Beautiful Imperfection Beautiful Imperfection

Álbumes

Asa AsaBeautiful Imperfection

7.5 / 10

Asa Beautiful Imperfection NAÏVE

Asa se llama Bukola y a veces canta en yoruba, su lengua materna, porque, aunque viva la mayor parte del año en París, nació en Lagos (Nigeria) y es allí donde vuelve una y otra vez para desordenar su universo (un universo que el frío y racional ambiente parisino tiende a domar y a esterilizar). En Lagos nació Asa (en el sentido de que nació su vocación musical, cuando apenas contaba cinco años) y es Lagos lo que la cantante (y multinstrumentista) necesita para crecer (musicalmente hablando). Allí se gestó su primer álbum, el homónimo “Asa”, que vio la luz en 2008 (también vía Naïve), rudo y rabioso soul de inspiración africana y devoción jamaicana (Asa adora a Bob Marley por encima de todas las cosas), fórmula que ha virado hacia el (reggae) pop (soul) en su segundo asalto, el más personal (y maduro) “Beautiful Imperfection”.

¿Y qué es “Beautiful Imperfection”? Pues, para empezar, un álbum contagioso, ¿Y qué contagia? Buen rollo. En cantidades industriales. Basta una escucha al primer corte, el escandalosamente perfecto “Why Can’t We” (atentos a los coros, porque no podremos quitárnoslos de la cabeza), para mantenernos sonrientes durante un buen rato (el mismo en el que la tarearemos sin descanso). Pero hay más. Hay temas como “Dreamer Girl” que te sumergen directamente en la mente de una niña que creció sin otra amiga que la música y que soñaba, soñaba todo el tiempo (es, junto a “Questions”, el corte más melancólico del álbum), y luego hay temas como “Be My Man”, el flamante primer sencillo, que pone al día la fórmula soul sesentas, con giros inesperados y trompetas. Pero también los hay de una elegancia exquisita (el muy Nina Simone “The Way I Feel”), pero si es cuestión de hablar de exquisitez, no hay que olvidar apuntar en la dirección en que se encuentra Benjamin Constant, responsable de la producción del álbum, que brilla cuando tiene que brillar ( “Bimpé”) y se ensombrece cuando tiene que ensombrecerse (como canta Asa en “Maybe”, “Puede que el sol salga y que las estrellas brillen pero el mundo seguirá estando lleno de dolor”).

Ahí están los ritmos africanos ( “Ok, Ok”) y los viajes en furgoneta (si es cuestión de ponerse festiva y lanzarse a la carretera, nadie como Asa: “Broda Olé” es uno de los cortes indespensables para entender su música, cantado además en yoruba, un idioma tan musical como el que más), pero también las tormentas ( “Baby Gone” y su “ojalá hubiera sido algo más para ti”) y la perdición ( “Preacher Man” o el intento de reencontrarse con una misma en un mundo dispuesto a dejar que te pierdas para siempre). En el universo Asa, a ratos llueve, y a ratos, brilla el sol. Ella decide. Ella acciona el botón. Y construye equilibrados edificios sonoros que son como árboles por los que trepar hasta encontrar cobijo. Siempre lo hay. Después de todo, a eso aspira Asa. A convertir su música en tu mejor amiga. Y a este paso, lo conseguirá.

Laura Fernández

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