Big Wheel and Others Big Wheel and Others

Álbumes

Cass McCombs Cass McCombsBig Wheel and Others

8 / 10

Cantantes de country-rock con su guitarra y su influencia de Gram Parsons a cuestas se cuentan por cientos. Cass McCombs, sin embargo, merece que le den de comer aparte. Aparentemente, sus temas no tienen ningún elemento distintivo que refuerce la anterior afirmación: son sencillas, de armonías claras, instrumentación clásica, puro storytelling yanqui de toda la vida. Pero son los detalles y una aproximación muy personal a la composición lo que envuelve sus canciones en un halo de misterio y cercanía que no se da muy a menudo, lo que le sitúa en un lugar en el que está Bill Callahan y prácticamente nadie más.

Parte del porqué su música resulta tan interesante y estimulante estriba precisamente en esa simplicidad y en la repetición de acordes y ritmos, que poco a poco –como si fuera krautrock y no folk, blues o country– van tejiendo invisibles membranas en las que quedarse felizmente agarrado. La personalidad y el periplo vital de McCombs explican también en gran medida la fascinación que desprende: nómada por voluntad propia, acostumbrado a transitar por carreteras olvidadas y a dormir en coches y en casas de desconocidos, su mirada es el puro anti-glamour, sórdida y descreída, tocada por un romanticismo nada impostado. Sobre el escenario apenas articula palabra, no cuida su aspecto, solo canta y rasga la guitarra de un modo muy particular, que denota un aprendizaje autodidacta y un claro posicionamiento contra lo establecido.

Todos esos elementos ya estaban presentes en discos tan notables como “Wit’s End” (2011), “Catacombs” (2009) o “Dropping The Writ” (2007) y vuelven a aparecer en “Big Wheel and Others”, otra obra mayor en la trayectoria de McCombs. Mayor, primero, por duración: 22 canciones, 85 minutos, formato doble. Es, efectivamente, un disco largo, que requiere paciencia y repetidas visitas, casi imposible de asimilar en una sola sentada. Es también un álbum atemporal, no anclado en el tiempo (aunque sí a un lugar: Estados Unidos) y que muy probablemente suene igual de bien hoy que dentro de cinco o diez años.

Pero si hablamos de un disco de envergadura y con un peso específico dentro de la carrera de McCombs es debido, cómo no, a las canciones, la mayoría de ellas escritas e interpretadas con una naturalidad que desarma y cautiva sin demasiado esfuerzo. Una de las mejores del disco y de su carrera podría ser “The Burning of the Temple, 2012”, nocturna, hechizante, con un hermoso saxo que recuerda a los primeros Lounge Lizards, y que se cuela también en otro de los momentos importantes del álbum, “Joe Murder”. Hay más joyas: “Morning Star”, por ejemplo, luminoso folk-pop californiano; las dos versiones de “Brighter”, la segunda de ellas cantada por la recientemente fallecida Karen Black (también voz protagonista en “Dreams Come True Girl”, de “Catacombs”); los seis minutos de “Home on the Range”, una de esas canciones que parece mentira que nadie haya escrito antes; el dinámico instrumental que abre el segundo disco, “It Means a Lot To Know You Care”; el single “There Can Only Be One”, típico medio tiempo redondo de McCombs; o “Sooner Cheat Death Than Fool Love”, más country, igual de certera. Sorprenden –para bien– los tres insertos titulados “Sean”, que reproducen diálogos entre un adulto y un niño de 4 años extraídos del documental del mismo nombre rodado por Ralph Arlyck en 1970.

Como es lógico, y más en un álbum de tan largo recorrido, no todas las estaciones son igual de hermosas ni todas las paradas ofrecen paisajes gratos a la vista. Curiosamente los momentos menos logrados de “Big Wheel” tienen que ver con el rock, un registro que no le sienta tan bien a McCombs como el blues, el country o el folk; “Big Wheel” y “Honesty Is No Excuse” no están precisamente entre lo mejor del lote, aunque el gran resbalón llega con “Satan Is My Toy”, que rompe el tono del álbum y contiene una letra impropia de su autor ( “Satan is my toy, and Jesus is my boy”… en fin). Tampoco los nueve minutos de “Everything Has To Be Just-So” parecen demasiado justificados, aunque la canción es evocadora y no carece de belleza.

Bajones quizás inevitables de un disco que por lo demás funciona como excelente compañero para tranquilas tardes y anocheceres caseros, en compañía o en soledad, y que merece sin duda recibir por parte del oyente el tiempo que demanda para ser disfrutado en toda su plenitud. Buenas noticias además para los que quieran en verle en directo: en enero estará tocando en Santiago (día 19), Madrid (20), Cádiz (21) y Barcelona (23).

Escúchalo en Google Play

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar