Bloodlines Bloodlines

Álbumes

The North Sea The North SeaBloodlines

7.8 / 10

The North Sea  Bloodlines TYPE

Llegó el verano y con él sus manifestaciones más aceitosas. Para todos aquellos que aborrecéis la cremita y la materia adiposa que se concentra en playas de dudoso gusto estético, aquí tenéis el álbum que os va a devolver la fe en el mundo. El disco perfecto con el que daréis por finiquitado el verano ya a finales de junio. Se trata del nuevo trabajo de Brad Rose como The North Sea. Para los que no conozcáis al angelito, sólo hay que saber que Rose es el encargado del sello Digitalis, además de editor del muy completo webzine Foxy Digitalis, en el que puedes encontrar desde una crítica al nuevo álbum de Oneothrix Point Never hasta una reseña del último recopilatorio de turno de Afrobeat de la década de los 70. Me imagino que, cuando llega la noche, si es de noviembre mucho mejor, Brad Rose se encierra en su estudio para entregarse a sus deleites onanistas –y que, a diferencia de los del resto de mortales, suenan a ruidismo fantasmagórico–. The North Sea nos presenta un tratado de nihilismo concentrado a base de beats retorcidos que encuentran en el batería del grupo Zelienople, Mike Weis, el contrapunto perfecto. “Bloodlines” es un camino tortuoso al corazón del noise más descarnado a base de drones densos como todo el aceite que consume una familia media española en dos semanas en las playas de Alicante. Y todo en un sello con voluntad arty como Type, que lleva tiempo manifestándose como uno de los más activos del circuito experimental y de los que mejor sabe rentabilizar la potencialidad promocional de la red Soundcloud. De hecho, podéis pasar por el mal trago de escuchar el disco desde aquí.

Si le dais al play, comprobaréis que “Bloodlines” recuerda vagamente a los trabajos más estomacales de los Throbbing Gristle, a esos primeros experimentos digitales de la ola punk menos acomodaticia que se formó a principios de los años 80. Sobre todo en la segunda parte del disco, porque el primer tramo de esta experiencia pesadillesca nos da una cierta cancha con unas secuencias de talante más cósmico o espacial. Esos temas iniciales, “Bloodlines”, “Missed Court Dates”, “Acquiesce” y “Reunion” serán los que podréis escuchar acompañados de vuestras novias (del resto olvídate si no quieres que te vea con otros ojos). Por momentos, estos primeros tracks evocan las películas de terror de los años 50 (de esas en las que el peligro se apreciaba inminente, siempre latente). A medida que el disco se va desgranando (o desangrando, quien sabe) a través de una estructura narrativa bastante acusada, Brad Rose nos va sumergiendo en un auténtico caos sónico que se intuye bien orquestado. Parece que todavía hay discos que cuentan historias. A diferencia de muchos otros autores, Rose se preocupa por esa narrativa que necesita el formato álbum para poder sobrevivir en estos tiempos de random music. Un recurso que hace más interesante si cabe el disco. Y es que, como los buenos directores de cine, Rose sabe jugar con pericia con la tempestad y la calma. Siempre atento a la anticipación que le sirve de brújula compositiva. Y es que disfruta como nadie planteando diferentes espacios que enganchan al avezado oyente, a ése que no tiene miedo de incendiar el chiringuito de turno. La otra psicodelia que no tiene nada que ver con el cosmos. Más bien con el infierno. Wall of sound.

David Puente

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