Black Mill Tapes Volumes 1 & 2 Black Mill Tapes Volumes 1 & 2

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Pye Corner Audio Pye Corner AudioBlack Mill Tapes Volumes 1 & 2

7.9 / 10

Quienquiera que sea el hombre que se refugia tras el sonoro alias Pye Corner Audio es, sin duda, un consumado ingeniero de sonido que sabe de todos los trucos necesarios para conseguir esa textura noir y misteriosa que tenía la música electrónica primitiva de los años 60s y 70s. Quizá por eso se hace llamar, a ojos del público, como The Head Technitian, una especie de título nobiliario o sobrenombre de superhéroe de la mesa de mezclas que sólo se autoimpondría un vanidoso redomado o alguien que, de verdad, sabe perfectamente que ha alcanzado un alto dominio de su arte y se siente satisfecho con el estatus. En efecto, escuchando atentamente el contenido de estas “Black Mill Tapes” que ahora plancha Type por primera vez en vinilo –el primer disco en verde, el segundo en azul, 700 copias para todo el mundo y, al parecer, la primera reventa ya por las nubes, con precios que no bajan de los 60 euros–, emana un aire de misterio y dominio del lenguaje analógico antiguo que también se advierte en muchas de las grabaciones de otra alma afín, Jon Brooks, más en las que firma con su nombre en Cafe Kaput que las que edita como The Advisory Circle en Ghost Box, y que deben pasar necesariamente al corpus central de la actual onda retrofuturista con sello hauntológico.

Dos ejemplos al azar y que van seguidos el uno del otro: “Theme Number Four” es una miniatura impresionista bañada en nostalgia que remite a las piezas breves que hacían de interludios y bisagras en “Music Has The Right To Children”, de Boards Of Canada, y “Electronic Rhythm Number Eight” tampoco hubiera desentonado en la recreación del universo Mega-City One de Geoff Barrow y Ben Salisbury en su reciente experimento “Drokk”, lo que indica que la influencia de las bandas sonoras de Jon Carpenter, con sus capas de sintes deslavazados insistentemente repetidas, forman parte de la educación sentimental de Pye Corner Audio. Y es a partir de ahí donde ha ido gestándose una carrera que por ahora está en sus pasos iniciales y de la cual este doble vinilo debería ser una necesaria llamada de atención para que sus aportaciones al cacharreo vintage no se pierdan por el sumidero del olvido, o entre la hojarasca de la autoedición en internet. Aunque el año pasado compartió un 7” en Ghost Box junto a The Advisory Circle –o sea, dios los cría, etcétera–, Pye Corner Audio había sido hasta ahora reacio al formato físico. Los tres volúmenes editados hasta ahora de “Black Mill Tapes” –el último en enero de este año, y del que en breve posiblemente tengamos un planchado en vinilo; los otros dos en 2010 y 2011, y subtitulados respectivamente como ‘avant shards’ y ‘do you synthesize?’– sólo han visto la luz como carpeta de ficheros .flac (o .mp3), y el segundo tuvo una tirada limitadísima en casete vía Further Records, y por tanto estaban más ocultos e inaccesibles que un testigo protegido por el FBI.

Pye Corner Audio es un músico habilidoso que se maneja bien entre diferentes escuelas. Por momentos remite a la vastísima tradición de la library music –se huele el terror en “Transmission Three: Briar Lane”, que podría ser música para la primera temporada de “Doctor Who”– y a la no menos importante tradición de efectos de sonido en la radio o música para documentales de naturaleza. Estos paisajes, que generalmente aparecen en forma de pequeñas viñetas intermedias, son las que establecen un tono de melancolía generalizada, adornada con una pincelada de inquietud paralizante, como si la música transmitiera un aire helado antes de cada tema largo, en los que Pye Corner Audio suele dar lo mejor de sí, desde la repetición maquinal post-krautrock de las bandas sonoras de Carpenter ( “We Have Visitors”) al enésimo tributo a los atardeceres sepia de Boards Of Canada ( “Gathering”). Y todo esto, sólo en el primer vinilo.

El segundo, originalmente producido un año después del primer ejercicio, muestra una evolución de concepto, llevando el sonido a territorios más oscuros todavía. Aunque el corte inicial saluda con una fanfarria pastoral a lo Belbury Poly ( “Mirror Sequence”), lo cierto es que abundan los mantras casi industriales, como si Coil se hubieran fusionado con Goblin ( “Electronic Rhythm Number Seven”) o Jim O’Rourke hubiera sido alumno de Pierre Schaeffer ( “Toward Light”), aunque la continuidad temática se mantiene firme e inalterable: más giallo, más library music británica, más Carpenter, más Boards Of Canada, hauntology a tope, más de todo eso y sin resultar pesado por exceso ni demasiado mimético. Es cierto que en este punto de la historia, cuando se está produciendo a la vez un rescate masivo de oscuridades electrónicas de 1984 hacia atrás –antes del imperio de la dance music– y, simultáneamente, hay una joven generación amplísima interesada en imitar esas pautas, cada vez resulta más difícil sonar diferente, por no decir ya original o inspirador, dentro del circuito retrofuturista. Pero Pye Corner Audio sobresale de entre la masa, y “Black Mill Tapes Volumes 1 & 2” debe ocupar un lugar destacado en la parcela esotérica de la cosa.

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