Blank Grey Canvas Sky Blank Grey Canvas Sky

Álbumes

Peter Broderick & Machinefrabriek Peter Broderick & MachinefrabriekBlank Grey Canvas Sky

8.6 / 10

Peter Broderick & Machinefrabriek  Blank Grey Canvas Sky FANG BOMB

Actualmente, la opinión mediática en España se está comiendo la cabeza tratando de dirimir un debate que se presiente largo: ¿el Madrid depende más de Cristiano Ronaldo que lo que el Barça depende de Messi? Se ha encendido la mecha y la cosa puede durar unos cuantos meses, hasta que los títulos y los fracasos empiecen a decantar la balanza hacia un bando u otro. Aprovecho esta gran cuestión nacional para plantearme la misma duda ante el disco que presentamos a continuación. En el contexto de “Blank Grey Canvas Sky”, álbum cocido, pensado y ejecutado al alimón por Peter Broderick y Machinefabriek, la duda es obvia: ¿quién depende más de quién? Una vez escuchado el CD en cuestión, la respuesta es bastante obvia: Broderick es el Messi o el Ronaldo particular de Machinefabriek.

El principal problema que tengo con Machinefabriek, a quien conocen en su casa como Rutger Zuydervelt, es que se ha prodigado tanto, y no siempre bien, a lo largo de los dos últimos años que muchos hemos llegado a un punto en que sus andaduras sonoras han dejado de importarnos. Se tenía la sensación de que casi todos sus lanzamientos acababan sonando igual, y a excepción de aquellos en que añadió alguna colaboración interesante y provechosa –por ejemplo, el single con Nils Frahm o el álbum con Tim Catlin; también llegó a grabar con el mismo Broderick en “Huis”–, la línea cualitativa de su catálogo ha expuesto unos altibajos y una irregularidad difícil de aguantar para cualquier bolsillo con facturas y recibos que pagar a final de mes. Broderick, en cambio, bien porque es un autor con muchísimo más talento, bien porque sabe seleccionar mejor lo que publica, que también es mucho, o bien porque tiene la virtud de convertir en música relevante todo lo que toca, no sólo no cansa ni dispersa a sus fans sino que además va ampliando su tejido social, paso a paso, con calma, con cada referencia que sale a la luz.

A priori, pues, esta colaboración a distancia, en la que cada uno aportaba sus ideas por su cuenta y se juntaba todo de manera lógica y racional tras el intercambio fluido de ficheros, ya de entrada le favorecía más a Machinefabriek. La oportunidad de pescar a algunos fans de Broderick y, sobre todo, la posibilidad de darle nuevos aires y nuevos matices a un discurso que, insisto, navegaba por las tranquilas aguas de la rutina y la repetición, parecen argumentos de peso para entender quién sale ganando en este encuentro. Y luego, cuando entras en materia, se ratifican todas las sospechas y teorías preconcebidas con anterioridad. Porque, ¿es casualidad que la mejor grabación de Machinefabriek en este 2009 sea, precisamente, la que realiza acompañado por el autor de “Float”?

Por ejemplo, en “Departure”, tema de inicio, el piano de Broderick le otorga una dimensión más grave, dramática y orgánica a la capa de ambient turbio y oscuro que propone el holandés. Es una combinación ideal, infinitamente más sugerente, viva y emocionante que los drones tediosos y algo apolillados que se gastaba Zuydervelt en sus últimos lanzamientos. No es una anécdota puntual, sino una constante en el recorrido del disco. “Planes”, con piano de Adam Selzer, incluso va más allá y se mete de lleno, y con éxito, en el fango del minimalismo à la Steve Reich. En “Kites”, casi nada, Broderick incorpora arreglos de cuerda y un piano destartalado a los cimientos gaseosos y, claro, le cambia por completo la cara a un fondo sin excesiva personalidad. A estas alturas del partido ya tenemos claro quién ayuda más a quién y qué personalidad de las dos acaba resaltando e imponiéndose, pero es que todavía quedan por llegar las sorpresas de la contienda. Primero en “Rain”, un tema que empieza en clave de ambient minimalista y que a medio camino revierte sus formas para devenir un tema de folk acústico experimental con la voz de Susanna Lundgren, ubicado en las antípodas de lo que sería el discurso machinefabriekiano, que tiene en el penúltimo capítulo, “Blank Grey”, la mayor aproximación a su idiosincrasia de todo el lote. Son trece minutos de drone con aderezos de frecuencias radiofónicas y cierto caos instrumental en la parte final de la pieza. Es sólo una falsa alarma, porque en el cierre, la gloriosa “Homecoming”, nos recorre un escalofrío en el cuerpo, pues a fin de cuentas tenemos la sensación de estar volviendo a la fisonomía de “Float”: un piano melancólico, éste de la mano del también soberbio compositor neoclásico Nils Frahm, un violín crepuscular, éste a cargo de Broderick, y una sutil, envolvente y fantasmal letanía ambiental, obra de Zuydervelt, como inmejorable andamio de la partitura.

Viaje a cuatro manos, aunque en realidad acaba participando más gente, “Blank Grey Canvas Sky” es otro episodio brillante que añadir a la cosecha neoclásica de la temporada, mucho más que un experimento o un pasatiempo ejecutado a distancia y con la única mediación de un correo electrónico. La constatación, también, de que cada vez tiene menos sentido y peso la necesidad de cocinar un proyecto de estas características en un mismo espacio físico y emocional, una idea muy ligada al rock, al concepto de banda, de directo, de compenetración en el estudio, que por suerte cada vez queda más obsoleta y desfasada. Estos dos personajes se han merendado un disco de alto voltaje sin tan siquiera verse las caras. Y por supuesto, estamos ante un revulsivo con el que Machinefabriek ha recuperado el mejor pulso artístico y emocional de su carrera y con el que Peter Broderick ha sumado un nuevo título de mérito en la que ya es uno de los currículos más consistentes, serios y relevantes de la música contemporánea.

Julio Pardo

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