Biokinetics Biokinetics

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Porter Ricks Porter RicksBiokinetics

9 / 10

El techno, generalmente, va asociado a la idea de escapismo, de abandono de la realidad en pos de una fantasía alternativa de huida y libertad. Esas escapadas con las que se fantasea al pinchar un viejo vinilo de Detroit tienen que ver, casi siempre, con el espacio exterior, con la infinitud del cosmos, allende de la atmósfera terrestre, en subirse a una nave y viajar hasta Júpiter y luego más allá. “Biokinetics”, en cambio, es un disco que trata sobre el mar (y el ultramar). Al ponerlo no se sugieren trasbordadores espaciales, sino veleros y fragatas, y si pidiera una lectura para amenizar, sería “La Narración de Arthur Gordon Pym” de Poe o “Moby Dick” antes que “Crónicas Marcianas”. El océano está directamente indicado en títulos como “Nautical Dub” o “Port Of Call”, e incluso el nombre Porter Ricks fue tomado de aquella película sobre delfines, “Flipper”, que en este contexto incluso puede sonar ridículo, pero la música que facturaron juntos Thomas Köner y Andy Mellwig ni lo fue ni lo es. “Biokinetics” se editó originalmente en 1996 en el extinto sello Chain Reaction, la filial de Basic Channel para proyectos de amigos y conocidos en las fronteras del techno líquido, y hasta hoy había permanecido olvidado en los estantes superiores de la historia. Una injusticia que Type Records ha corregido: por primera vez, además, en un espectacular y remasterizado vinilo transparente.

Thomas Köner inició su carrera como escultor de atmósferas, editó tres discos en el sello avantgarde Barooni a principios de los 90 –los mismos que en 2010 Type también reeditó como la trilogía “Nunatak · Teimo · Permafrost”– y nunca mostró interés por el techno. Pero conocía a Mellwig, que a mediados de los 90 trabajaba de ingeniero de sonido en Dubplates & Mastering y estaba en contacto con la crew Imbalance –el origen de lo que posteriormente se conocería como Monolake–, y juntos empezaron a darle forma a Porter Ricks, una idea que pretendía fusionar capas de atmósferas turbias con oleadas de bombo bailable. La idea del mar estaba desde el principio, impuesta por Köner, siempre interesado en la naturaleza como imagen de partida para la música, y los tres primeros 12”s en Chain Reaction fueron una revelación, un giro inesperado para el devenir del techno de arte y ensayo: sonaba como una marea en crecimiento, como la calma antes de la tormenta, como un ataque de olas contra un muelle, como cetáceos en migración, como si alguien hubiera metido un micrófono de alta precisión en una fosa submarina y hubiera localizado el eco de una rave en el fondo.

En su día, “Biokinetics” fue una obra maestra, con el eco magnificado del momento exacto en el que surgió, el de la plena vigencia de la primera generación techno-dub de Berlín, con el recuerdo de Basic Channel y sus nueve EPs todavía reciente, y con el proyecto Maurizio –la segunda encarnación de Moritz Von Oswald y Mark Ernestus, antes de transformarse finalmente en Rhythm & Sound– en pleno desarrollo. Porter Ricks añadían un matiz más fiero y cortante, sin duda derivado de la áspera mezcla de ambient aislacionista y beats rugientes sepultados bajo capas abundantes de rumor de piélago y movimientos líquidos. La nueva portada que enseña Type –que substituye la primera edición, empaquetada en aquellas polémicas cajas de metal de Chain Reaction que rajaban los CDs– muestra un sol eclipsado por la Luna, quizá metáfora de un ciclo de mareas especialmente turbulento que afecta a una extensión gigantesca de nubes que empiezan a arremolinarse. La idea sigue siendo la misma: la de un techno en ese punto de temperatura exacto en el que la materia cambia de forma, y lo sólido se hace líquido, y lo líquido se vuelve gas.

Por esos tres estados van pasando las piezas –“Port Gentil”, los 12 minutos de apertura, son como las aguas en calma, es techno para flotar en un mar salado e inmóvil, del mismo modo en que “Nautical Dub” es la expresión de la mar picada; “Biokinetics 1” es un hervor, un bullebulle, mientras que “Biokinetics 2” es vapor filtrándose en la atmósfera; “Port Of Call”, “Port Of Nuba” y “Nautical Nuba” son como una tormenta furiosa, con la conclusión final, “Nautical Zone”, que es la recomposición de la superficie del agua tras la tempestad, iluminada por los rayos del nuevo día–, y mientras la música se hace y se deshace, se desintegra y se alborota, Porter Ricks idearon un tipo de techno que fue visionario y que, de tan personal, no se ha vuelto a superar –ni siquiera ellos, en su última etapa como dúo hasta 1999, cuando ficharon por Mille Plateaux / Force Inc. y hasta colaboraron con Techno Animal, supieron darle una continuidad al proyecto a la altura de su prestigio–. En 2012, “Biokinetics” suena sin el factor sorpresa, tras muchos años de revisión a fondo del techno-dub a cargo de las nuevas generaciones encabezadas por Echospace; pero aunque ya no produzca un shock traumático, se sigue produciendo la misma sensación original de viaje a lo desconocido, ésa de querer ir a un puerto, alquilar un bote y remar hasta donde se pierde el horizonte, acompañando el cimbreo de las olas con un rabioso headbanging.

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