Blurry Blue Mountain Blurry Blue Mountain

Álbumes

Giant Sand Giant SandBlurry Blue Mountain

6.6 / 10

Giant Sand Blurry Blue MountainFIRE RECORDS

La carrera de Howe Gelb, ahí donde le ven, como labrada por una tortuguita que ha ido avanzando pasito a pasito, es sencillamente impresionante por lo prolífica. Además de la burrada de trabajos como Giant Sand, ha representado a Arizona Amp and Alternator, The Band of Blacky Ranchette y el proyecto con Lisa Germano e integrantes de Calexico y ex de Giant Sand OP8, además de haber declinado la oferta de un abogado de oficio y salir a la palestra tal cual en sus acometidas individuales, arriesgadas por y para el placer de sus incondicionales. Le hemos visto firmar discos de flamenco-americana como “Alegrías” (2010) y acompañado por Raimundo Amador, o experimentos al piano quizá emulando a Thelonius Monk como su díptico “Lull Some Piano” y “Ogle Some Piano” (2001 y 2004, respectivamente), de portadas tan feas que parecían arrancadas de un cassette antiguo y descolorido. También le hemos visto caer arrastrado durante largo tiempo por la marea de artistas del country y americana más genéricos y poco a poco, con paciencia de tortuguita, que decíamos, se está ganando el lugar que se merece. Incluso se ha permitido el lujo de reeditar en formato de lujo con CD y vinilo aquel debut del 1985 (algunos de sus nuevos fans no habrían nacido por aquel entonces) “Valley Of Rain”, y los de Fire Records parece que quieren remasterizar y reeditar como 30 de sus obras (y ya se sabe, añadir bonus track y toda la parafernalia, quién les culpa), así que como mínimo lo de éste “Blurry Blue Mountain” (con portada reminiscente del debut del 85) tiene que ser una cuestión sentimental, de semi-homenaje ganado a base de trabajar y perseverar, y probablemente, sin que esto parezca negativo, un más de lo mismo.

Podemos afirmar que “Blurry Blue Mountain” se encuentra en la mitad de la tabla si hablamos de calidad compositiva. Hay un poco de todo pero no sobresale nada, aunque da la sensación de que el conjunto de canciones vayan a explotar de un momento a otro y mutar en un gran tema o dos. Decidir si en este álbum hay himnos intemporales será cuestión, pues, de gustos y de estéticas particulares de fans de la banda. Respecto al género, sin embargo, no defrauda: tenemos una mezcla más variada que el menú de elBulli. Americana autocomplaciente que se gusta a sí misma y tiene muy poca brillantina en los arreglos ( “Fields Of Green”), un injerto para cumplir la cuota de country de locales amplios y populistas ( “Ride The Rail”, donde Gelb se viste de Corb Lund y habla de los Molly Maguires), y dos baladones, “No Tellin’” y “Erosion”, que complementan una parte oscura presente en “Thin Line Man” (la más desquitada y liberada estilísticamente del disco y que recuerda a Nick Cave And The Bad Seeds) y en “Better Than Me” (narración oral, de nuevo muy Cave).

Es cierto que la voz de Gelb parece un lastre por ser incapaz de interpretar lo más mínimo (flagrante ejemplo atonal y distante en “Chunk Of Coal”, una canción de bar disfrazado de taberna) y que a veces nos da la sensación de estar ante una sesión entre amigos ( “The Last One”). Siendo crueles, “Monk’s Mountain” es lo que hubiera hecho ahora Mark Knopfler en caso de refundar Dire Straits (es un tema largo, casi instrumental, de canto hablado y guitarras, hacia el final, de sonido engordado; sólo falta el solo de virtuoso). Las referencias y colaboraciones juegan a su favor en “Lucky Star Love” (dueto con Lonna Kelley) y en el simulacro descafeinado de Mark Lanegan en “Spell Bound”, pero no es suficiente. Los jugueteos con el género, para un chico de sobresalientes como Gelb, no son la joya de la corona aquí. La mayor sorpresa es volver a descubrir grandes canciones basadas en el sentimiento y apoyadas por las bases justas y apropiadas (la encantadora melodía blues de, ahora sí, un bar auténtico y acogedor hundido en la bandera norteamericana en “Time Flies”) y un temón absoluto como aquel “Stranded Pearl” del excelente predecesor “proVISIONS” (2008), aquí colocado al final del disco, como un último bofetón ejecutado con toda la clase del mundo (que rememora también el estilo de algunos trabajos de Cave, como “Murder Ballads”, que terminaban con un tema lento, compasivo y casi coral, para suavizar un poco la cosa). Hablamos de “Love A Loser”. Si quieren, escuchen el disco a sabiendas del ingente pasado que acarrea a sus espaldas Gelb. O si lo prefieren, y esto es un consejo personal, empiecen por el final, por ese “Love A Loser”, como si Giant Sand fuesen una banda de novatos desconocidos de un lugar perdido y lejano llamado Tucson, en Arizona.

Jordi Guinart

Giant Sand - Fields Of Green Giant Sand - Lucky Star Love

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