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4.3 / 10

No deja de resultar llamativo que muchos de los grupos que protagonizaron el brit-pop decidan volver ahora, más que nada porque parecía un género con fecha de caducidad casi desde el principio, un género que nació como respuesta necesaria y hedonista al grunge y que una generación huérfana de Cobain abrazó con ganas. Oasis, Blur, Suede, The Stone Roses y similares no se hacían eco del vacío existencial ni se preguntaban por su lugar en el mudo porque tenían claro que habían venido a comérselo y disfrutarlo. A excepción de Pulp, los únicos que tenían algo de discurso detrás, los demás se limitaron a reinventar los grandes momentos de la historia del pop británico y barnizarla con una pátina de modernidad (o lo que al menos entonces se consideraba moderno). Mientras Blur y Oasis rentabilizaban su discordia en los medios, Suede se sumergían de lleno en el glam rock y tomaban prestadas sus claves (ya es mala suerte que justo el año que vuelven lo haga también su ídolo David Bowie, así por sorpresa, porque las comparaciones son mucho más dolorosas). A eso le añadieron una pátina de intelectualidad, una imagen cuidadísima y a años luz de las de sus coetáneos y un culto a la personalidad absoluto centrado en Brett Anderson. Que eran más ambiciosos que los demás y que aspiraban a convertirse en fotógrafos de una generación cansada del nihilismo quedó más que patente en el vídeo de “The Beautiful Ones”: casi cuatro minutos plagados de referencias culturales que entonces eran más que apropiadas y mucho “namedropping”. El tiempo, que es cruel, ha dejado esa canción casi relegada al olvido mientras que “Common People”, de Pulp, sigue estando de plena actualidad pese a no tener una sola referencia exclusiva (y excluyente) del momento en que se escribió.

Y de repente llegamos a 2013, y hete aquí que a la vejez viruelas y los que entonces fueran ídolos de jóvenes quieren recuperar ese estatus, darse baños de masas y corear de nuevo “aquí estamos nosotros, los guapos”. Pero las cosas han cambiado y quienes entonces estábamos en la veintena ya no podemos ilusionarnos con canciones de adolescentes que se pasean en moto y a B. E. Ellis lo desmitificamos en el momento en que se abrió una cuenta en Twitter y descubrimos que puede ser tan cretino como el que más. Efectivamente, el tiempo ha pasado para todos, hasta para Noel Gallagher y Damon Albarn... menos para Anderson y compañía. Ya dolía verle hace unos años cantando en solitario y acústico “So Young” (parecía una elegía más que una celebración), pero ahora duele ver que siguen cantando de relaciones fallidas, con letras al más puro estilo “nadie te va a querer como yo” ( “Barriers”) y buscando repetir la jugada que les funcionó hace años, pese a que el nivel del grupo empezó a bajar con “ Coming Up” allá por 1997. Ahora lo intentan una vez más, en las que según el propio grupo son sus canciones más inspiradas en años... pero los niveles de creatividad no están a la altura de un “Dog Man Star” o un “Suede”, sino que se quedan en la melodía facilona, en la épica a golpe de arreglos un tanto forzados ( “Snowblind”) y en medios tiempos fallidos (“ Sabotage” o la muy mediocre “ For The Strangers”). Luego están los guiños a sus primeros éxitos, como “Hit Me”, pero que a quienes ya eran seguidores de Suede antes de este disco no engañará. Además flota sobre todo el álbum una producción excesiva, artificial... y antigua. No se entiende esta vuelta (sin Bernard Butler), que en directo puede resultar más triste que celebratoria, con el mismo tono fúnebre que “ What Are You Not Telling Me?”, la canción más sincera de este álbum que no quiere envejecer pero que nace ya caducado.

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