Beast Rest Forth Mouth Beast Rest Forth Mouth

Álbumes

Bear In Heaven Bear In HeavenBeast Rest Forth Mouth

8.1 / 10

Bear In Heaven  Beast Rest Forth MouthHOMETAPES

Estás viendo una película. De hecho, es una película que conoces bien: de esas que han sabido dejar sus logros impresos en el imaginario colectivo. Precisamente por ello, te extraña que las cosas no sean tal y como las recuerdas. Ahora mismo, estás en aquella escena en la que un engabardinado agente de la ley recorre los barrios bajos de una sucia ciudad futurista para, finalmente, lanzar una ráfaga de disparos sobre una stripper a la fuga que, en realidad, es un androide antropomorfo embutido en un chubasquero transparente. Mientras ambos cruzan un infierno de cristales voladores, te das cuenta de que aquí ya no suena la mítica y mística banda sonora de Vangelis, sino una percusión metálica y unos sintetizadores que evocan un mantra provinente de un futuro pasado y que, finalmente, estalla en una orgía de pop-rock elíptico y musculado. Más adelante, llegas a otra escena en la que sigues sin entender qué está pasando: los protagonistas están en un tejado, está lloviendo con una cadencia poética y uno de ellos, el rubiales, se pone a declamar unos versos que disertan sobre “ naves en llamas más allá de la constelación de Orión” y “ la puerta de Tannhauser”. Pero aquí, de nuevo, no suena lo que debería sonar: no hay campanillas relajantes, sino una voz que llega envuelta en eco a través de una maraña de baterías diáfanas, de bits y chimes electrónicos. Sí, lo que ves es “ Blade Runner” (1982), claro que sí. Pero lo que has estado escuchando son dos canciones (específicamente, las excepcionales “ Wholehearted mess” y “ You Do You”) surgidas de “ Beast Rest Forth Mouth” (Hometapes, 2009): un álbum con el que Bear In Heaven bien podrían haber opositado para renovar la banda sonora del film de Ridley Scott. Es más: si nos ponemos idealistas, en esta nueva versión cinematográfica el guión estaría revisado por la lupa distorsionadora y perversa de J.G. Ballard .Cualquiera que lea la intro precedente sin haber escuchado el álbum, bien podrá pensar que “soñar es gratis”. Sin embargo, basta escuchar los primeros compases de la épica “ Beast In Peace” para imaginar un conjunto de chamanes robóticos celebrando una extraña ceremonia en torno a una hoguera electrónica. Todo emplazado en el siglo XXX… por lo menos. Y es que sorprende, para bien, el salto de Bear In Heaven desde su debut, “ Red Blood Of The Boom” (Exile On Mainstream, 2007), hasta el presente “Beast Rest Forth Mouth”: mientras que aquel era un interesante ejercicio de prog-rock psicodélico, en su segundo trabajo los chicos de Jon Philpot cogen carrerilla y suben unos cinco peldaños de golpe hasta alcanzar unas cotas de calidad trepidantes. Claro que aquí sigue existiendo el gusto por el mencionado género e incluso esa versión simplificada de Can que ya empapaban sus cuerdas adictas al kraut, aunque este segundo álbum de la banda consigue acrisolar las mencionadas influencias en píldoras pop de duración limitada a 3-4 minutos.Para la fabricación artesanal de estas pastillas, sin embargo, Philpot y compañía han sumado nuevos ingredientes a los ya existentes: los sintetizadores se elevan tres palmos del suelo como tocados por la mano divina de Bauhaus y otros padres de la dark wave (“ Lovesick Teenagers”, “ Drug A Wheel”); la electrónica suma y nunca resta a lo conseguido por las percusiones graníticas (“ Beast In Peace”, “ Fake Out”); las emociones se endurecen por la vía del músculo, la concreción, la huida de lo emo y la voz empapada en un aguardiente destilado de lágrimas calientes (“ Ultimate Satisfaction”, “ Casual Good-bye”)… Y, en general, el malrollismo ambiental ha sufrido una mudanza forzada hacia estancias menos espaciosas, con los techos más bajos, consiguiendo que las composiciones resulten más cálidas y cercanas para quien escucha.El conjunto funciona como el interior de un cyborg bien engrasado: muchas de las composiciones se entrelazan como pinceladas sobre un lienzo frío y metálico, configurando un paisaje de una homogeneidad compacta. Hay que reconocer, sin embargo, que si la influencia psych-prog ya mencionada no es plato de tu agrado, lo mejor que puedes hacer es restar un par de décimas a la nota que encabeza esta reseña: a partir de “ Dust Cloud”, el ritmo del álbum se ralentiza como si hubiera problemas de saturación en el cerebro comunal de esta sociedad cibernética. Pese a ello, el circunloquio sólo dura tres canciones y, pronto, “ Fake Out” vuelve a enfocar el sonido hacia la polirritmia esquizofrénica y bailable.Es fácil localizar en “Beast Rest Forth Mouth” ciertas excursiones al lado oscuro de Pink Floyd y a la digresión circular in crescendo de Neu! u otras bandas krautrockeras, pero también hay aquí una versión de los Talk Talk de “ Spirit Of Eden” (EMI, 1988) reanimada con desfibrilador. Y, si todo lo dicho hasta ahora te suena a un exceso de frialdad electrónica, hay que decir que Bear In Heaven saben compensarla a la perfección con toneladas del bastardismo tribal y analógico de bandas como Yeasayer, Le Loup o la influencia inevitable de estos dos últimos años: Animal Collective. Porque, al fin y al cabo, no tengo ni idea de con qué sueñan los androides; pero está claro que, en el inconsciente (muy consciente) de Bear in Heaven, Animal Collective sí que sueñan con ovejas electrónicas. Raül de Tena

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