Blunderbuss Blunderbuss

Álbumes

Jack White Jack WhiteBlunderbuss

7.6 / 10

Jack White siempre ha sido un hombre predispuesto a la representación y al teatro. Ya fuera con la asombrosa estética de The White Stripes, en la extravagante ostentación al estilo beefheart de su otra banda The Dead Weather o mediante las escapadas esotéricas de éste su trabajo en solitario –un disco que, en vinilo, se reproduce a 3 rpm, por ejemplo– he aquí un hombre que sabe cómo entretener a la gente. Ya sea intencionadamente o no, su vida privada es (deliberadamente) igual de atractiva: ahí tenemos la muy cuestionada relación fraternal/marital con Meg White o la confesión de haberse casado con Karen Elson en una canoa que navegaba el río Amazonas mientras oficiaba la boda un chamán. En consecuencia, “Blunderbuss” es otra obra divertida y automitificadora que se compone como un viaje alrededor de los estados americanos del sur. Aquí, el roquero de Detroit se ha reubicado, se presenta a sí mismo como el trovador de Nashville por antonomasia, alguien que parece que acaba de grabar su última jam, lubricada con litros de alcohol.

Los primeros compases de la primera canción, “Missing Pieces”, suenan vagamente reminiscentes de una alarma de reloj analógica; un piano haciendo una respetable imitación de un Nokia 8210. El estribillo incrementa su intensidad antes de sumergirse de nuevo en el pasado: un groove holgado, rodante y con un rollo blues. Este choque de épocas es la clave en este lanzamiento, esa sintaxis de un momento ya olvidado que ha captado claramente la atención de White –su discográfica, Third Man Records, es célebre por la frase promocional “tu tocadiscos no está muerto”–, pero con una perspectiva incuestionablemente contemporánea. Aunque sus frases están moldeadas por la música de los 60s, las palabras que escoge son muy suyas. Esto es blues transmitido a partir de sus propias experiencias, una oda de amor al licor en pleno siglo XXI.

Todo esto se hace particularmente evidente en la versión de “I’m Shaking”, original de Rudy Toombs, la primera pista de la cara B (sí, “Blunderbluss” está cuidadosamente pensado para escucharse en vinilo). Es un corte clásico de boogie sureño –completado con matices góspel–, pero respaldado por guitarras beligerantes y algunos ajustes líricos de nota (estoy bastante segura de que White cambió ‘hug’ por ‘hump’ en la frase “I want to hug you with all of my might”; pero no querría hacer falsas acusaciones).

El álbum se despliega con una continuidad divergente. White se nutre de numerosas fuentes, pero se mantiene fiel a su sonido idiosincrásico, aportando una admirable fluidez en su manera de trabajar. “Sixteen Saltines” satisfará a los fanáticos del diapasón: son todo pedales de guitarra y un garage-rock explosivo, mientras que “Freedom At 21” funciona a partir de un golpe de percusión constante e incansable que altera el timbre de una guitarra que suena fanfarrona, subrayada por un envoltorio sucio de reverb y una línea vocal gruñoña. Si “Blunderbuss” es el documento de una jam de Nashville, entonces “Love Interruption” merece tener éxito como el tema que todos querrían seguir cantando en ese tipo de fiestas. Aquí, una simple progresión melódica se adorna con armonía conmovedoras y unas letras deliciosamente malévolas ( “I want love to murder my own mother”). Para llevar la analogía más allá, “On And On And On” es la canción para reproducir ya de buena mañana, coreada por los últimos borrachos del bar que aún se mantienen en pie, y así mantenerles calmados. Todo se torna desenfocado en el momento en el que emerge este vals soñoliento.

Será inevitable que se produzca una amplia especulación al respecto de estas letras rotas que comunican dolor, y más teniendo en cuenta su reciente divorcio de Karen Elson (“ Sometimes someone controls everything about you / And when they tell you that they just can’t live without you / They ain’t lying, they’ll take pieces of you / And they’ll stand above you, and walk away”). La cualidad confesional del disco aporta validez a esta suposición; pero me contendría en este juicio. En una entrevista reciente, White aseguraba que “cuando escribes canciones escoges quién narra la historia… A veces puedes confundir al oyente”. En “Blunderbuss”, Jack White narra la historia con una convicción furiosa y una atractiva dosis de teatralidad bien llevada. Aunque no haya reescrito su libro (de canciones), al menos ha mimado la forma, a la vez que ha customizado sus páginas arrancadas y empapadas de whisky. En definitiva, un álbum de debut en solitario triunfal.

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