Berghain 04 Berghain 04

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Ben Klock Ben KlockBerghain 04

8 / 10

Ben Klock  Berghain 04 OSTGUT TON

El paso del tiempo ha generado un estereotipo del club Berghain que, en cierto modo, ya conviene a sus gerentes, pero que no es adecuado a la realidad. El estereotipo es el de que, nada más entrar, el sonido te agarra por el cuello y te estrangula mientras te rodea una manada de hombres con músculos hasta en las orejas, sudorosos, tensados, agitados por la violencia del techno. Y es cierto que en Berghain hay señores de bíceps como sandías y el sonido es tan jodidamente fuerte que podría reventar la cavidad craneal sólo a golpes de longitudes de onda, pero no es siempre así. El club berlinés abre durante muchas horas, por su cabina pasan varios DJs, y la música va adoptando nuevos colores –es camaleónica, pues– según la luz del día o la energía de la noche, según si abre, cierra o entra en su apogeo. Y mientras tenemos la imagen de la noche techno como un crescendo en el que se calientan motores y todo acaba en un clímax explosivo, Ben Klock considera que su aportación para la serie “Berghain” –la mejor colección de sets techno hoy por hoy– debe circular por el carril opuesto: rápidamente encuentra la hora punta, la fiereza, y a partir de la mitad comienza a descender suavemente, como cuando hay relevo de público, horario de toque de queda o necesidad de relajar la intensidad. Un DJ no es sólo cómo destruye los pies de sus feligreses, sino también cómo los calma y los vuelve a encender. Sólo los buenos saben hacerlo. Ergo, Ben Klock.

En su mejor tramo, “Berghain 04” es un manual de nueva profundidad sonora en el eterno eje Detroit-Berlín, la alianza techno –desde los días de Tresor– inquebrantable. El trabajo de selección es meritorio, porque aunque todo suena familiar (y, sobre todo, suena muy “Berghain”), las proporciones entre minimalismo, clasicismo, matiz dub, inclinación dura y adornos ambientales con pads copiados del mejor techno-soul están muy bien escogidas, tanto que los elementos se mezclan sin que la balanza se decante hacia ningún subestilo concreto. Y por tanto, es el nombre del DJ el que brilla por encima de la materia de trabajo, algo que no es que sea excepcional, pero que cuando sucede merece el aplauso correspondiente. La calidad de Klock como mezclador no está en tela de juicio, ni tampoco la de selector o productor de su propio material, pero aquí se aprecia un esfuerzo extra que incide en el resultado final. El tracklist abunda en piezas “previously unreleased” –con lo que entendemos que Klock ha trabajado con anticipación, seleccionando promos y adelantos para que la sesión no llegue a las tiendas cadáver, con el material ya al alcance de todo el mundo– y las ya clásicas “exclusive” de la serie Berghain, que son las que luego se planchan en vinilo y se venden por separado para DJs hambrientos de oscuridad difusa y techno de rictus serio.

Y muy importante: el resultado final está por encima de los datos particulares. Da igual qué suena exactamente, porque todo está trabado como un único trayecto, lineal y con subidas y bajadas, sin un solo momento que destaque sobre el resto: es el todo lo que destaca; aunque no haya clímax, “Berghain 04” es, de cabo a rabo, un viaje con suspense que te obliga a prestar atención hasta el final, aún sabiendo que no habrá ningún cliffhanger. Es entonces cuando se puede empezar a escrutar el tracklist, y aparecen los destellos del diamante. Opciones particulares: “Apricot”, de 154 –siempre muy a favor de las intros ambientales, del minuto y medio de preparación sin urgencias, y más si vienen firmadas por el hombre también conocido como Newworldaquarium–, la remezcla exclusiva de Marcel Dettmann para el “Work” de Junior Boys, que destapa su lado emo; las dos incursiones de la nueva sensación underground de Detroit, DVS1; el uso a modo de transición rítmica, y no como pedrada para impactar en el clubber, de los monotraxx de James Ruskin, como hace también James Holden (aquí aparece un inédito, “Graphic”), el desengrasante interludio jackin’ house de Tyree ( “Nuthing Wrong”) y la conclusión, ahora ya sí con los pads ambientales a pleno rendimiento, de un Rolando más cerca de Convextion que de su propio sonido arpegiado y épico ( “Junie”, también inédita). Un mix que empieza bien, que acaba mejor, y al que durante el camino ni le falta ni le sobra nada. Agota nuestras reservas de respeto.

Javier Blánquez

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