Before Today Before Today

Álbumes

Ariel Pink Ariel PinkBefore Today

8.6 / 10

Ariel Pink  Before Today

4AD / POPSTOCK!

Subterránea y deforme, la carrera de Ariel Marcus Rosenberg ha venido dando tumbos desde finales de los noventa. Grabaciones en solitario o con Haunted Graffiti (su grupo oficial), recopilaciones sin solera, discos perdidos a rescatar... Su discografía era hasta ahora un terreno de arenas movedizas en el que hundirse sin remedio si no se iba con pies de plomo. También un terreno abonado con una extraterrestre gracia pop con la que ha aprendido –y enseñado– a grabar de forma única. Pero estaba claro que su carrera se merecía una obra culmen, un disco de un nivel artístico más serio que pusiera orden y concierto, que sirviera de anclaje a su discografía. Pues bien, aquí está. “Before Today” es el mejor de su carrera no sólo por ser el de trazo menos oblicuo sino también por resultar con creces el más disfrutable. Doméstico e infantil, también macabro y feísta, es un álbum que consigue extraer mejor que nunca antes luminosas virtudes de todos los defectos del grupo y que logra enderezar su trayectoria a base de un conjunto de canciones mayúsculas. También es un trabajo paradigmático que ve al grupo escapar de los brazos de Paw Tracks (fueron los primeros reclutados por Animal Collective para su sello) para cobijarse en los de la sacra 4AD.

Cual cassette rescatada del baúl de los recuerdos, “Before Today” suena ya desde su título a borrón y cuenta nueva, a ajuste de cuentas con todo el trecho recorrido hasta ahora. Sin dejar de ser la oveja descarriada del rebaño, aquí Ariel Pink se resetea, se concentra y entrega la respuesta definitiva a lejanas entregas como “House Arrest” (2002), “The Doldrums” (2004) o “Worn Copy” (2003); todos ellos trabajos con chicha que intentaban abarcar millones de ideas para terminar haciéndose la picha un lío. “Before Today” también propone una inclasificable batidora de géneros y estilos, pero las condensa como nunca. Y es que hasta ahora nunca los astros del grupo se habían alineado en tales condiciones. A priori destartalado y esquizo, cuenta con otros incentivos. En particular, pone de manifiesto dos aspectos clave del expediente Rosenberg. Primero: deja claro quién es realmente el originator en la sombra del flamante chill-wave, es decir, quién lo lleva filtrando como nadie desde antes que explotara la susodicha fiebre hipnagógica. Y segundo: certifica para quién debería ser este año el galardón al lanzamiento más auténticamente indie de la temporada, ese que en 2009 pasado recayó en Girls (la banda de su compañero de correrías Christopher Owens: a recuperar su “Stranded At Two Harbors” grabado a cuatro manos en 2006 bajo el nombre de Holy Shit).

Lo primero que nos puso sobre aviso de la impresión que podía provocar este trabajo fue esa sobrenatural y amorfa “Round And Round” que, exhumando las tumbas de Imagination y Microdisney, se ha convertido en el anti-hit más interesante del grupo hasta la fecha. Aquello no fue un espejismo: haciendo apología de un cuestionable buen gusto y extrayendo oro de todo lo rudo y prescindible, el resto del álbum suena igual de imperecedero, ecléctico y poco ortodoxo. El totum revolutum que propone (aquí hay de todo: glam, soft rock, psicodelia, power-pop, soul, funk, surf, grunge, new wave, indie y garage) resulta de todo menos incongruente y nunca se despista de la senda marcada. Aún así, el patchwork de referencias es una locura y nos permite hablar tan pronto de unos Deviants con legañas haciendo travesuras de las suyas, como de unos aspirantes a Roxy Music aplicándose en el taller de pretecnología o incluso encontrarse a Hall & Oates fumando crack junto a Mark-Almond ( “Can’t Hear my Eyes”). Así contado suena rancio y aberrante, mucho más si les digo que se queda en el paladar un resacoso regomello a movida madrileña, pero de verdad que el resultado es fabuloso.

También hay mucho que achacar a la semiprofesionalización del sonido Ariel Pink: es la primera vez que graba en un estudio, con banda y con productor. Registrado en parte en el estudio de Tito Jackson junto al nieto de Quincy Jones Sunny Levine y el ingeniero Rik Pekkonen (ambos de abultado currículum), el acabado final resulta esperpénticamente adorable. Todo es más limpio que antaño y suena un poquito mejor, sin embargo nunca llega a sacrificar las máximas de su carácter amateur. Sarcástico ( “L’Estat”), cachondo ( “Menopause Man”, fiel reflejo de su ambigüedad sexual) y plagado de escalofriantes hallazgos (a destacar la intro y la outro de “Little Wig”, con sabor a agujero negro), el repertorio se reserva lo mejor para el final: un gótico cierre titulado “Revolution’s A Lie” con el que el grupo juega a travestirse de... ¡ Judas Priest! Así se remata esta bendita locura, toda una obra mayúscula en términos de reciclaje: colándose como una culebrilla entre la maraña sónica de 2010, proclamando con orgullo su baja fidelidad y refrendando todo el talento de un Ariel a quien ya podemos dejarnos de referir como icono de culto para señalarle como un artistazo de primera.

Cristian Rodríguez

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