7x7 Beat 7x7 Beat

Álbumes

Varios Varios7x7 Beat

8.6 / 10

Varios  7x7 Beat ALL CITY RECORDS

Aunque sea un reducto para pijos y adictos irremediables al vinilo, existe un mercado nada desdeñable para el objeto más cuco y simbólico que jamás haya dado la industria del disco: el 7”, el clásico single con perímetro de rosquilla. En un momento en el que para captar al ya escaso comprador que se deja sus dineros en discos sobables con los dedos se está publicando hasta en cassette o miniDisc –formatos más obsoletos que la condición de Maruja Díaz como sex symbol–, lo del 7” aún tiene su razón de ser como formato que atrae golosamente a DJs que extienden su meada territorial por el hip hop. El sello All City Records, que dirige Mike Slott desde su base en Dublín, decidió que ya que había un hip hop instrumental y cojitranco emergiendo en Europa, y que valía la pena –el tiempo, ese juez imparcial que da y quita razones, como decía Butano, ha sentenciado en su favor–, y que había que darlo a conocer, se sacó de la manga la que ha venido a ser una de las series más atractivas –entiéndase ‘atractiva’ en la acepción Megan Fox de la palabra– de los últimos meses. “7x7 Beat” consiste, es fácil de intuir, en una colección de siete singles en 7”, a uno por cabeza, y cada uno para un productor de ese ramo que ahora ya conocemos como wonky.

De lo que aquí se va a hablar es de la colección completa, que justo ahora All City publica en compact para seguir amortizando el producto y contentar a quien, no siendo tan snob o maniático como para dejarse seis libras por single, no quiera dejar de tener el material todo junto y en una cajita de plástico. La solución era obvia, pero hay que agradecer que sea ésta: imaginemos que finalmente nos escatiman algún corte de los dieciséis que forman el álbum de cromos; la decepción podría ser profunda, la sensación de estafa razonablemente fuerte, la depresión al borde de lo equino. Pero Mike Slott no ha escatimado en ello –desprendido y manirroto que es–, y aquí está todo: desde el primer volumen, que iniciaba Snowman a medio camino entre el afro-funk digitalizado y troceado ( “Street Corner Music”) y los samples de música cósmica ( “Rise”), hasta el inesperado y simbólico octavo volumen de una saga de siete, el “7x0” de Dimlite. Y si al final conseguimos olvidarnos del envoltorio, de la historia y de los fascículos por entregas, lo que acaba emergiendo es una colección de cortes funkoides, de leve envoltorio psicodélico, cadencia renqueante y con esos remaches churriguerescos propios del wonky que tira, como la cabra al monte, hacia el hip hop abstracto. Es la otra rama, la del downtempo, la que aquí tiene su espacio. Al dubstep le dan por saco.

Tras Snowman, viene recogido el vinilo del jefe, un Mike Slott narcótico, envuelto en una tóxica nube de humo ligero e intentando destacar por sus producciones entre una manada de machos alfa del nuevo beat embriagador. “Knock Knock”, vacilona, y “My Lightbridge”, más street, ponen ese punto de seriedad, de razón, a una serie que con Fulgeance parece bordear lo normalito – “Revenge Of The Nerd”–, pero que empieza a enrarecerse como el aire de una mina con la lentitud exasperante de “Mamie Thé” y, ya a partir de aquí, llegan las aportaciones más jartas a la colección. El cuarto volumen fue para nuestro Mwëslee, el productor gallego, primus inter pares en la sagrada alianza atlántica del wonky que conecta, sin gaitas, Vigo con Escocia – “Glasgow 500” es una cadencia post-Dilla con exceso de retoques hinchados y melodía chiptune; “Jamás Jamé Jamón” se despliega como un irresistible abanico de colores–, y tras él llega la mascletá perfecta para una ristra de aros de vinilo –los deberían regalar con el menú Burger King, con anuncio de Chiquito y todo– que acaba por tensar todas las cuerdas, por pulsar los resortes adecuados que hacen de este nuevo hip hop instrumental –no nuevo en forma, pero sí nuevo en potencial atractivo– la nueva mierda: Le N?eko se pone más vaporoso de la cuenta ( “Akedam”), aunque luego sintonice zascandilmente ( “Apprendre”) con un Hud Mo que, entre samples de sopranos, sonidos de chimenea de tren, sintetizadores con brillo de madera recién encerada, texturas nostálgicas a lo Boards of Canada y bombos submarinos ( “Star Crackout”, “Root Hands”, el futurismo de “Everybody Else Is Wrong”), firmaba el mejor 7” de todos.

La cosa finaliza con dos bangers sordos cortesía del parisino Onra “My Comet” y “Shhhh” son beats sebosos a mitad de velocidad, como si a DJ Premier le hubieran colado LSD como complemento de la hamburguesa, camuflado entre el ketchup– y con el citado one-sided de Dimlite, “Quiz Tears”, una cosa extraña, con voces de pitufo, ritmos incapaces de acomodarse a una cadencia fija, esa sensación de cojera y mareo que es ubícua en el wonky y que este recopilatorio, impecable y sin flaquezas, describe con una eficacia máxima y un atractivo sonoro incuestionable. ¿Una de las recopilaciones del año? Si nos atenemos a su condición pionera, al quién es quién que desfila por el setlist y al alto número de temas capaces de excitar la libido que alberga dentro, la respuesta está clara y es la misma que profería guturalmente Jesús Gil cuando daba la razón: ‘pojjjclaro’. Dieciséis pepinos surrealistas for your pleasure.

Javier Blánquez

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