Black City Black City

Álbumes

Matthew Dear Matthew DearBlack City

7.9 / 10

Matthew Dear  Black City

GHOSTLY INTERNATIONAL

Cuando Matthew Dear le puso por título “Asa Breed” (Ghostly, 2007) a su segundo álbum quizá lo hizo por pura casualidad, tal como él mismo ha declarado en alguna ocasión –Asa Breed es un personaje secundario de la novela “Cat’s Cradle” de Kurt Vonnegut; el título salió tras hojear el libro, o al recordar algún pasaje; tanto da–, pero “Black City” no es un nombre al azar en absoluto. La referencia a una ciudad oscura y abstracta, apoyada en el diseño casi expresionista de Will Calcutt para la portada, no puede ser en ningún caso fortuita. El disco es urbano y espeso, está invadido por una atmósfera entre noir y tóxica, y en definitiva suena demasiado a Nueva York como para no acabar conectando los puntos y acabar concluyendo con que todo tiene una estrecha relación. No en vano, Dear ha acabado fijando su residencia definitiva en la ciudad de los rascacielos tras muchos años siendo vecino de la periferia de Detroit, y es esa experiencia vital –nuevas rutinas, nuevas calles– la que ha acabado inspirando la psicogeografía de este su segundo intento por superar la fase de productor techno y consolidarse como songwriter de amplios recursos. Un intento no tan atrevido como el anterior, que fue un salto mortal sin red que le salió estupendamente, pero con una dificultad añadida y aún más peligrosa que la de cambiar de gramática electrónica: la de evolucionar sin repetirse, la de expandir los límites de su expresión pop sin mostrar debilidades. Lo que está en juego en “Black City” no es la capacidad de Matthew Dear para demostrar que su registro va más allá de las bombas de relojería pensadas para clubes techno, como aquel “Mouth To Mouth” que firmó como Audion, sino su prestigio como compositor, letrista y francotirador del pop. A cualquiera le puede salir bien un álbum. Sólo a los mejores le salen los siguientes.

Prueba superada, por tanto: “Black City” es competente, rico y lo suficientemente distanciado de “Asa Breed” –y a la vez tan hermanado– como para extenderle a Matthew Dear la mano en gesto caballeroso y felicitarle por el buen trabajo realizado. Pero no es un simple gesto de asentimiento lo que merece este disco. Escucha tras escucha se percibe que va mucho más allá de la repetición del esquema “Asa Breed + ligeras variaciones”. Aquél era un trabajo europeizante, quizá influencia de la pasión por el synth-pop y el glam que siempre existió entre los pioneros del techno de Detroit, y se respiraba el hálito de Brian Eno y David Bowie (más un poco de Talking Heads), pero “Black City” se entiende mejor a partir de un contexto neoyorquino. Aparece un decorado de fondo que tiene mucho que ver con la música disco de la retirada al underground a finales de los 70, mutante y selvática, y también con el sonido de las vanguardias del rock aplicado a la música negra del momento. Si “Asa Breed” estaba entre Roxy Music y Carl Craig, “Black City” está entre Arthur Russell y James Murphy con unas gotas de krautrock. Se enmarca también en un contexto arty, pero el vitalismo, el optimismo de canciones anteriores se vuelve más siniestro, ocasionalmente gótico, más frío, pero también más sincero y humano. No se puede asegurar con certeza que el Matthew Dear que escribe estas letras lo haga desde un punto de vista puramente autobiográfico –ojo con ese despiadado “I can't be the one to tell you everything's wrong”, en “Slowdance”–, pero ciertamente construye un mundo mental que encaja perfectamente con la textura sonora de esta ciudad negra que no es caótica, pero tampoco una dulce arcadia de cemento y cristal.

El disco lo publica Ghostly, como no podía ser de otra manera (él co-fundó el sello), pero también podría ser el material que Matthew Dear entregara a DFA si, por un casual, estuvieran interesados en contratarle algo para la posteridad: los momentos más marcadamente rítmicos, como “I Can't Feel” –comandado por un bajo funk, pesado y groovy, que serpentea como un áspid– o la abrupta “You Put A Spell On Me”, denotan erudición, seriedad formal y hedonismo de fondo, y es inevitable no apreciar las referencias kraut (Neu! y Harmonia, básicamente) en “More Surgery”, “Monkey” y las influencias kraftwerktianas al final de “Shortwave”. “Soil To Seed” se inclina hacia el boogie-funk con un breve gesto de asentimiento a Prince –uno de los músicos más citados, aunque sea con la voz baja, en este 2010–, y por último están los dos momentos absolutamente memorables del álbum: el primer single, “Little People (Black City)”, casi diez minutos de romanticismo pre-techno y post-disco reminiscentes de Metro Area en los que se unen en dulce armonía los dos mejores Dear, el del baile metronómico y el de la melodía inmaculada, y la verdadera joya como el propio título constata, “Gem”, una torch son conclusiva, dirigida por un piano lúgubre y efectos de sonido espectrales (crujidos, risas), que da la medida del futuro potencial de Matthew Dear más allá del techno: si las musas le siguen sonriendo, puede llegar a ser el Brian Eno de su generación.

Javier Blánquez

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