferas árticas, los graves de ultratumba y el armamento dub con una soltura letal. Lo que hace en “Bruised”, por ejemplo, es una auténtica canallada; cómo coger el bass, rebañar el pan en la brea post-dubstep, y sacar de ahí un concepto mutante y deforme que te hace preguntar qué coño ha sido eso que acabas de escuchar. Para mear y no echar gota.

Así es cómo se fabrica el mejor techno, con el alma bajo cero. Después de foguearse en formatos menores, Farah da el salto de calidad en un LP debut que tiene el filo de un bisturí bruñido en Atlantis. Las atmósferas neblinosas, el minimalismo espartano y el tam-tam implacable de “Curse” hielan la sangre. El dub abisal –con chapapote espectral de la escuela Mika Vainio– de “Fortune” te hace sentir solo y miserable. El fascinante universo 4x4 de Farah se resume en el techno telúrico, druídico y manipulado a temperatura de cero absoluto de “Body”. En los glitches microscópicos, los ecos de cementerio y las polirritmias desnudas de “North”. En los bombos-muelle, el ruido blanco y los subgraves luciferinos de “Realised”. Un discazo para recuperar la fe.

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