Black Up Black Up

Álbumes

Shabazz Palaces Shabazz PalacesBlack Up

6.9 / 10

Shabazz Palaces  Black Up SUB POP

En el primer lustro de los 90, la propuesta de Digable Planets tenía muchos números para ser enterrada bajo las toneladas de músculo gangsta que comenzaban a palpitar en las alcantarillas del género. Curiosamente, el jazz-rap psicodélico del trío consiguió afianzarse en un mercado saturado de gorras de los Raiders y porros de chronic, e incluso se ganó el respeto de bastantes headz contra pronóstico (lo previsible era que los marginasen por amariconados, con perdón). Algún resorte accionó la banda para desviar las miradas y arrancar elogios del gremio, pero con sólo dos discos en su haber –magníficos “Reachin’ (A New Refutation Of Time And Space)” y “Blowout Comb”– y una inconstancia como grupo matadora, los Planets se difuminaron en el empedrado hip hop y se vieron superados por la pujanza de otras formaciones mucho más ambiciosas.

Pues bien, la voz masculina del grupo, el legendario Ishmael “Butterfly” Butler, decidió probar fortuna en solitario y, después de hundir pezuña en boñiga con el proyecto Cherrywine, volvió a reinventarse con el moniker Shabazz Palaces, en la que parece su incursión más seria en las lides del ripio modernillo. Sorprende que la discográfica Sub Pop sea la que le edita el LP, lo sé, pero lo cierto es que el público potencial de la música de Butler se acerca más al blanco vegetariano con gafas de pasta y gorro de lana que al negro obeso enganchado al Gatorade y a un CD de Saigon.

Futurista y digitalizado el máximo, “Black Up” es una mezcla de rima bohemia con mensaje y ritmos experimentales cercanos al avantgarde hip hop ( “A Treatease Dedicated To The Avian…”), al dubstep ( “Youology”) y al jazz cuántico ( “Endeavors For Never…”). Lo más refrescante quizás es el poso british de la parafernalia musical que envuelve la voz cartoonesca de Butler. El MC estadounidense se sumerge en un barreño de synth madness, bass music y algún goterón incluso de IDM que encuentra algunos triunfos en ambos extremos de la cuerda. Cuando busca paisajística otoñal consigue sacar oro de su discurso. Ahí están los violines y el piano minimalista de “Are You?... Can You?...” o los lamentos sampleados de “Recollections Of The Wraith”. Pero cuando quiere meternos inquietud en las entrañas, también tiene sus momentos. Las extrañas psicofonías infantiles de “An Echo From The Hosts…” y el turbio dillaísmo de “Yeah You” así lo corroboran: Shabazz Palaces no es Ghostpoet, claro que no, pero es que la bruma londinense no es como la de Seattle y esto tampoco es hip hop, es hipster-hop.

Óscar Broc

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