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7.6 / 10

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En general, y salvo alguna honrosa excepción, la fusión de rock y rap se ha convertido en algo parecido a añadirle piña a la pizza, combinar azul oscuro y negro o confiar en Thierry Henry: una idea de bombero. Decía que hay algún caso puntual que rompe con esa tendencia, al margen, claro, de los primeros devaneos entre géneros que promovió Rick Rubin en los 80 como productor de Beastie Boys, el atrevimiento formal de Run D.M.C. en “Rock Box”, “King Of Rock”, “Raising Hell” o “Walk This Way” –junto a Aerosmith–, o esa colaboración estelar entre Public Enemy y Anthrax, de cuando en los veranos no sufríamos temperaturas africanas. Además de estos ejemplos pienso, fundamentalmente, en la curiosa banda sonora de “Judgment Night”, un producto muy noventero, ideado en pleno florecimiento del rock alternativo y el grunge, que consiguió unir a Ice-T y Slayer, Cypress Hill y Pearl Jam, Teenage Fanclub y De La Soul, Helmet y House Of Pain o, por supuesto, Biohazard y Onyx, autores del tema más emblemático del proyecto. Y es cierto que la masiva y cargante avalancha de grupos dedicados al rap-metal o al rock-rap surgida en los 90 nos dejó algún disco relevante, como el debut homónimo de Rage Against The Machine, título que todavía hoy se aguanta con la misma rotundidad y fiereza de entonces. El resto, con perdón, es un montón de morralla, productos sacadineros, infumables y deficientes (las últimas grandes mierdas del lote, of course, Limp Bizkit o Kid Rock) que básicamente han querido aprovechar la coyuntura sin muchas aspiraciones artísticas.

Con estos antecedentes, pues, era necesario recibir con cautela el proyecto BlakRoc, una idea personal de Damon Dash, ex socio de Jay-Z al frente del imperio Roc-A-Fella, que persigue un objetivo muy claro: sacar partido de la actual correspondencia de gustos, influencias y elogios que se están enviando entre ellos algunos artistas del universo hip hop y algunos de la esfera indie-rock. A Jay-Z le gusta Grizzly Bear, Kanye West pierde el culo, metafóricamente, por Franz Ferdinand, Kid Cudi colabora con MGMT o The Chiddy Bang samplean sin respiro a Sufjan Stevens, Vampire Weekend o Belle & Sebastian en sus canciones. Mientras, The Black Keys se dejan producir por Danger Mouse, Black Lips graban con GZA y los indies con bigote irónico descubren el rap metrosexual. Y Dash, que de tonto no tiene un pelo y si algo sabe hacer bien es ganar dinero y cobrar, se ha subido al tren de estos tiempos apadrinando un proyecto que, además, está bien ideado y, sobre todo, magníficamente ejecutado por sus protagonistas.

BlakRoc, para explicarlo rápidamente, es la unión entre The Black Keys y un listado de MCs con muchas credenciales: Mos Def, Q-Tip, RZA, Raekwon, Jim Jones, Pharoaeh Monch, Billy Danze (de M.O.P.) y Noe. A diferencia de otros inventos parecidos en los que grupo y rapper van cada uno por su camino y sólo coinciden en el tempo, aquí hay un criterio más sólido y coherente. La banda de Ohio se encarga en todo momento de una base rítmica de blues-rock con profundos ramalazos funk y deja que los invitados participen y se adapten con comodidad al lienzo sonoro. Habitualmente el rap metal o el rap con rock consistía en un par de guitarristas y un bajista introduciendo acordes, solos o sonidos mientras el rapper de turno escupía sus rimas, pero todo ello creado sin mucha pasión, aplicando una fórmula muy concreta y dejando muy poco espacio para la improvisación y la evolución. En BlakRoc el proceso se invierte: The Black Keys componen las canciones primero y, además, lo hacen a partir de una idea clara de los personajes que se encargarán de interpretarlas. Eso le da más calor, credibilidad y vigor a este embrollo. Es decir, no es casualidad que las canciones más fumadas del lote tengan como protagonista a Mos Def, al que le van como anillo al dedo los instantes más blueseros de todo el recorrido, que sin ir más lejos resultan más convincentes que los propios experimentos de psicodelia rock que aportó el de Brooklyn en aquel horripilante “True Magic”. O que Raekwon reciba la composición más truculenta, oscura y callejera, la turbia “Stay Of The Fuckin’ Flowers”. Y tampoco es un capricho del azar que RZA, por citar un tercer ejemplo, se sienta especialmente cómodo con dos aportaciones de evidente inspiración funk.

El principal atributo de “BlakRoc” es que sus autores saben en todo momento con quien están grabando. Y no sólo eso, sino que además son fans y admiradores de la personalidad, el flow y el modus operandi de sus colaboradores. Y eso transpira, se nota. Es verdad que en el cómputo global del álbum se echa en falta un poco más de chispa y algún momento realmente memorable del contenido que podamos llevarnos a la tumba, nunca alcanza la excelencia, quizá porque le falta alguna canción redonda, un single potente y algún elemento de disonancia dentro del tono uniforme del disco, pero a pesar de todo ello la grabación nunca pierde la cabeza, se ciñe con mucha consistencia a la premisa y los objetivos del proyecto y le saca un buen partido a su punto de partida. De hecho, tiene personalidad, energía y mucho criterio; y lo que es más importante en toda esta historia: “BlakRoc” aporta algo de luz, presencia y calidad a un subgénero malacostumbrado a los desastres, el crossover de postín y la falta absoluta de compenetración e interacción entre los autores.

David Broc

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