Blanck Mass Blanck Mass

Álbumes

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8.1 / 10

Blanck Mass  Blanck Mass ROCK ACTION

¿Qué pasaría si a Fuck Buttons les cortáramos de raíz los beats, la distorsión más guitarrera y esa idea rítmica de locomotora imparable que hizo de “Tarot Sport” el mejor disco imaginable de este planeta para correr 11 kilómetros del tirón? El resultado tras ese proceso de edición y tijeretazos podría parecerse, grosso modo, a lo que escuchamos, atónitos y fascinados, en el debut homónimo de Blanck Mass, no por casualidad el proyecto en solitario de Benjamin John Power, mitad del dúo británico y artífice de un disco que, sin renunciar a las conexiones estéticas y estilísticas con su proyecto hermano, muestra suficiente personalidad, recorrido y ambición como para distanciarse de éste y reivindicarse más allá del parentesco.

La característica más llamativa de “Blanck Mass”, queda claro, es la ausencia de sección rítmica, básicamente porque estamos ante un monumental y poco disimulado ejercicio de ambient cósmico en que el sintetizador asume motu proprio todo el protagonismo y, valga la contradicción, la voz cantante. Pensemos en los M83 menos pop, en Emeralds, Oneohtrix Point Never, Popol Vuh, una parte de Fuck Buttons o, por supuesto, en Tangerine Dream, Vangelis y Brian Eno, y tendremos una idea aproximada de lo que se cuece en un álbum que camufla su escasa frescura y originalidad –a fin de cuentas esto ya lo hemos escuchado anteriormente y surge a rueda de la última oleada revivalista del género– con un pronunciado sentido de la épica y un dominio abrumador de los desarrollos melódicos y la creación de atmósferas y paisajes emocionales.

Benjamin John Power extrae de sus cacharros analógicos incesantes pero bien controlados chorros de ruido envolvente, místico y luminoso para dibujar en la mente del oyente un paradisiaco gran azul, de turbadora pero pacificadora belleza, del que resulta especialmente traumático y doloroso salir a la superficie. Elige tus mejores auriculares, ajusta el volumen al máximo, desaparece y disfruta del viaje, porque cuando vuelvas, cuando abandones ese océano reparador, cuando te reencuentres con la cruda realidad, con el ruido de fondo urbano, con seres desagradables que vociferan, con maníacos del claxon, con vecinos en eterno conflicto con el mando a distancia de su televisor o con pandilleros de medio pelo con el móvil convertido en jukebox público, ya será demasiado tarde para lamentarse y volver atrás. “Blanck Mass”: incomparable excusa para dimitir del mundo durante sesenta minutos.

David Broc

“Chernobyl”

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