Black Noise Black Noise

Álbumes

Pantha Du Prince Pantha Du PrinceBlack Noise

8.3 / 10

Pantha Du Prince  Black Noise

ROUGH TRADE

Resulta que Pantha Du Prince no deja nada al azar, y si el anterior disco versaba sobre el éxtasis, que es esa sensación sublime en la que la conciencia está por encima del cuerpo (y los sentidos), y el instante de plena felicidad parece hacerse eterno –de ahí que el álbum se titulara “This Bliss” (Dial, 2007), y que cada pieza fuera una bacanal de timbres agudos, armonías de encaje dulce y progresiones rítmicas de lento desarrollo hipnótico con la intención de alfombrar una entrada al mundo de los sueños–, resulta que éste versa sobre la fatalidad, sobre el anuncio de la tragedia, y de ahí que se titule “Black Noise”. Argumenta Henrik Webber que la naturaleza habla un lenguaje propio, y que cada vez que actúa por su cuenta, como en los terremotos, las tormentas o los aludes de montaña, existe un anuncio previo, una especie de “¡agua va!” que podríamos escuchar si el oído humano fuera capaz de detectar esa longitud de onda, identificarla e interpretarla. Esos sonidos del planeta son el “ruido oscuro” al que alude el título del tercer álbum de Pantha Du Prince, la calma antes de la tempestad, y es ese ruido tan inaudible como morboso el que el productor de Hamburgo ha querido crear en estudio.Ahora que gracias a películas como Avatar o todo el discurso crítico sobre el cambio climático ha vuelto a cobrar fuerza la idea de Gaia –es decir, la creencia de que el planeta es un organismo vivo que se autorregula y se comunica–, “Black Noise” podría ser una pieza más en esta imparable nueva oleada de misticismo de la nueva era, la que presagia un cambio a mejor en nuestro mundo a partir de finales de 2012 –fin del mundo para unos, sobre todo si se ha visto la película de Roland Emmerich o se cree en los mayas; para otros sólo es el año de los Juegos Olímpicos de Londres–, coincidiendo con la entrada en la “era de Acuario”. Pero el tufillo new age que se puede interpretar de esta idea de la Tierra parlante y comunicativa que Pantha Du Prince expone en el libreto explicativo del disco se evapora cuando la música suena. Porque no es ningún trabajo planeador, ni un mantra soft, ni tampoco una colección de piezas vocales con coro de ángeles. Webber cree en el lenguaje secreto del planeta, el que anuncia aludes de nieve como el que estaría a punto de sepultar el pueblo de los Alpes que aparece en la portada, pero no le interesa hacer ninguna arenga ecológica, sino algo mucho más interesante: saber cómo sonaría esa señal de alarma, escrutarla, memorizarla por simple curiosidad, y traducirla a su propio ruido, que ya no es negro, sino azul claro, o dorado, o cualquier otro matiz cromático que indique luz. Porque de la misma manera en que “This Bliss” era un disco sobre el momento eterno del éxtasis, “Black Noise” es un disco sobre el momento eterno que precede a la liberación de unas fuerzas más allá de la escala humana. Y ese momento, siempre, es de paz.Esto, en la práctica, se traduce en un disco casi idéntico al anterior pero con un matiz más introspectivo, sombrío incluso, sin entrar en episodios truculentos. Es música hermosa porque técnicamente sucede antes de que todo se vaya a tomar por culo, pero en ella va implícita una melancolía lógica, ya que la suerte está echada. De este modo, si en “This Bliss” el tema central era “Saturn Strobe”, diez intensos minutos de escalada emocional que culminaban en una explosión pasional y jubilosa, aquí no hay ninguno como ése, salvando el inaugural “Lay In A Shimmer”: el temblor de las campanillas, el bombo tech-house y los sintetizadores que ejercen de pared de contención de toda la pieza nunca llevan implícito un cosquilleo, sino un escalofrío. Esto suena en un club y es imposible levantar los brazos en celebración, porque la simetría perfecta de las formas indica también un anuncio de derrota: agachar la cabeza, bajar los brazos, resignarse a la belleza de la destrucción inminente.Por eso hay que reconocerle dos méritos a Pantha Du Prince: primero, el haber sabido controlar la euforia y encontrar un tono para el disco que le presenta aparentemente continuista con respecto a “This Bliss” –no rompe de manera traumática con la línea que hizo de él el tercero en discordia del emo-techno junto a Lawrence y Efdemin, por tanto–, pero a la vez muy diferente y cerrado en sí mismo; segundo, conseguir materializar la sensación de cambio en la naturaleza y, a la vez, la interpretación de cómo sería ese lenguaje con el que las montañas, los ríos y los mares hablan. Pantha Du Prince domina el 4x4 del bombo, las armonías de campanas y metales, las melodías de remolino de viento en un valle verde, pero aquí se esfuerza en experimentar en las introducciones y las transiciones de cada track, indagando en timbres huecos y sonidos fríos, crujidos y demás texturas insectoides, en abstracciones que luego se pierden cuando la pieza entra en materia bailable –pese a la perorata explicativa de antes, que conste: esto es tech-house brumoso del de siempre– y que añaden densidad conceptual y misterio a cada producción. También están las participaciones testimoniales de Tyler Pope (de !!!, tocando el bajo en “The Splendour”) y Panda Bear (cantando en “Stick To My Side”), que se explican por la necesidad de justificar un inexistente giro “indie” en Pantha Du Prince –es lo que tiene dejar Dial para pararse a Rough Trade–, y que no deben ocultar lo esencial: en una escucha superficial, este tercer álbum quizá palidezca ante “This Bliss”, pero en una escucha profunda le sostiene la mirada –me temo que no lo supera– y demuestra que hay un esfuerzo consciente por no traicionarse y también por no repetirse. Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar