Blaq Poet Society Blaq Poet Society

Álbumes

Blaq Poet Blaq PoetBlaq Poet Society

7.5 / 10

Blaq Poet  Blaq Poet Society BRICK RECORDS

De la fértil y temible escena de Queensbridge siempre destacó un grupo con menos nombre y presencia que los clásicos –Mobb Deep, Nas, Cormega, AZ…– al que todavía muchos rendimos pleitesía por su álbum de debut. Hablo de Screwball, banda maldita y proscrita –KL, uno de sus MCs, falleció en 2008, motivando su separación; y el sello que les acogió, ni más ni menos que Tommy Boy, se los quitó de encima cuando comprobaron que estaban dando cobijo a una panda de brutos incapaces de ser controlados o domesticados– que dejó para la posteridad aquel tremebundo “Y2k” que resumía a la perfección las directrices del sonido de la zona con ayuda de beatmakers del calibre de Pete Rock, DJ Premier o Marley Marl, entre otros.

Uno de los miembros destacados de la banda era Blaq Poet, un MC de calle con los huevos pelados en el subsuelo neoyorquino, con sus primeras andanzas discográficas ni más ni menos que en el sello de culto Tuff City, y con una actitud propia de los gatos viejos del movimiento, supervivientes del callejeo que no contemplan el hip hop como una vía para hacerse rico y famoso, sino como un complemento artístico para reforzar su credibilidad, rigor y fidelidad a un código de conducta. El prototipo de rappers con el que DJ Premier se siente más a gusto y cómodo, no en vano Poet fue uno de los primeros fichajes del productor para su sello.

Después del sólido pero quizás algo decepcionante “Tha Blaqprint”, no tanto por sus prestaciones como por las expectativas depositadas en el disco –Primo no se encargó del álbum íntegro, y ahí se resintió el resultado final–, el MC de Queensbridge ha decidido buscarse la compañía de dos productores de Pensilvania y Boston, la cuna del hip hop ortodoxo más encendido de los últimos años, Vanderslice y Stu Bangas, para reavivar la llama. Y la jugada le ha salido redonda. “Blaq Poet Society” es un ejemplo muy consistente y rotundo de ese hip hop furioso, rocoso, anticlimático y martilleante que le piden sus seguidores, un ejercicio de estilo sin fisuras que tiene muy claras sus ideas: poco más de treinta minutos, canciones breves y fulgurantes, beats gordos, samples claustrofóbicos y el flow belicoso de su protagonista.

El gran acierto de esta unión entre Poet y el tándem de beatmakers estriba, sobre todo, en la buena visión de estos a la hora de idearle la muralla de sonido al rapper, que parece hecha a medida. Si The Alchemist abandonase los porros y Havoc inyectara esteroides a sus beats saldría algo parecido a lo que facturan Stu Bangas y Vanderslice, que trazan un viaje estético y emocional desde Boston a Queensbridge y le sirven un telón de fondo gangsta y rugoso a un Blaq Poet que parece plenamente consciente del keroseno que tiene entre manos y se entrega a fondo con la ayuda de sospechosos habituales como RA The Rugged Man, Wais P, Apathy o Vinnie Paz. Un rodillo.

David Broc

“Mortuary Music”

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