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Justin Bieber Justin BieberBelieve

6.4 / 10

Muchos de vosotros os preguntaréis qué coño pinta en PlayGround la reseña del último disco de Justin Bieber. Tranquilos, es normal que os surjan este tipo de dudas ante tal –a priori– despropósito en la línea editorial de la publicación. Yo misma me hago cuestiones similares la primera vez que me siento a escuchar con detenimiento “Believe”. No tengo ni putas ganas de oír 17 canciones del fenómeno pop teenager más exitoso de la última década (así a bote pronto, no barajo cifras concretas). Menos todavía de volver a rememorar ese repelús escatológico que me provoca la frase “Baby, baby baby oooh”. Sin embargo, existen tres detalles que, aunque parezcan nimios en comparación con 17 largas canciones, me envalentonan para que me enfrente a esta jugarreta que mi ¡oh! cruento destino laboral me ha plantado en la semana post Sónar.

El primer detalle se llama “Boyfriend” y es el primer single del susodicho disquito. “Boyfriend” comienza con un boom clap capaz de hacer las delicias de cualquier fan de Timbaland. Pero ¿qué oyen mis oídos? ¿Bieber sugerente y susurrante ganándose los favores de las féminas? ¿Guitarrita y gallito al más puro estilo Timberlake en “Like I Love You”? ¿Quién es el iluminado productor que ha visto el filón Justin Bieber-Timberlake? Esta pregunta me conduce al segundo detalle: los productores. Me dejo caer por Discogs. Veo a Hit-Boy, veo a Darkchild, veo a Diplo. Joder, aquí hay chichi. Empiezo a creer en las posibilidades del disco. I believe in “Believe”. Así que me pongo con el primer tema, “All Around The World”, con el cual confirmo el tercer y último detalle. La voz de Justin Bieber ha bajado dos o tres tonos, lo cual no sólo hace más escuchable lo que sea que tenga que cantar, sino que ratifica que estamos ante un adolescente en plena metamorfosis de madurez; ante una teen celebrity que busca despojarse de todo el “teen” y, además, ganando en “celebrity”. Como diría Julio Iglesias “Lara rai la rarara… De niña a mujer”.

Pero, como todo púber de 18 años, Justin está más perdido que un pedo en un jacuzzi. Demasiado joven para luchar por el público de Ed Sheeran, por ejemplo. Demasiado mayor para optar por el target de Cody Simpson. Y eso se traduce en actitudes que a veces apuntan a mojar tangas de hilillo que asoman por la cintura y otras a mojar culottes de Perry El Ornitorrinco. Esto es, en la mayoría de las canciones del disco –sobre todo las que tienen un calado dance y R&B– nos encontramos a un Bieber maduro, al que le falta un pelín para ser adulto, que juega en sus tonos e impostación de voz con cierta carga erótica inherente en los géneros que está tocando. Para muestra la antes citada “Boyfriend”, aunque también sirven la muy recomendable “Maria”, el pastiche R&B dance de “Take You” o su bis a bis con Drake en “Right Here”, otro de los highlights del disco. A esta lista de favoritas hay que guardarle un lugar especial a “Fairytale”, no disponible en todas las ediciones. Si alguien no es capaz de ver y disfrutar las similitudes entre el combo Justin Bieber-Jaden Smith y la pareja Drake- Lil Wayne se merece banners con sonido en todos los streamings de la Eurocopa.

Sin embargo, “Believe” todavía arrastra tics de ese prepúber que saltó a la fama hace ahora cuatro años. No sabemos si por imposición discográfica (¿por qué renunciar al público adolescente en la conquista de un público más adulto?) o porque el propio Justin se encuentra cómodo interpretando los dos papeles.

Es precisamente el Justin Bieber infantiloide, de aura candorosa, de letras para cocientes intelectuales por debajo de la media, el que definitivamente ha de dejar atrás ya si quiere ganarse el respeto del business por méritos artísticos. Descartar cantar idioteces como las de “All Around The Word” al ritmo de dubstep de garrafón o tirarse al pop downtempo melifluo de “Catching Feelings” o “Fall” o uptempo pero igual de empalagoso de “Thoughs Of You”. Más cuando en este disco ya demuestra dotes vocales y cierta exquisitez musical incluyendo “Die In Your Arms”, balada movidita que parece sacada de la factoría Mark Ronson.

Conclusión: este “Believe” no va a servir para que nos hagamos fans de Justin Bieber de la noche a la mañana. Pero ojito, porque apunta ciertas maneras y lo que esté por venir puede acabar convenciéndonos por mucho que hayamos renegado en el pasado. A mí tampoco me gustaba ‘N SYNC y bien que me hice polvo con Justin Timberlake en solitario.

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