Before I Self Destruct Before I Self Destruct

Álbumes

50 Cent 50 CentBefore I Self Destruct

6.6 / 10

50 Cent  Before I Self Destruc SHADY RECORDS / AFTERMATH / INTERSCOPE

Cuando dedicas tu vida a conducir un reality show para MTV, a presidir una exitosa compañía de bebidas vitaminadas, a protagonizar películas o videojuegos, a manejar una empresa discográfica y todo un imperio de management, a prestar tu imagen y colaborar en el diseño de una línea de ropa o zapatillas, a crear una nueva colonia para hombre, a comandar un grupo al margen de tu carrera en solitario, a participar en numerosos discos de amigos y aliados y a controlar con detalle uno de los holdings más rentables y activos del show business, cuando estás inmerso en todo eso, decía, es fácil y comprensible que la gente se acabe preguntando lo mismo: ¿y este tipo cuándo tiene tiempo para rapear? 50 Cent ha dedicado tanto esfuerzo, dinero y energía a activar y mantener su tremendo volumen de negocio que por el camino ha acabado olvidándose de lo que en realidad le había llevado a conquistar el mundo.

No es casualidad, de hecho, que sus peores discos y su momento de mayor decadencia artística coincidan con su punto álgido de explosión popular, mediática y empresarial. “The Massacre” y, sobre todo, “Curtis” son pésimos discos de rap no sólo por la pobre calidad de las rimas y los beats, por ese tic aborrecible de cantar en los coros en casi cada canción y por una autocomplacencia que lo contamina y pervierte todo, sino también por la flagrante desidia y desatención que muestra su autor en ambas grabaciones. Y no sólo eso, sino que todavía irrita más el poco disimulo con el que abusa de una fórmula a la que se le ve el plumero a las primeras de cambio. Esa fórmula consistía, en ambos discos, en encargarle los dos o tres singles de turno a productores con caché, el caso de Dr. Dre, Scott Storch y Timbaland, y dejar el resto de beats en manos de productores de clase media o incluso desconocidos, todos ellos poco exigentes en las facturas, cuya aportación deslucía de manera evidente el bagaje general de los dos discos. Descuido absoluto, falta de interés e incluso menosprecio definen el trayecto gris, burdo y zafio de dos álbumes que tiraron por el suelo la explosión hormonal y musculosa de aquel portentoso “Get Rich Or Die Tryin’”.

Y ahora llegamos a “Before I Self Destruct”, obra relevante porque podría suponer la muerte definitiva de 50 Cent en términos de calidad e importancia artística. Herido en el orgullo tras perder la contienda comercial con Kanye West y la evidente devaluación popular de su recorrido, traicionado por miembros de su propio séquito, sobre todo Young Buck, incapaz de alcanzar la estela de Jay-Z en términos de respeto, adoración y fidelidad de la comunidad negra, Curtis Jackson se la juega por completo en este álbum. Y el tipo, que no tiene un pelo de tonto, sabiendo que no podía entregar un nuevo disco afeminado, poco elaborado, desganado, metrosexual a la manera Fifty, como mínimo ha tenido el acierto de darle un enfoque más street y más serio al proyecto. Es por ello que así, de entrada, este regreso supera con creces a sus dos desastrosos predecesores, sin apenas despeinarse y a pesar de que el contenido total dista, y mucho, del mejor nivel al que puede aspirar el rapper de Queens.

En cualquier caso, el inicio de “Before I Self Destruct” es potente, duro, seco, turbio y claustrofóbico: “The Invitation”, “Then Days Went By” y, sobre todo, “Death To My Enemies”, con un beat radical de Dr. Dre, valen por todo “Curtis” entero, y eso ya es mucho teniendo en cuenta de dónde veníamos. Y el tono rudo, callejero, muy intimidatorio, se mantiene en “So Disrespectful”, donde le aplica un poco de cera a The Game o Young Buck, en “Psycho” –otro buen beat de Dre, esta vez con la compañía lírica de Eminem– y en “Crime Wave”, uno de los highlights de todo el lote, con una producción aplastante de Team Demo, un equipo de productores de Virginia que está levantando un sonoro runrún a su alrededor y que aquí confirma su aura de nueva gran promesa. El propio 50 Cent acompaña la estética oscura y los ritmos contundentes de esta primera mitad con una selección de rimas que se olvidan del universo “Candy Shop” y las cochinadas para despertar la libido femenina, de aquellos coros horrendos tarareados, para recuperar los textos de guerrilla, el beef irónico y la ostentación mental, económica y física que le hizo grande en sus inicios. No deslumbra ni impresiona, pero insisto en la comparativa con su legado reciente para darle el valor justo a unos primeros minutos que cuanto menos reconcilian al MC con su público más exigente.

El problema, porque efectivamente hay un problema, es que después de “Crime Wave” volvemos a los tics y los errores pretéritos. El bajón. La debacle. El desastre. Como si nada de lo expuesto minutos antes tuviera algún sentido o significado, en esta segunda fase es como si 50 Cent hubiera recordado de repente que también se debe a las chatis, a las emisoras de radio soft y a las plegarias de la industria, y que evidentemente hay que ceder terreno. Y el lobo se nos convierte en Caperucita. En una Caperucita con unos pectorales como el cemento armado y con una cuenta corriente más alargada que la sombra de Michael Jordan en los Bulls. Es aquí cuando llegan los intentos deliberados de single, las colaboraciones de R. Kelly o Ne-Yo, los estribillos canturreados, los beats moñas y la estética de club. Llegados a este punto, resulta palpable que a “Before I Self Destruct” le sobran tranquilamente treinta minutos, que le falta decisión y valentía y que no estamos ante ese regreso esperado a las esquinas que se nos había prometido previamente, pero también es un álbum que nos permite poner en cuarentena a 50 Cent y aplazar, un par de años más, una muerte anunciada. Musical, se entiende.

David Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar