Black Panties Black Panties

Álbumes

R. Kelly R. KellyBlack Panties

7 / 10

Lencería negra. Una portada en la que un cuerpo de mujer con forma de violín aparece frotado por un arco fálico. R.Kelly: un hombre que ha follado más que Pipi Estrada y ha mojado más bragas que todas las lavadoras de Norteamérica juntas. Él no falla: lleva el sexo grabado a fuego, sólo piensa en calentar, calentarse y ponerle la banda sonora perfecta a esas noches de champán, dos cajas de condones, una flor en la almohada y sábanas de raso. El plan no ha cambiado en “Black Panties”, y por tanto no hay sorpresas, el viejo Kelly no ha escrito canciones sobre la contemplación espiritual del mundo desde una celda de un monasterio: éste es un disco que, de principio a fin, habla de coños. Sin parar: de comerlos “como si fueran una galleta Oreo”, de mojarlos, de untar los dedos como si fueran mantequilla en el pan, de abrirlos como si fueran el regalo dejado por Papá Noel a los pies del árbol. Es una sonrisa vertical. El hombre está en forma, a sus 46 años todavía no necesita Viagra y sigue siendo el mejor haciendo lo suyo. Un poco incontinente –no de orina, sino de grabaciones: sigue editando mucho, casi al dictado de lo que está de moda–, pero en un momento dulce como la miel.

Lo que cambia, en todo caso, es el enfoque. R.Kelly ya no es un chaval y su estatus en el R&B es indiscutible como el gran pimp del negocio, pero lo cierto es que, salvando casos puntuales como “Ignition (Remix)”, hitazo incontestable y banda sonora de todas las alcobas, estaba empezando a ser irrelevante desde un punto de vista exclusivamente artístico. En lo económico, en el brillo dentro del firmamento del stardom, no hace falta entrar en valoraciones: sigue siendo el amo y su olor a polla es fuerte, intenso, como un Luis Racionero del soul. Pero seguía más cerca del sonido de los 90 y cada vez más lejos de las últimas oleadas renovadoras dentro del R&B alternativo –últimamente daba demasiado concierto en cruceros de lujos, buscaba el mercado de las MILFs, dinero fácil–, y esto es algo a lo que “Black Panties” pone remedio de manera expeditiva rejuveneciéndose, escribiendo sobre sexting y copiándole todo el sonido a The-Dream, además de una buena parte de la inspiración. Así, el álbum alcanza una consistencia más moderna, aunque sigue pecando del gran defecto que lastra generalmente este tipo de artefactos: la duración. Son 18 temas e interludios plagados de featurings de los que atraen público joven –2 Chainz, Kelly Rowland, Migos, Future– y de un montón de palabras de entre las que más y mejor se distingue es ‘pussy’. Así que todo en orden: el R.Kelly sentimental y azucarado de antes, el R.Kelly más alternativo de hoy y la misma capacidad de depredación sexual de siempre, en la elite de los Top 25 folladores del último cuarto de siglo. Si lo quieres, está a la venta en farmacias y cerca de la caja de los supermercados.

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