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Matthew Dear Matthew DearBeams

7.7 / 10

Definitivamente, cambiar Ann Arbour y el área de Detroit por Nueva York, donde ha establecido su residencia fija, ha tenido un efecto decisivo en la música de Matthew Dear. Cuando escuchas “Beams” es imposible negar la evidencia de que el aliento de la ciudad que nunca duerme se cuela por todos y cada uno de sus temas, de modo que se convierte en la justa continuación de “Black City” (Ghostly, 2010), aunque, eso sí, con variaciones, como no podía ser de otra manera en un artista que nunca se ha distinguido por permanecer inmóvil en la actualidad del pop de vanguardia. Las variaciones serían, grosso modo, en cuestiones tan difíciles de medir como la intensidad y la dirección de la luz, el estado de ánimo y la altura arquitectónica de sus canciones, pero incluso así Matthew Dear sigue creando música con su entorno físico en mente. Si “Black City” era el retrato de una ciudad gigantesca, elevada y nocturna –un New York de discotecas, medianoche y encuentros casuales–, “Beams” suena más cosmopolita, diurno y solitario sin dejar de ser, por eso, abierto de mente. Es tan sencillo como cambiar de barrio, de compañía y de horarios. Todo lo demás sigue siendo Matthew Dear, quizá el mejor heredero que ha tenido David Byrne en varias décadas.

Desde “Asa Breed” (Ghostly, 2007), el álbum con el que comenzó a separar sus dos lenguajes –el techno para Audion, el pop esquinado para Matthew Dear–, el hombre del pelo alborotado ha parecido tener dos referentes musicales de primer orden: Brian Eno y Talking Heads (o mejor dicho, las producciones de Brian Eno para Talking Heads). “Beams” suena menos a Eno esta vez, pero gana mucho en lo que a Byrne se refiere al recargar las canciones –menos espacio para que suceda lo inesperado– y al bañarlas de funk mutante, en vez de pop radiante. En comparación con “Black City” desaparece la influencia más art-disco en la línea de Arthur Russell, pero todo lo que resta acaba siendo una suma por otro lado, y aquí hay un fortísimo poso post-punk y post-disco. Es posible pensar que Matthew Dear llega tarde a la reivindicación de este sonido y en esta ciudad, después de tantos años de buen funcionamiento de bandas como The Rapture o los añorados LCD Soundsystem, pero incluso así “Beams” se sostiene como un álbum que no depende tanto de la historia –antigua o reciente– como de sus propias virtudes. Si Dear quiere ser una isla, un francotirador, lo ha conseguido.

Hay dos elementos cruciales en “Beams”. Uno, la manera de ¿cantar? de Dear, que como ya ocurría en “Asa Breed” y “Black City”, parece musitar mordiéndose la lengua, aprovechando su registro grave y expulsando las palabras con giros de dicción que hacen complicado entender exactamente qué está diciendo, quizá para acentuar la intención de todo su registro lírico, que es la de transmitir un mensaje muy privado de desorientación y encuentro fortuito en la gran ciudad; Dear se presenta como alguien perdido que busca –de ahí títulos como “Headcage”, que ya había aparecido en un EP de adelanto hace unos meses, “Up & Out” o “Ahead Of Myself”–, y que una vez que ha encontrado disfruta con el azar. El segundo factor crucial de “Beams” es el sonido en sí: aparentemente, es más luminoso que en “Black City”, aunque eso se puede matizar, ya que también es un sonido denso, recargado de bajos de diferente textura –desde el bajo crudo y punk de “Earthforms”, que cita a los Joy Division de “Unknown Pleasures” del mismo modo en que “Do The Right Thing” hace lo propio con los de “Closer”, al bajo durísimo y casi dubstep de “Overtime”–; toda esta variedad de pulsos ayudan a que el álbum se mueva en línea recta y constante, sin distracciones pero con giros de cabeza, y que comienza como un tiro con la estupenda “Her Fantasy”, la primera vez (que yo recuerde) en la que Matthew Dear acepta influencias del italodisco –la línea de bajo sintético es parecida a la de “Hypnotic Tango”–.

Cuando la oscuridad pesa sobre la luz, “Beams” es un disco con claras señales de post-punk, y ahí se nota la influencia de Talking Heads, una vez más. Cuando la maraña de pulsaciones se desenreda, “Beams” acepta el lenguaje del post-disco, música de baile de primera hora, o de loft privado, como en “Up & Out”, que suena a Chic, o “Ahead Of Myself”, algo así como un tributo a los orígenes del hip hop desde su perspectiva particular, hasta llegar a la conclusión inesperada de “Temptation”, que tiene un título muy New Order pero que acaba sonando Primal Scream (época “Screamadelica”, lógicamente). Y siempre que Matthew Dear edita un disco de su era pop, hay preguntas lógicas: ¿seguirá así la próxima vez? ¿Volverá al techno? Ya van tres títulos desde “Asa Breed” y no ha publicado nada como Audion desde 2010, así que sí, seguirá así la próxima vez, con matices, madurando su voz personal, y vistos los resultados hay que desearle que se mantenga por muchos años.

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