Berberian Sound Studio Berberian Sound Studio

Álbumes

Broadcast BroadcastBerberian Sound Studio

7.6 / 10

El próximo lunes hará dos años que falleció Trish Keenan. Fue un fatídico 14 de enero de 2010, y aquella noticia nos dejó en shock; de hecho, a muchos todavía se nos hiela la sangre al recordar aquel mazazo, esta pérdida tan triste con tan sólo 42 años y todo el futuro por delante. La neumonía de Trish descabezó a su grupo, y desde entonces Broadcast ya no puede funcionar como tal: incluso cuando su voz había empezado a perder protagonismo, su trabajo en la edición de audio y la construcción de atmósferas telúricas seguía siendo fundamental. Y cuando aquello sucedió, Broadcast estaban siguiendo la estela de uno de sus álbumes más duros y coherentes –la colaboración con The Focus Group en “Investigate Witch Cults of the Radio Age”, que fue el mejor disco de 2009 para The Wire– con lo que tenía que ser el paso lógico en su evolución como grupo: una banda sonora en la línea de su adorada library music de los 60 y 70. En enero de 2010 Broadcast estaban aún en el laboratorio, ultimando los detalles finales de “Berberian Sound Studio”, el segundo film como director de Peter Strickland tras “Katalin Varga”, y que tiene mucho que ver con la mitología y las filias culturales que durante más de una década han venido defendiendo Broadcast: los sonidos electrónicos primitivos, las atmósferas de suspense, la pasión por el cine de terror italiano y la exploitation psicodélica.

El argumento de “Berberian Sound Studio” –película que causó una grata sensación en diferentes festivales de cine independiente y de género, incluido el de Sitges, y que se edita en Inglaterra en DVD y Blu-Ray en paralelo a la publicación del soundtrack–, es muy Broadcast, de hecho: un ingeniero de sonido inglés viaja a Italia para trabajar en el montaje de una película de bajo presupuesto, “The Equestrian Vortex”, firmada por Giancarlo Santini, a quien no resulta difícil identificar como un equivalente a los verdaderos Dario Argento o Mario Bava. Su tarea es la de producir los efectos de sonido de todo tipo de atrocidades, una tarea que en aquella época estaba poco reconocida pero había dado pie al nacimiento de las primeras ‘estrellas’ del estudio de radio en seriales de herzianos y televisión (el caso más paradigmático es “Doctor Who”), ya fueran Delia Derbyshire o John Baker. Gilderoy, el protagonista de “Berberian Sound Studio”, es un tributo a aquella época mágica y larval de la música electrónica analógica, el hombre anónimo detrás de tanta música de películas que hoy en día van desenterrando con cuidado y dedicación diggers como Jonny Trunk o Andy Votel, y con la que Broadcast crecieron en sus inicios. La música en la que trabajaron, de hecho, está a medias entre las miniaturas de álbumes como “Haha Sounds” y el citado “Invetigate Witch Cults...” y la música real de tantos giallos en los que sonaban alaridos entre ráfagas de sintetizadores expresionistas. La manera de trabajar de Broadcast no es tan fiel a los modelos originales como el gran maestro del revival, Umberto, y precisamente por eso suena más lírica y frágil. Raro es el corte que sobrepasa el minuto de duración – “Teresa, Lark of Ascension” se va a más de tres, pero “Saducismus Triumphantus” o “Monica's Fall” no son más largos que un jingle publicitario–, y raro también el que no remita a algún tipo de miedo o tensión: “A Goblin” –título con toda la intención– es una sucesión de ruidos guturales, “Teatrise” se vale de un órganos eléctrico muy similar al que utilizó Philip Glass en la banda sonora de “Koyaanisqatsi”, y “The Equestrian Library” es puro Broadcast, entre la ensoñación melódica y la textura ajada.

El gran valor de este disco, sin embargo, está en su condición de título póstumo (y último) de Broadcast. En otro contexto, habría pasado como una valiosa curiosidad, en la traducción de la teoría de “Investigate Witch Cults” a la práctica en un film real con trasfondo hauntology, y por tanto la construcción, por fin, de un soundtrack a la altura de sus intenciones y conocimientos. Aquí aparecen, además, las últimas aportaciones de Trish al trabajo de su banda, sus últimas voces (muy disimuladas), sus últimos efectos, sus últimas notas, largas y tétricas, de electrónica para una escena de apuñalamiento y salpicón de sangre en la pared. Su testamento, que aún duele más comprobando lo cercano que ha estado a su propia y cruel realidad.

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