Belle Vie Belle Vie

Álbumes

Souleance SouleanceBelle Vie

6.9 / 10

Hay música para fumar porros que no es necesariamente música para porreros. No hace falta contentar a la comunidad de la costra y el sebo capilar para pasar el test del beat contemplativo. De eso sabe mucho el francés Fulgeance (Peter Digital Orchestra), un tipo que ha perfeccionado el arte del downtempo hasta morder la esencia desnuda de los que muchos han denominado French Groove. También Soulist (su compañero de fatigas en esta empresa y DJ residente de las fiestas parisinas What The Funk) tiene clarísimo que los sonidos negroides hay que vestirlos de etiqueta, con ese toquecito francés de exquisité que sólo podemos encontrar en el país de la fondue.

En esta tesitura de refinamiento a media velocidad para los que gustan de fumar orégano en sofás de diseño, Souleance se sitúan en un plano musical donde la forma tiene casi más importancia que el fondo. Pura estética. Pura elegancia. El dúo apuesta por una estilización de la electrónica de salón en la que los géneros afroamericanos fusionan sus núcleos con una suavidad casi sensual, una fluidez reconfortante y calmosa. Coffee table music, pero en el sentido más positivo de la etiqueta. Chill out si me apuran, pero para paladares finos, connaisseurs del alta cocina francesa y bon vivants estilo Joan Laporta o Flavio Briatore.

Souleance manejan unas variables muy marcadas y usan corsé. Lo suyo es reivindicar el hip hop, el soul, el funk y el jazz de toda la vida a través de la electrónica más chic. Lo sé, no se trata del mayor invento de la humanidad después de la penicilina, pero a pesar de ser esclavo de sus evidentes limitaciones estilísticas y falta de originalidad, el dúo consigue firmar un álbum de acabado artesano, un trabajo decente que supera con creces al 99% de los productores afines a este sonido. “Belle Vie” recoge material de los anteriores EPs del proyecto y nuevos tracks en un recorrido de soft electronics que resulta ideal para los momentos previos a la siesta, para adornar preliminares con la parienta o para ver partidos de vóley playa femenino mojito en mano.

Groove sin fisuras, alicatado a la perfección, con mezcla de instrumentación real y maquinitas, en un contexto de suntuosidad musical que apunta claramente hacia sensibilidades poco exigentes. El funk setentero de “La Romance” hace que los afros se inflen como un soufflé y tiriten al ritmo del bajo. El soul sintético de “Rendez Vous”, con efectos relajantes y polirritmias de terciopelo, suena como una caricia de Alicia Keys en los genitales. El jazz buenrollista de “Automatico” es perfecto para bares especializados en gintonics copa-balón y desprende energía vigorizante. El hip hop retro con rimas de Rashaan Ahmad recuerda muchísimo a los beats que facturaba el mítico sello británico Grand Central. El R&B y el rap playero de “Unseen”, con la colaboración de “Homecut”, huele a ambientador de calidad: tuertos en un reino de ciegos. Electrónica relajada para coctelerías modernillas. Sólo un reproche, lo de poner música brasileña sampleada en “Pasarinho” hace eones que pasó de moda. Suena a antojo de creativo de publicidad. A ganas de sonar en el iPod de Dani Alves. Mal.

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