Blood Rushing Blood Rushing

Álbumes

Josephine Foster Josephine FosterBlood Rushing

7.9 / 10

La chica de Colorado que empezó cantando en bodas y funerales y pudo (perfectamente) dedicarse a la ópera (sencillamente, está más que dotada vocalmente hablando para el pop, basta una escucha a “The Wave Of Love” para comprobarlo) entrega un nuevo e impecable álbum, el noveno, en el que sigue explorando su peculiar concepción del folk de verdes praderas y arpas ( “Waterfall” ) que, en una época (la del iniciático “Little Life”) estuvo más cerca del ( weird) alt-country (psicodélico) que del visceral fenómeno de la naturaleza (o los trenes que descarrilan) de “Geyser”, el penúltimo corte de este “Blood Rushing” que, como su propio nombre indica, es lo más parecido a una herida abierta que sangra (y que, a juzgar por la portada, no es otra que América). Misteriosa y retorcida, Foster firma algunos de los momentos más sagrados, en el sentido de ceremoniales, de su carrera ( “Sacred Is The Star” parece arrancar en una cueva repleta de luciérnagas que iluminan el camino a base de punteos de mandolina) y, en general, la sensación es la de que las canciones, más que nunca, planean, y se alejan hacia la rama más alta de un árbol centenario (en “O Stars” oímos incluso a los pájaros), pero lo hacen sin prisa, deteniéndose con la supuesta intención de echar raíces (“Underwater Daughter”), para luego volver a levantar el vuelo. Sí, Josephine Foster es muy Joanna Newsom, o, quizá, mejor deberíamos decir que Joanna Newsom ha sido, desde el principio de los tiempos, una gran fan de Foster. Sólo que donde aquella vira hacia el público (y se erige en cuentacuentos, una peculiar cuentacuentos, de fábulas marcianas), Foster lo hace hacia sí misma, se echa un vistazo y recuenta heridas, que luego hace canciones y envuelve en cápsulas psicodélicas que por momentos incluso tienen aspecto de cánticos tribales ( “Words Come Loose”). Pero lo hace tan bien que no puede dejar de resultar admirable.

Admirable es la intensidad contenida de la mutable “Blood Rushing”, de lejos, el mejor corte del disco, no es algo fácil de alcanzar, y admirable es la capacidad de esta cantautora amante de lo retorcido para componer canciones que son como pequeñas casas en las que puedes perderte y oír voces (Foster tiene un don para endulzar su voz, pero también para volverla del todo agresiva, para hacerla resultar punzante, incluso dolorosa). Sobre todo cuando descubres que cuando juega a ser una chica corriente es capaz de construir deliciosas canciones pop (a lo Joni Mitchell) como “Child Of God”. Aunque si lo hiciera seguiría sonando, por momentos, tribal y, claro, psicodélica, pero qué vamos a hacerle, nadie es perfecto.

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