Blood Pressures Blood Pressures

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The Kills The KillsBlood Pressures

6.4 / 10

The Kills  Blood Pressures DOMINO

Kate Moss puede seguir saliendo a la calle sin que los fans de The Kills le quieran escupir en la cara. Movidos por el insano morbo de que la modelo y acaparadora de portadas del papel couché sea la última pareja de Jamie Hince, su relación con el hombre de The Kills podía llevarnos a pensar que, como Yoko Ono, sería la responsable de dinamitar la vigencia del dúo. Sin embargo, de eso más bien se ha encargado la propia Allison Mosshart ejerciendo de frontwoman en The Dead Weather –el grupo paralelo de Jack White–, que es lo que realmente le ha traído de culo estos dos últimos dos años y ha forzado el descanso de su banda madre. The Kills, dadas las limitaciones de su formato, a estas alturas ya no pueden esperar una mutación en su cadena genética. Para ello deberían adoptar a otros músicos o rebautizarse bajo otra etiqueta. Aún así, “Blood Pressures” pone de manifiesto dos cosas: primeor, que el peso de su sucia existencia garagera sigue en detrimento –como ya clamaba al cielo hace tres años “Midnight Boom”–, y, segundo, que Hince ha apostado por explorar otros instrumentos que lleven al grupo a terrenos de mayor calado acústico y, por consiguiente, que resulten (aún) más accesibles a los oídos menos familiarizados con el origen de una de las parejas artísticas que es lo cool elevado al cubo.

¿Nos encontramos, pues, ante una versión mejorada o más bien tarada de The Kills? Su cuarto trabajo aglutina, precisamente, ambos postulados. Por un lado tenemos un inicio demoledor que responde a “Future Starts Slow” donde ambos se enfrentan vocalmente en un inquieto pulso que les hace valedores de una de sus mejores composiciones hasta la fecha. Asimismo, temas como la sexualmente transpirante “DNA”, su recuerdo al blues incendiario en “Damned If She Do” o la pegajosa “You Don’t Own The Road” –que puede recordar sigilosamente al “The Good Ones” de “No Wow” (2005)– no pueden defraudar a aquellos que suspiran por la desaliñada y agresiva presencia escénica de Mosshart.

Las dudas sobre los nuevos The Kills están en la otra cara de la moneda, cuando sus señas de identidad rebajan drásticamente las revoluciones y Mosshart decide voluntariamente prescindir de su obsesivo amor por el tabaco. Aparcando ese interludio en el que Hince se cree un beatle “Wild Charms”–, el nuevo horizonte de The Kills puede vislumbrarse en “The Last Goodbye”, una pieza en la que debuta el piano, más unos arreglos de cuerda lo-fi, que nos hacen ver a la pareja en su faceta más hogareña y plácida. Lo mismo ocurre en el cierre “Pots And Pans”, construida por un esqueleto de carácter más acústico que nos haría pensar que ambos empiezan a renegar de los altavoces sobresaturados. Ni mucho menos con esto pretendo afirmar que estas canciones resultan más vacuas, aunque inevitablemente se echa en falta esa descarada garra con la que en 2003 aparecieron en el bullicioso revival garage. Habrá que esperar para comprobar qué camino deciden tomar en el futuro. Pero la formula, en esta ocasión, pone sobre la mesa varios interrogantes cuyas respuestas sólo conocen ellos.

Sergio del Amo

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