Blackmagic Blackmagic

Álbumes

José James José JamesBlackmagic

7.4 / 10

José  James  Blackmagic BROWNSWOOD RECORDINGS / PIAS SPAIN

José James es un estilista tan pulcro y almidonado que la sensación de escucharle es la misma que calzarse una camisa nueva y todavía caliente por la acción alisadora de la plancha. Consolidado en el mundo del nuevo jazz underground (future jazz, lo llaman algunos) y saludado por la facción negra cultureta como una de las voces más peculiares de la bruma musical afroamericana, José ha sabido mantener la compostura de urban gentleman: el cabroncete ha rentabilizado con inteligencia un look elegante y casual a la vez, siempre con la perilla delineada a tajo de escuadra, sneakers caras y relucientes, algún complemento de lujo, algún traje ocasional y ese porte de negro con posibles que gasta buena colonia y de vez en cuando se calza una boina de negro intelectual, a lo Common. Incluso en su cuidadamente descuidada apariencia, ha sabido vender un concepto que invita a la adhesión total y tiene un público numeroso y hambriento ahí fuera: el crooner hip hop ya está aquí.Con el beneplácito del público blanco amante del nuevo jazz y la electrónica neo-progre ( Gilles Peterson ha sido uno de sus principales valedores y ha trabajado con Jazzanova, entre otros caucasianos), y también con el respeto reverencial de la turba negroide más cool, James es el disfrute por el disfrute de la técnica depurada, es el placer de observar una vaselina de Messi en slow motion, es un orgasmo estremecedor cortesía del virtuosismo más puro: aquí no hay sudor, lubricantes y parloteos sucios que valgan. Esto no es follar. Es hacer el amor. Si Greg Oden es morcilla, si Dwight Howard es músculo, si Ben Wallace es afro, José James es voz. Sí, voz. A muchos quizás les parece poco, seguramente porque pertenecen a la generación de los que han crecido en el apocalipsis de la manipulación de estudio, del falseo, de los coros hipervitaminados, del Autotune y de las melodías de camuflaje. Pero, créanme, escucharle es rendirse incondicionalmente a una calidez vocal que hacía tiempo no se escuchaba en el circuito negro y de la que los fans ya dimos buena cuenta en “The Dreamer” (2008).El debut de José James, en el sello Bronswood del tío Gilles, fue uno de esos discos que las circunstancias cincelan a su capricho y se terminan convirtiendo en clásicos insuperables. En aquel LP descubrimos una voz de barítono cuyo caldo salival escondía pastetas diamantinas. Se fraguaba en esas canciones una personalidad arrebatadora que estaba llamada a abrir nuevos caminos en la música negra de calidad. Aquella voz era (es) embriagadora y sonaba (sigue haciéndolo) auténtica. La gente se volvió loca. Después de actuar en más de treinta países, de dejar boquiabierto al personal en importantes festivales de jazz y conocer a toda suerte de productores, José James, sabedor de que “The Dreamer” no podía ser emulado, ha decidido exprimir sin miramientos estilísticos el legado negroide apostando por un eclecticismo sonoro donde su voz culebrea como una serpiente de río en plena huída. “Blackmagic” es un álbum que, a pesar de su apuesta caleidoscópica por pasado, presente y futuro, fluye con una soltura asombrosa, llenando de un humo perfumado el patio de butacas y consiguiendo que funk, jazz, hip hop, soul e incluso dubstep (o algo parecido) se pongan al servicio de los gorgoritos esmeralda del de Minneapolis. No al revés.Ejemplo diáfano: en el corte inicial, la sensualísima “Code”, James se tira cinco minutos repitiendo una y otra vez la misma melodía (no hay estribillo), convirtiéndose en una suerte de loop humano en formato acid jazz megacool que uno podría escuchar cual mantra tibetano, dos cogollos mediante, durante cinco minutos más. Es uno de los prodigios de su voz: resulta muy fácil perderse en ella. Y James explora. Está al día. Es un gustazo es ver cómo aplica su bisturí groovístico al “Emotions” de Benga, aportando sus chascarrillos de media noche y renombrando el corte, que ahora se llama “Warrior”. Aunque ambos artistas están separados por un océano de graves, James ha declarado en más de una ocasión su debilidad por la música del británico, al que por cierto conoce personalmente. Flying Lotus, por su parte, vuelve a unir músculo con el de Minneapolis, aportando ese filo de hip hop / jazz / soul futurista que caracteriza al beatmaker angelino. La lámpara de gas de FlyLo ilumina con una calidez muy especial los pasos de José. Sus caricias vocales se deslizan como un patín engrasado, sobre una mullida alfombra musical que exige varias escuchas para mostrar todas sus hebras y puntadas maestras. La mencionada “Code” es una cumbre, pero las magníficas “Blackmagic” y “Made For Love” (pura psicodelia soul) son también demostraciones muy válidas de la profundidad negroide que puede llegar a alcanzar la entente James/Lotus. DJ Mitsu The Beats encarna la conexión japonesa (país que ha acogido con fervor al vocalista) y aporta un humeante consomé de trompetas y breaks. Apasionante también el trabajo de Moodymann: la rapaz negra de Detroit remoja las amígdalas de nuestro hombre en una salmuera imposible de funk sensual y jazz penumbroso y obtiene en “Detroit Loveletter” una delicatessen para estómagos frágiles. A la fiesta de invitados con pase VIP se suman también Taylor McFerrin –hijísimo de Bobby– y la cantante Jordana de Lovely, que nos dejan un “Love Conversation” que huele a whisky, tapete manchado y humo de habano. Nocturno, sexual, melancólico y rabiosamente moderno, “Blackmagic” no es “The Dreamer”, pero tampoco pretende serlo (ni ganas de que lo sea). Más bien se trata de la confirmación absoluta de que las fronteras entre el jazz, el soul, el hip hop y la nueva electrónica negra tienen el grosor de unas cuerdas vocales. Imposible encontrar reproches a un disco tan cojonudo, tan suave, tan calentito... No way, José. Óscar Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar